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1.1 ÉTICA Ética y moral, me parece, coinciden. Son dos palabras que hacen referencia a la misma realidad: la bondad o malicia de las acciones de la persona. Bondad o malicia que devienen de su adecuación al fin integral del hombre: “Lo que sucede es que tal vez la misión de la ética o de la moral –palabras que, para el común de las gentes, significan con razón lo mismo- no es resolver acertijos o adivinanzas acerca de si algo se debe o no se debe hacer en estas o aquellas circunstancias” [1] Bueno es todo aquello que me dirige a la perfección de mi ser, también en su aspecto trascendente. Lo que hace que sea mejor “La misión de la ética es ayudarme a descubrir cómo aprender a vivir de modo que mi existencia alcance la plenitud a la que está destinada. Y esto es algo que no depende de circunstancias cambiantes ni de quién ostenta el poder. Depende de mí, de cuál es mi modo fundamental de ser; de cuál es mi modo fundamental de ser de los bienes que me identifica, de qué aspiraciones abrigo, de las posibilidades operativas de que dispongo, de cuál es el camino que he de seguir para alcanzar una vida lograda. Es algo acerca de lo cual hablan acertadamente los mejores libros de moral, pero poco adelanto con sólo leerlos de volver a mi mismo, reflexionar en mi interior, confrontarme con las situaciones de mi entorno, examinar qué es lo que me hace crecer en cuanto persona y qué es aquello con lo que yo mismo me puedo dañar y malograr mi vida”[2] La Ética no busca tanto perfeccionar la realidad externa cuanto perfeccionar mi propio ser, actuar mis potencialidades convirtiéndolas en actos buenos: “El logro de mi existencia como persona –en la limitada medida en que puedo alcanzarla- habrá de venir de la mano de un tipo de acciones que se dirijan no a modificar la realidad exterior, porque semejante producto permanece fuera de mi y no añade nada intrínseco a mi manera de ser. Serán acciones de otro tipo –a las que llamaré operaciones inmanentes, que apuntan derechamente a mi fin último- las que me perfeccionarán como persona y potenciarán mis capacidades características. Estas operaciones propias no pueden ser otras que el conocer y el querer. En una de ellas, o en el entrelazamiento de ambas, encontraré mi florecimiento humano” [3] La vida lograda tiene, pues, mucho que ver con el conocimiento y con el amor. Conocimiento y amor que puede alcanzar cualquier hombre de buena voluntad. La vida lograda no es sólo patrimonio de los que creemos. Es un camino que es posible recorrer a cualquier buscador sincero de la verdad. Y a ese camino está llamado. “ ’Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo’(In 17, 3): Dios concedió a los hombres inteligencia y voluntad para que pudieran buscar, conocer y amar libremente. Por eso la libertad humana es un recurso y, a la vez, un reto para el hombre que le presenta Aquel que lo ha creado. Un ofrecimiento a su capacidad de conocer y amar lo que es bueno y verdadero. Nada como la búsqueda del bien y la verdad pone en juego la libertad humana, reclamándoles una adhesión tal que implica los aspectos fundamentales de la vida” [4] Si mi vida no se dirige al fin trascendente para lo que fue creado pasa a ser una vida malograda, una vida inútil, aun cuando tenga enorme resonancia social y llegue a alcanzar premios en esta tierra. No se trata de eso. “La vida malograda es una existencia herida y dispersa, que ha perdido el norte. Como un avión mal pilotado, ha entrado en pérdida y no consigue remontar el vuelo. Ya no procura entonces vivir bien, sino simplemente sobrevivir. No se trata simplemente de que sea una vida mal orientada: está internamente empobrecida, porque se ha ido vaciando de su propia sustancia, de lo más valiosos que podía haber en ella. De modo que su desventura no depende sólo de lo que suceda fuera, de que la situación sea desfavorable, de que las cosas le vayan mal. Es una vida que se ha dañado a sí misma en puntos esenciales y no ha acertado a poner remedio a sus errores prácticos” [5] El hombre, todo hombre sea cual sea si situación existencial, no es alguien arrojado violentamente a este mundo. Es fruto del amor eterno de Alguien que le conoce, le quiere y le llama a vivir una vida lograda. “En el origen de toda persona humana hay un acto creador de Dios; ningún hombre viene a la existencia por azar; es siempre el término del amor creador de Dios” [6] La cita es un poco larga. Merece las pena para el fin que me propongo. “Nadie me ha pedido permiso para traerme a la vida. Los existen ciclistas de hace treinta o cuarenta años pensaban que esto era una especie de maldición: el arrojamiento a la existencia, el hecho de estar ya sin más en el mundo. Los humanistas entienden que se trata, más bien, de un don: el regalo radical del propio ser. En todo caso, me han dado la vida, pero no me la han dado hecha. Me he de inventar mi propia vida y el drama que tengo como persona consiste en que esa vida la puedo lograr o malograr. El orador a quien con mayor brillantez, sin trasparencias ni papeles, le he oído pronunciar una conferencia, acabó por confesar que la tría improvisada de casa. En cambio, yo no traje ya lograda ni malograda mi vida cuando vine al