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DECALOGO
PAULINO CUARESMAL
Javier
Leoz
2009
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I Corintios 15, 26
«El último enemigo en ser destruido
será la Muerte».
Lee la Pasión de Jesús.
Contémplala en el silencio. ¿Sabes que el Señor murió por Ti?
Qué bueno sería que, la Biblia –que tal vez la tienes como
adorno en una estantería o recogida en algún armario- cumpliera
con su función: Dios quiere decirte algo. El quiere darte VIDA.
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II Corintios 5, 20
«Somos, pues, embajadores de Cristo,
como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo
os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios!».
Los pecados nos
inmovilizan y nos apartan de Dios. ¿Cuánto hace que no te
confiesas? ¿Qué lo haces directamente con Dios? Cuando estás
enfermo ¿También te automedicas?
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II Corintios 9, 6
«Mirad: el que siembra con mezquindad,
cosechará también con mezquindad; el que siembra en abundancia,
cosechará también en abundancia».
Un cristiano sin caridad
es como un lago sin agua. Procura ayudar a quien tú creas que está
necesitado. No te justifiques afirmando “hoy día no hay
pobres”. Poder es querer.
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II Corintios 11, 30
«Si hay que gloriarse, en mi flaqueza
me gloriaré».
Ejercita la humildad. No
siempre tienes la razón en todo ni por todo. Mirando a Jesús es
cuando comprendemos que somos muy pequeños. ¿Por qué nos
hacemos tan grandes?
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II Corintios 12, 10
«Por
eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las
necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por
Cristo; pues, cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte».
No te avergüences de tu
fe. Manifiéstala allá donde te encuentres. ¿Qué no es fácil?
Mira a la cruz y, en la cruz, encontrarás a uno que tampoco se
encontró un camino de rosas en su vida.
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Colosenses 3, 2
«Aspirad
a las cosas de arriba, no a las de la tierra».
Practica la oración.
Hazte con un libro de meditación cristiana. No te limites a
repetir oraciones. Al Señor, por si lo has olvidado, también le
gusta que le hables de ti, con tus palabras, de lo que ocurre y cómo
estás. La naturalidad es esencial en la oración.
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Colosenses 3, 9-10
«No os mintáis unos a otros. Despojaos
del hombre viejo con sus obras,
y revestíos del hombre nuevo, que se va renovando hasta
alcanzar un conocimiento perfecto, según la imagen de su Creador».
Haz un examen de
conciencia al finalizar la jornada. Piensa un poco en lo
acontecido en el trabajo, en la familia, en la fe, en la calle, en
las conversaciones. No te acuestes sin resolver pequeñas
cuestiones. Vivirás mejor y descansarás placidamente.
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Gálatas 6, 14
«En cuanto a mí ¡Dios me libre
gloriarme si nos es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por
la cual el mundo es para mí un crucificado y yo un crucificado
para el mundo!».
Está muy bien el defender
la presencia de la cruz en ámbitos educativos u oficiales. Pero
¿La tienes en tu casa? ¿La llevas en tu pecho? ¿Está presente
en tu habitación?
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Gálatas 2, 20
«Y
no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo
al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me
amó y se entregó a sí mismo por mí».
Cuida tu fe con delicadeza
en esta cuaresma. Los viernes, por Jesús, cumple con la
abstinencia de la carne. Participa en la oración del vía-crucis.
Si te encuentras con una iglesia abierta, no lo dudes, el Señor
te espera dentro. ¡Hazle una visita!
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II Timoteo 4, 2
«Proclama la Palabra, insiste a tiempo
y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y
doctrina».
Acude a la eucaristía
diaria y, sobre todo, hazlo puntualmente. ¿No merece un poco de
respeto la Palabra de Dios? ¿Cómo vas a saber lo que Dios quiere
de Ti, si tal vez porque no te conviene, hasta llegas tarde
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