|
Si usted pregunta a un calvinista, presbiteriano,
bautista, puritano o cualquier cristiano evangélico de
tendencia reformada, si Dios quiere que todos los hombres se
salven, por más sorprendente que parezca, no podrá
responder afirmativamente.
La razón es que para ellos, es voluntad de Dios que solo se
salven solo unos escogidos, y que el resto sea condenado.
Este error parte de la premisa falsa de asumir que si Dios
es soberano, si quisiera que todos se salvaran,
inevitablemente se salvarían, de lo contrario esto sería
atribuir a Dios cualidades de impotencia al no poder hacer
su voluntad.
|

|
La expiación
limitada
Ahora, lo primero que uno se pregunta ante este tipo de
afirmaciones, es que si Dios es amor, como es posible que Dios no
quiera la salvación de todos los hombres. A esto ellos responden
que este es un decreto “inescrutable”, “inefable”,
“insondable”. (lo cual no es sino una forma de elegante de
responder “no tengo ni la menor idea”).
Bajo esta forma de ver las cosas, Cristo no muere por todos los
hombres, sino solo por los escogidos, y a esto llaman “expiación
limitada”, “determinada” o “eficaz”. Sobre ellos derrama
su gracia, y al resto los abandona a su maldad. Al parecer, no se
escapan tampoco los niños, por lo que aunque parezca sorprendente,
de dos bebes recién nacidos que fallezcan, uno podría ir al cielo,
y el otro al infierno. Así lo declara la confesión de Westminster:
“Los niños elegidos que mueren en la infancia, son
regenerados y salvados por Cristo por medio del Espíritu,
quien obra cuando, donde y como quiere. En la misma condición están
todas las personas elegidas que sean incapaces de ser llamadas
externamente por el ministerio de la palabra…
Los otros no elegidos, aunque sean llamados por el ministerio
de la palabra y tengan algunas de las operaciones comunes del Espíritu,
sin embargo nunca vienen verdaderamente a Cristo, y por lo tanto
no pueden ser salvos; mucho menos pueden los hombres que no
profesan la religión cristiana ser salvos de otra manera, aun
cuando sean diligentes en ajustar sus vidas a la luz de la
naturaleza y a la ley de la religión que profesan; y el afirmar y
sostener que lo pueden lograr así, es muy pernicioso y
detestable".
Confesión de Westminister 10,3-4
La Escritura sin embargo tiene numerosos textos que se oponen a
esta interpretación, entre los cuales podíamos mencionar:
“Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador, que quiere
que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento
pleno de la verdad. Porque hay un solo Dios, y también un solo
mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también,
que se entregó a sí mismo como rescate por todos. Este es
el testimonio dado en el tiempo oportuno, y de este testimonio -
digo la verdad, no miento - yo he sido constituido heraldo
y apóstol, maestro de los gentiles en la fe y en la verdad” 1
Timoteo 2,3-6
“El es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo
por los nuestros, sino también por los del mundo entero.” 1
Juan 2,2
“No se retrasa el Señor en el cumplimiento de la promesa, como
algunos lo suponen, sino que usa de paciencia con vosotros, no
queriendo que algunos perezcan, sino que todos lleguen a la
conversión.” 2 Pedro 3,9
“Porque el amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno
murió por todos todos por tanto murieron, Y murió por
todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para
aquel que murió y resucitó por ellos.” 2 Corintios 5,14-15
“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para
que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.”
Juan 3,16
“Y a aquel que fue hecho inferior a los ángeles por un poco, a
Jesús, le vemos coronado de gloria y honor por haber padecido la
muerte, pues por la gracia de Dios gustó la muerte para bien
de todos.” Hebreos 2,9
“¿Acaso me complazco yo en la muerte del malvado - oráculo
del Señor Yahveh - y no más bien en que se convierta de su
conducta y viva?” Ezequiel 18,23
“Yo no me complazco en la muerte de nadie, sea quien fuere,
oráculo del Señor Yahveh. Convertíos y vivid.” Ezequiel 18,32
“Diles: «Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que yo no
me complazco en la muerte del malvado, sino en que el malvado se
convierta de su conducta y viva. Convertíos, convertíos de
vuestra mala conducta. ¿Por qué habéis de morir, casa de
Israel?»” Ezequiel 33,11
Mientras esta doctrina afirma que Cristo murió solo por los
escogidos, la cantidad de textos bíblicos que afirman que murió
por todos los hombres, y que no desea la muerte del pecador sino su
convesión es abrumadora.
