Dios premia con creces nuestra generosidad en la limosna

Jamás será pobre una casa caritativa. (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la limosna).

Os pregunto, hermanos, ¿qué es lo que queréis o buscáis cuando venís a la Iglesia? Ciertamente, la misericordia. Practicad, pues, la misericordia terrena y recibiréis la misericordia celestial. El pobre te pide a ti, y tú le pides a Dios; aquel un bocado, tú la vida eterna. Da al indigente y merecerás recibir de Cristo, ya que él ha dicho: Dad y se os dará. No comprendo cómo te atreves a esperar recibir si tú te niegas a dar. Por esto, cuando vengáis a la iglesia, dad a los pobres la limosna que podáis, según vuestras posibilidades. (S. CESÁREO DE ARLÉS, Sermón 25).

No serán solamente los pobres los que rogarán por vosotros sino las mismas limosnas, las cuales vendrán a ser como otros tantos protectores cerca del Señor que implorarán benevolencia en vuestro favor. (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la limosna).

La razón que debe inducirnos a dar limosnas de todo corazón y con alegría es el pensar que las damos al mismo Jesucristo. Leemos en la vida de Santa Catalina de Siena que, al encontrarse una vez con un pobre, le dio una cruz; en otra ocasión, dio su ropa a una pobre mujer. Algunos días después, apareciósele Jesucristo, y le manifestó haber recibido aquella cruz y aquella ropa que ella había puesto en manos de sus pobres, y que le habían complacido tanto que esperaba el día del juicio para mostrar aquellos presentes a todo el universo. (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la limosna).

Los misericordiosos y quienes hacen buenas obras no se verán reducidos a la miseria, pero sí los mezquinos y quienes se desentienden de los demás [...]. El ejercicio de la limosna no sólo remediará la necesidad de los santos, sino que os producirá la abundancia por las muchas acciones de gracias que se darán a Dios (2 Cor 9, 10-2), porque cuando la oración de los pobres dirige a Dios acción de gracias por nuestra limosna y obras buenas, Dios en retribución aumenta nuestros bienes. (S. CIPRIANO, Sobre las buenas obras y sobre la limosna, 9; PL 4, 627).

Has de disminuir alguna parte de tus bienes dándosela de buena voluntad a los pobres, [...1. Verdad es que Dios te lo restituirá no sólo en el otro mundo, sino aun también en éste, pues nada hace prosperar tanto los bienes temporales como la limosna [...]. (S. FRANCISCO DE SALES, Introd. a la vida devota, III, 15).