mundo. -Entonces, ¿cuál es el medio del que dispongo para llegar a vivir bien? ¿Cómo puedo edificar mi propia vida o, por el contrario, cómo me arriesgo a arruinarla? -La acción es el medio principal. Al actuar, aventuras la vida. La clave del éxito de tu existencia consiste fundamentalmente en actuar bien. Es ahí, en tus acciones donde te la juegas. -Pero ¿qué sucede si no me da la gana de arriesgar? ¿No puedo acaso dejar de actuar, pasar, abstenerme? -No, no puedes. Siempre estás arriesgando, incluso cuando no quieres entrar en juego. Adoptas entonces el papel de espectador, pero no por ello dejas de tomar parte en el drama. Te guste o no, tienes que decidir, no puedes dejar de apostar. Lo que sucede es que no cualquier tipo de acción es vitalmente relevante. La especie de acción que verdaderamente cuenta para la edificación de mi propia vida. No es la producción: es la operación. Voy a intentar explicar esta distinción que creo que tiene mucho sentido. Lo importante no consiste en que las cosas que hago –una casa, un viaje, un libro- sino en lo que hago con mi propia vida y con la vida de quienes me rodean: cómo me porto con ellos, conmigo mismo. La clave está en los bienes humanos que trato de realizar e integrar, y no tanto en las cosa materiales que intento fabricar o poseer”[7] El ser humano no es, pues, un ser cerrado, esculpido, predeterminado. Permanece abierto a nuevas posibilidades que ha de transformar en actos con el uso de su libertad. Y estas acciones le llevan a una vida lograda o malograda según actúe o no de acuerdo con su ser. “Según la concepción aristotélica, la ética tiene que ver con lo que uno acaba siendo como consecuencia de su obrar libre. Si el obrar sigue al ser y el modo de obrar al modo de ser (operari sequitur esse, et modus operando sequitur modum essendi, como reza el viejo lema latino), no menos cierto es que también el ser –moral- es consecuencia del obrar, y parte sustantiva de nuestra identidad como personas se constituye como una prolongación ergonómica de lo que vamos haciendo con nosotros mismos, de suerte que, más que autores de nuestra propia biografía, bien puede decirse que somos co-autores” [8] Los santos son los modelos de una vida lograda, de una vida feliz. Han sabido vivir de acuerdo con lo que estaban llamados a ser. Han sabido vivir bien. Y, consecuentemente, han transformado el mundo. “Los beatos y los santos han sido personas que no han buscado obstinadamente la propia felicidad, sino que han querido simplemente entregares, porque han sido alcanzados por la luz de Cristo. De este modo, ellos nos indican la vía para ser felices y nos muestran cómo se consigue ser personas verdaderamente humanas (...) Los santos (...) son los verdaderos reformadores (...)No son las ideologías las que salvan al mundo, sino sólo dirigir la mirada a Dios viviente, que es nuestro creador, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que es realmente bueno y auténtico” [9] Como conclusión diré que la Ética es la
ciencia que orienta los actos humanos a fin de que el hombre consiga una
vida lograda y, consecuentemente, feliz. Abarca todo el ser y actuar de
la persona humana. 1.2 BIOÉTICA La Bioética es la ciencia del bien hacer en el campo de la vida del ser humano[10], desde su concepción hasta su muerte natural. Exige, pues, una reflexión que conduzca a una recta formación de la conciencia que posibilite el actuar bien y con responsabilidad personal. “ (...) es imposible una vida moral sin un a cierta reflexión moral. No se puede obrar moralmente sin deliberación racional. El ámbito ético es el de lo posible por libertad, dice Kant, pero un momento de la volición libre es justamente la deliberación: hacerse cargo racionalmente de los motivos de nuestra actuación, y ponderar los medios más practicables para lograr el fin que nos proponemos al actuar (...) El saber y la vida moral son inseparables” [11] La Bioética ha de saber compatibilizar, en el ámbito del respeto a la vida, el respeto a la conciencia, rectamente formada, tanto del científico como del paciente[12]. Este respeto mutuo ha de desenvolverse en un ámbito de libertad. Ética y Bioética van de la mano, son inseparables.[13] Sabemos que no todo lo que técnicamente posible es éticamente lícito. “El desafío más acuciante que ahora tiene la Bioética es, precisamente, recuperar su significado ético. Eso implica asumir pacíficamente que hay unos presupuestos absolutos en toda discusión moral (...) Hay ciertas acciones que son indignas, que nunca pueden ir en consonancia con el orden humano ni cósmico, por mucho que llegaran a ser ‘normales’ (con normalidad estadística, no ética). Estas conductas intrínsecamente inordenadas al logro de la plenitud humana –de la felicidad- pueden calificarse, con todo rigor, de inhumanas, y sólo quien es capaz de percibir esto es verdaderamente libre y, como decían los griegos, amigo de sí mismo”[14]
La Bioética actual, en sus distintas fundamentaciones, corre el riesgo de perder el camino [15] Urge recobrar el bien hacer en este campo. Los avances de la ciencia y de la técnica exigen una profunda reflexión moral y un esfuerzo por encontrar el fundamento ético de los valores y de los principio que guíen la investigación [16].