La gracia “irresistible”
Ahora bien, una de las causas de que el calvinismo haya tomado estas
posturas erradas, se debe en parte a su creencia de que la gracia es
“irresistible”. Bajo esta doctrina el hombre es un receptor
“pasivo” de la gracia, el cual no puede resistirla. A esta
doctrina que establece que Dios puede a pesar del libre albedrío
del hombre vencer toda resistencia es conocida como “gracia
irresistible” .
Uno de los textos bíblicos favoritos de los calvinistas para apoyar
la doctrina de la gracia irresistible es este:
“A él, por quien entramos en herencia, elegidos de
antemano según el previo designio del que realiza todo
conforme a la decisión de su voluntad” Efesios 1,11
Partiendo de este texto establecen esta serie de razonamientos:
1) Dios realiza todo conforme a la decisión de su voluntad
2) Hay personas que no son salvas
3) Es voluntad de Dios que esas personas no se salven.
4) Si la voluntad de Dios no se cumple sería afirmar que Dios no es
soberano ni omnipotente.
Si analizamos esas premisas vemos que la primera y la segunda son
ciertas, pero la tercera y cuartas son falsas. La razón es que Dios
realiza todo conforme a su voluntad, pero es también su voluntad la
que le ha dado al hombre libre albedrío.
Un ejemplo lo tenemos aquí “…es la voluntad de Dios:
vuestra santificación; que os alejéis de la fornicación” 1
Tesalonicenses 4,3. Pero es evidente que hay cristianos que caen
en pecados de fornicación a pesar de que no sea la voluntad de
Dios. Otro ejemplo lo tenemos en 1 Pedro 4,2 “para vivir ya el
tiempo que le quede en la carne, no según las pasiones humanas,
sino según la voluntad de Dios. Es evidente que no siempre
vivimos acorde a la voluntad de Dios, y eso no le hace impotente o
menos soberano.
Otro texto utilizado por los calvinistas es:
“Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no
pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el
último día.” Juan 6,39
Pero los católicos no decimos que Cristo pierde a ninguno, sino
que ellos mismos por su propia voluntad se apartan de él. Un
ejemplo lo tenemos en Juan 17 donde Jesús utiliza el mismo
lenguaje:
Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el
mundo, y yo voy a ti. Padre santo, cuida en tu nombre a los que
me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo
con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He
velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición,
para que se cumpliera la Escritura.” Juan 17,11-12
En ese texto Jesús habla de aquellos que el Padre les ha dado (Y
es evidente que está incluyendo a Judas) y luego aclara que ninguno
se ha perdido EXCEPTO Judas. ¿Asumiremos que Cristo perdió a
Judas, o Judas se perdió a si mismo por su propia voluntad?
De esta misma forma se entienden textos como Romanos 8,38-39 “Por
lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni
principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo
alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar de la
caridad de Dios, que es en el Ungido, Jesús, Señor nuestro..
Texto que es frecuentemente interpretado para dar a entender no solo
que nadie puede apartarnos de Dios, sino que ni nosotros mismos
podemos apartarnos, lo cual es algo que el texto no pretende.
Otro texto bíblico utilizado es: “Ninguno puede venir a
mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré
en el día postrero.” Juan 6,44. Se suele objetar que la
palabra que el texto griego utiliza para traer es helkuō que
significa “arrastrar con fuerza irresistible”, y colocan como
ejemplo para esto textos donde se utiliza la misma palabra: “tomando
a Pablo, le arrastraron fuera del Templo; y luego las puertas
fueron cerradas” Hechos 21,30 y ¿No son acaso los ricos
los que os oprimen y os arrastran a los tribunales?”
Santiago 2,6.
Lo cierto es que helkuō significa si arrastrar, atraer pero
no implica “con fuerza irresistible”. Un ejemplo lo tenemos en
Juan 21,6 donde se utiliza la misma palabra:
“El les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y
encontraréis.» La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla
por la abundancia de peces.” Juan 21,6
Aquí se usa la palabra y no implica ninguna fuerza
“irresistible", dado que los discípulos intentaban
“arrastrar” (helkuo) la barca, y NO PODIAN. Así, el hecho de
que se intente “arrastrar", “atraer” (helkuo) algo, no
necesariamente implica que se va a mover.
