Dios premia con creces nuestra generosidad en la limosna
Jamás será pobre una casa caritativa. (SANTO CURA DE ARS, Sermón
sobre la limosna).
Os pregunto, hermanos, ¿qué es lo que queréis o buscáis cuando
venís a
No serán solamente los pobres los que rogarán por vosotros sino
las mismas limosnas, las cuales vendrán a ser como otros tantos protectores
cerca del Señor que implorarán benevolencia en vuestro favor. (SANTO CURA DE
ARS, Sermón sobre la limosna).
La razón que debe inducirnos a dar limosnas de todo corazón y
con alegría es el pensar que las damos al mismo Jesucristo. Leemos en la vida
de Santa Catalina de Siena que, al encontrarse una vez con un pobre, le dio una
cruz; en otra ocasión, dio su ropa a una pobre mujer. Algunos días después,
apareciósele Jesucristo, y le manifestó haber recibido aquella cruz y aquella
ropa que ella había puesto en manos de sus pobres, y que le habían complacido
tanto que esperaba el día del juicio para mostrar aquellos presentes a todo el
universo. (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la limosna).
Los misericordiosos y quienes hacen buenas obras no se verán reducidos a la
miseria, pero sí los mezquinos y quienes se desentienden de los demás [...]. El
ejercicio de la limosna no sólo remediará la necesidad de los santos, sino que
os producirá la abundancia por las muchas acciones de gracias que se darán a
Dios (2 Cor 9, 10-2), porque cuando la oración de los pobres dirige a Dios
acción de gracias por nuestra limosna y obras buenas, Dios en retribución
aumenta nuestros bienes. (S. CIPRIANO, Sobre las buenas obras y sobre la
limosna, 9; PL 4, 627).
Has de disminuir alguna parte de tus bienes dándosela de buena voluntad a los
pobres, [...1. Verdad es que Dios te lo restituirá no sólo en el otro mundo,
sino aun también en éste, pues nada hace prosperar tanto los bienes temporales
como la limosna [...]. (S. FRANCISCO DE SALES, Introd. a la vida devota, III,
15).