Derecho
a vivir
Javier
Pueyo Usón
jpueyouson@telefonica.net
La
aceptación social del aborto es lo más grave ocurrido en nuestra
sociedad occidental, decía el filósofo Julián Marías. Lo legal se
hace “normal” al cabo del tiempo y va cambiando la mentalidad
social. La historia nos condenará en esto como condenamos actualmente
la esclavitud, en otras épocas, algo legal.
El
punto clave de la polémica es: ¿dónde empieza la vida humana? El que
la vida humana comienza en la fecundación no es una opinión sino un
dato objetivo. La ciencia lo demuestra para todo el que
desapasionadamente lo quiera reconocer. El no nacido no es un
“conglomerado de células” sino una persona humana. No es
“algo”, es “alguien”. El óvulo fecundado tiene una dotación
genética distinta a la de los padres, que acompañará a este nuevo ser
hasta su muerte. El no nacido puede ser un paciente al que se puede
operar dentro del seno materno.
Por
tanto, el aborto no es un problema religioso. Todas las religiones lo
condenan por considerar a la vida humana como algo sagrado, pero también
personas no creyentes, como algunos científicos en el campo de la genética
o de la neonatología, ven al aborto como la eliminación de una vida
humana.
Los
argumentos abortistas recuerdan a los que defendían la esclavitud: el
esclavo no es persona, o si no quieres tener esclavos no los tengas,
pero deja a los demás que los tengan. Es verdad que nadie aborta fácilmente,
sino en circunstancias difíciles de afrontar, pero el aborto es una
falsa solución.
En
último caso se puede tener la niña y darla en adopción a tantas
parejas que no la pueden tener. Para eso están los centros de acogida a
la vida, a los que toda persona embarazada puede acudir y recibir ayuda
para culminar su maternidad.
El
aborto ha originado un tremendo negocio en el que “médicos” sin
escrúpulos en vez de curar se dedican a suprimir (lo interrumpido puede
reanudarse, lo suprimido no) a estos pequeños seres humanos, que para más
“inri” son indefensos e inocentes.
La
causa de este impresionante número de abortos se halla en la banalización
de la sexualidad. Una sociedad hedonista y erotizada incita a ejercerla
de forma poco “humana”, dando más importancia a lo instintivo que a
su contenido afectivo y espiritual. Es necesaria una educación integral
que encauce la sexualidad, poniéndola en su sitio, usándola con
“cabeza”.
Hace
falta un cambio de mentalidad social, pasar de una cultura de muerte a
otra de vida. Para eso son necesarios buenos ejemplos, testimonios de
personas que vivan y promuevan estos valores, este derecho básico.
Porque sin derecho a la vida, ¿para qué sirven los demás? Un
movimiento, que, como el erradicó a la esclavitud, podrá en el futuro
hacer lo mismo con el aborto
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