DIOS NOS HABLA
 
        Del 5 al 26 de octubre, obispos de todo el mundo se reunirán con el Papa en Roma para reflexionar sobre la Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia. Se ve conveniente un redescubrimiento de la Palabra de Dios, que es siempre actual y no envejece jamás.
       El mundo tiene sed de Dios. El Padre que está en el cielo sale amorosamente al encuentro de sus hijos para coversar con ellos. En muchas ocasiones y de diversos modos habló a los hombres por medios de los profetas. Sus palabras inspiradas se encuentran recogidas en la Biblia. De ahí la seguridad de que la Sagrada Escritura enseña sin error la verdad que Dios hizo consignar para nuestra salvación.
   Llegada la plenitud de los tiempos, nos ha habldo por medio de su Hijo. La Palabra, el Verbo de Dios, la segunda Persona de la Santísima Trinidad, se hizo hombre. El Hijo eterno es la Palabra que desde siempre existe en Dios porque ella misma es Dios. La Palabra viva de Dios por excelencia es Jesucristo, hombre y Dios. De ahí, el lugar cenral que ocupan los Evangelios en el contexto de la Biblia, y la unidad de la Sagrda Escritura en razón del designio de Dios del que Cristo es el centro y el corazón. A través de las palabras de la Sagrada Escritura, Dios dió una sola palabra, su Verbo único.Por eso, la religión cristiana no es una religión del libro, de una palabra escrita y muda, sino que es la religión del Verbo encarnado y vivo. La Palabra de Dios última y definitiva, perfecta e insuperable, es Jesucristo. En él, Dios lo dice todo: ya no habrá otra palabra más que esta.
    Por eso, la Palabra de Dios, de hecho, nunca está presente ya en la simple literalidad del texto bíblico. Se requiere un proceso de comprensión. La Sagrda Escritura está más en el corazón de la Iglesia que en la materialidad de los libros escritos, y ha de ser leída en la tradición viva de toda la Iglesia.
    En la Sagrada Escritura la Iglesia encuentra sin cesar alimento y fuerza. De la lectura piadosa de la Biblia, acompañada de la oración, el Papa espera una nueva primavera espiritual para la Iglesia y para el mundo.