Juan 21,6 puede utilizarse para decir que quien será salvado
primero tiene que ser atraído, pero no para decir que todos los que
son atraídos se salvarán.
Y es que la posición católica es precisamente que el hombre no
puede por si mismo querer y perseverar en el bien sin ayuda de la
gracia, (lo contrario sería pelagianismo) pero que a la vez es
libre de dejarse mover por ella o rechazarla. Esta es una posición
bastante distinta al calvinismo en el cual por un lado se dice que
el hombre es completamente libre, pero al mismo tiempo se niega que
pueda ser libre para rechazar la gracia.
Que el hombre puede ya sea colaborar con la gracia (dejándose
mover) o resistirla, es algo que está claramente revelado en las
Escrituras.
Pablo por ejemplo reclama a los cristianos “resistirse al Espíritu
Santo”:
“«¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos!
¡Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo! ¡Como
vuestros padres, así vosotros! ” Hechos 7,51
“Por eso, como dice el Espíritu Santo: Si oís hoy su voz, no
endurezcáis vuestros corazones como en la Querella, el día de la
provocación en el desierto, donde me provocaron vuestros padres y
me pusieron a prueba, aun después de haber visto mis obras
durante cuarenta años. Por eso me irrité contra esa generación
y dije: Andan siempre errados en su corazón; no conocieron mis
caminos”. Hebreos 3,7-10
«¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a
los que le son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a
tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas, y
no habéis querido!” Mateo 23,37
“que bien advertí a vuestros padres el día que les hice subir
de Egipto, y hasta la fecha he insistido en advertírselo: ¡Oíd
mi voz! Mas no oyeron ni aplicaron el oído, sino que cada cual
procedió según la terquedad de su corazón malo. Y así he
aplicado contra ellos todos los términos de dicha alianza que les
mandé cumplir y no lo hicieron.»” Jeremías 11,7-8
Ahora bien, ante textos como estos, quienes predican la gracia
irresistible admiten que esta puede ser parcialmente o temporalmente
resistida, pero nunca definitivamente resistida. Esto quiere decir
que la persona por más endurecido que tenga el corazón, terminará
siendo ablandada y finalmente conversa.
Que Dios, en el tiempo, a algunos conceda el don de la fe y
a otros no, procede de Su eterno decreto. Conocidas son a Dios
desde e! siglo todas sus obras (Hch. 15:18), y: hace todas las
cosas según el designio de su voluntad (Ef. 1: I 1). Con
arreglo a tal decreto ablanda, por pura gracia, el corazón de los
predestinados, por obstinados que sean, y los inclina a creer;
mientras que a aquellos que, según Su justo juicio, no son
elegidos, los abandona a su maldad y obstinación. Y es aquí,
donde, estando los hombres en similar condición de perdición, se
nos revela esa profunda misericordiosa e igualmente justa distinción
de personas, o decreto de elección y reprobación revelado en la
Palabra de Dios. La cual, si bien los hombres perversos, impuros e
inconstantes tuercen para su perdición, también da un increíble
consuelo a las almas santas v temerosas de Dios” Canones de Dort
1,6
Sin embargo, hay numerosos textos bíblicos que revelan que la
gracia no puede ser solo temporalmente resistida sino también
definitivamente resistida:
“Pues más les hubiera valido no haber conocido el camino
de la justicia que, una vez conocido, volverse atrás del
santo precepto que le fue transmitido. Les ha sucedido lo de aquel
proverbio tan cierto: = «el perro vuelve a su vómito» = y «la
puerca lavada, a revolcarse en el cieno».” 2 Pedro 2,21-22
El texto anterior no habla de alguien que no fue “lavado”, sino
de alguien lavado que ha vuelto a ensuciarse rechazando y
resistiendo la gracia.
La misma idea se mantiene en el capítulo 15 de Juan en la metáfora
de la vid, donde se compara a Cristo con una vid y nosotros con sus
ramas. Las ramas que se separan de ella dejan de producir fruto para
terminar siendo cortadas.
“Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece
en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí
no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es
arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los
recogen, los echan al fuego y arden. “ Juan 15,5-6
La enseñanza de esta metáfora para los cristianos que ya están
unidos a Cristo es muy clara: hay que permanecer unido a Él, o
seremos cortados. Pero si la gracia fuera irresistible ¿Como podría
una rama que estuvo unida a la vid separarse y dejar de producir
fruto?
