Diagnósticos
dos veces asesinos
Fernando
Pascual Hay
diagnósticos prenatales peligrosos. A veces, porque la misma técnica
usada provoca daños o incluso la muerte del embrión, como ocurre, por
ejemplo, en la amniocéntesis y en otras técnicas invasivas. Otras
veces, porque los instrumentos usados son malos o porque el especialista
carece de la habilidad y la experiencia necesarias para no dañar al
hijo o a la madre. Otras
veces, y eso es mucho más grave, el diagnóstico es “peligroso”
porque busca encontrar defectos en el embrión para sentenciarlo a
muerte en el caso de que el resultado sea “positivo”, es decir,
cuando se descubra en el hijo un defecto o una característica no
deseada por sus padres. Un
artículo publicado en Gran Bretaña mostraba en parte esta situación.
El artículo llevaba como título “Down's tests are great risk for all
babies” (The Observer, 14-09-2008). Digo “en parte”, porque
denunciaba justamente el gran número de hijos sanos que mueren por
culpa de algunas técnicas diagnósticas, mientras se veía como algo
normal el que fueran eliminados los hijos enfermos con el síndrome de
Down descubiertos gracias a las técnicas usadas. Así,
leemos en este artículo, con una fórmula engañosa que mira sólo una
parte del drama y olvida la otra, que una investigación reciente
muestra cómo “para detectar y prevenir el nacimiento de 660 bebés
Down, se pierden 400 fetos sanos”, fetos sanos que mueren por culpa de
las técnicas diagnósticas utilizadas. Ante
esta situación, el Profesor Kypros Nicolaides, jefe del Harris
Birthright Centre at King's College Hospital (Londres) declaraba en el
artículo antes citado que era “completamente inaceptable” constatar
la pérdida de tantos bebés sanos. Para
remediar la pérdida de hijos sanos, el artículo insiste en la
necesidad de desarrollar y aplicar técnicas mejores y más seguras.
Pero guarda un silencio cómplice ante el lado oscuro de la noticia: el
que se busque eliminar, de modo sistemático, a los bebés que tiene síndrome
de Down (u otras enfermedades que pueden ser descubiertas a través de
los diagnósticos prenatales). Es
señal de hipocresía denunciar la muerte “accidental” de unos
hijos, los sanos, y mostrar indiferencia ante la muerte provocada de
otros, los enfermos. La sociedad está herida en sus raíces más
profundas cuando acepta la eliminación sistemática de embriones y
fetos indefensos simplemente porque no llegan a un nivel de salud o de
“calidad” exigido por los adultos. Vivimos
en un mundo en el que muchos diagnósticos prenatales son doblemente
asesinos. Porque provocan muertes inútiles, por culpa del uso de técnicas
de las que se pudo prescindir (no siempre es necesario hacer un diagnóstico).
Y porque buscan y persiguen sistemáticamente identificar a quienes serán
víctimas de un aborto, a los hijos defectuosos. Frente
a esta situación, no sólo hay que mejorar las técnicas de diagnóstico
prenatal para que no dañen a ningún embrión ni a ninguna madre. Lo más
urgente es promover una cultura del respeto y de la justicia, que supere
discriminaciones asesinan. Hay que tomar, con urgencia, dos decisiones valientes que fomentarán el bien de todos y el respeto hacia los más débiles e indefensos. La primera: renunciar al uso (al abuso) de aquellas técnicas que impliquen serios peligros para la salud del hijo y que no permitan ninguna ventaja terapéutica. La segunda: promover leyes concretas y un sistema sanitario orientado a acoger, respetar, atender y cuidar la vida de todos los hijos, sanos o enfermos, sin discriminaciones
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