Este y otros textos permiten darse cuenta que la gracia puede ser
resistida, no solo ANTES de la justificación, sino después, al
punto de caer del estado de gracia y posteriormente condenarse:
“Así pues, considera la bondad y la severidad de Dios:
severidad con los que cayeron, bondad contigo, si es que te
mantienes en la bondad; que si no, también tú serás desgajado.”
Romanos 11,22
“Por tanto, es preciso que prestemos mayor atención a lo que
hemos oído, para que no nos extraviemos. Pues si la palabra
promulgada por medio de los ángeles obtuvo tal firmeza que toda
transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo
saldremos absueltos nosotros si descuidamos tan gran salvación?
La cual comenzó a ser anunciada por el Señor, y nos fue luego
confirmada por quienes la oyeron, Hebreos 2,1-3
Quienes creen que la gracia es irresistible, también creen que
Dios solo derrama su gracia sobre los elegidos. Ellos no son “atraídos”
y los demás (los no escogidos) no reciben la gracia de Dios.
Pero esto también es falso, la Escritura no dice que solo unos
pocos son llamados y que ellos no podrán resistirse a este llamado,
sino que “Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos”
Mateo 22,14.El apóstol Juan testifica que de la plenitud de
Cristo “hemos recibido todos, y gracia por gracia”
Juan 1,16.
Cristo enseño que luego de su resurrección atraería a todos
hacia él: “Y yo cuando sea levando de la tierra, atraeré a
todos hacia mí.” Juan 12,32 ¿De donde concluir entonces que
la gracia es irresistible?
La parábola de los talentos encierra la misma enseñanza: No hay
nadie a quien Dios no de “talentos”. A unos les da uno, a otros
dos y a otros quizá más, para que produzcan, pero ninguno puede
decir que no recibió de Dios nada.
Colaboración entre la gracia y el libre albedrío
Luego de lo visto anteriormente, podemos decir que ciertamente la
gracia puede ser resistida, y por eso el apóstol exhorta a cooperar
con ella, no a ser un simple receptor pasivo:
“Y como cooperadores suyos que somos, os exhortamos
a que no recibáis en vano la gracia de Dios.” 2
Corintios 6,1
Así el hombre que se condena no lo hace por haber sido
predestinado por ningún decreto inescrutable, sino por su propia
elección:
“Pongo hoy por testigos contra vosotros al cielo y a la
tierra: te pongo delante vida o muerte, bendición o maldición.
Escoge la vida, para que vivas, tú y tu descendencia”
Deuteronomio 30,19
Si Dios no diera realmente la oportunidad de salvarse a todos los
hombres, estaría mintiendo al ponerle delante de si la vida y la
muerte (a la vez que le abandona sabiendo que no podrá salvarse).
Imagine usted que va a una cárcel y le dice a uno de los presos
encerrado en una celda y con un grillo atado a la pierna: ¡Ven!, ¡vamos
a cenar a mi casa! ¿Estará siendo sincero?
Pero eso es exactamente lo que enseña el calvinismo que Dios
hace cuando pone delante del hombre la vida o la muerte, pero a la
vez no le da los medios para salvarse.
Pero estos textos no hacen mella al calvinismo, que interpreta
esto como que se ve a Dios como un mendigo ineficaz que le falta
poder. Un ejemplo de esto lo tenemos en el artículo de Gise J. Van
Baren sobre la gracia irresistible:
“La idea de que la muerte de Cristo indudablemente salvará
a aquellos por quienes Cristo murió no es una idea popular en
nuestros días. Se presenta a Cristo como un mendigo. El
promete; El ruega; El amenaza. Pero El parece no tener poder para
llevar a cabo aquello que aparentemente El anhela mucho el hacer. Uno
debería estar inclinado a preguntar, “¿Quién es este Cristo
que está así tan obligado a rogar por la cooperación del
pecador? …¿Es este el Jesús Quién murió en el Calvario,
el que así ruega? Pero tal Jesús es débil; El es ineficaz y
le falta poder. El está dependiendo completamente de la voluntad
del pecador para permitirle a El entrar al corazón
Sorprendentemente estos textos que revelan a un Dios que ha
decidido respetar la libertad humana, don irrevocable que Él mismo
nos ha concedido, sean interpretados de este modo. Pero es el mismo
Cristo quien da testimonio de esto:
“Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi
voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y
él conmigo.” Apocalipsis 3,20