Y esto pasa por recobrar la ética hipocrática. Y un verdadero humanismo que haga posible el respeto a la persona –y su dignidad- como un fin en sí misma, expresión audaz acuñada por Juan Pablo II. “Hipócrates, fundador de la Escuela de Cos, isla del mar Egeo, vivió entre los siglos V-IV a. C. Contemporáneo de Platón, enseñaba a sus discípulos que el médico es un hombre bueno, perito en el arte de curar, y les comprometía con un principio incondicional de conciencia que ha pasado a la historia de la medicina como paradigma del buen hacer: ‘Dispensaré un profundo respeto a toda vida humana desde la concepción hasta la muerte natural’. Con esta frase, ciertamente, no se dice nada en concreto sobre lo que hay que hacer, pero la actitud que preceptúa sí que tiene consecuencias muy concretas: ‘No dispensaré a nadie un tóxico mortal activo, incluso aunque me sea solicitado por el paciente; tampoco daré a una mujer embarazada un medio abortivo’” [17] Como conclusión, podemos decir que la
Ética abarca todo el actuar de la persona humana. Mientras que
la Bioética se centra en la relación MÉDICO-PACIENTE.. “Llamamos Bioética
a la búsqueda del conjunto de exigencias del respeto y la promoción de
la vida humana y de la persona en el sector bio-médico” [18]. Pare ello, me parece muy interesante tener en cuenta estros aspectos: ha de tener la Bioética un enfoque secular que no secularista, interdisiplinar, global y sistemático. Teniendo en cuenta que es muy difícil un respeto al hombre si no se tiene en cuenta al ser humano en su integridad. La ciencia por sí sola no agota toda la realidad del ser humano. “(...) descuidar la cuestión del "ser" del hombre lleva inevitablemente al rechazo de investigar la verdad objetiva sobre el ser en su integridad y, de hecho, a la incapacidad de reconocer el fundamento en el que se asienta la dignidad de todo ser humano, desde el período embrionario hasta su muerte natural (...) En nuestra época, cuando el desarrollo de las ciencias atrae y seduce por las posibilidades ofrecidas, es más importante que nunca educar las conciencias de nuestros contemporáneos para que la ciencia no se transforme en criterio del bien, y el hombre sea respetado como centro de la creación y no se convierta en objeto de manipulaciones ideológicas, de decisiones arbitrarias, ni tampoco de abuso de los más fuertes sobre los más débiles” [19] 1.3 DEONTOLOGÍA El hacer una buena definición centra el objetivo de este apartado.
“Artículo I. La Deontología Médica es el conjunto de los principios y reglas éticas que inspiran y guían la conducta profesional del médico” [20] La profesión médica sería muy pobre si sólo fuese una profesión. Necesario es que sea, a la vez, vocación: trabajo hecho con amor y por amor. La vocación lleva aparejadas una serie de cualidades que adornan a la persona para realizar un determinado trabajo. Lo hacen más fácil. Y realizan a la persona. Para ir intentado perfilar la respuesta a lo que se pide para este trabajo. Completo este comienzo con otro artículo: “Arículo 4.1.
La profesión médica está al servicio del hombre y de la sociedad. En
consecuencia, respetar la vida humana y la dignidad de la persona y el
cuidado de la salud del in dividuo y de la comunidad, son los deberes
primordiales del médico”[21] El comentario a este artículo nos descubre los grandes principios de la Deontología: “1.- El carácter de servicio que se atribuye a la profesión médica (...) La medicina dispone hoy de un increíble poder para manipular al hombre. En el contexto deontológico, sin embargo, el médico renuncia a ser un dominador de sus semejantes y se establece entre ellos como un servidor (...) ‘El médico debe, en todos los tipos de práctica médica, empeñarse en ofrecer su servicio profesional con competencia, plena independencia técnica y moral, con compasión y respeto por la dignidad del hombre’ (Código de Londres) (...) El servicio que el médico presta al enfermo reconoce que paciente y médico poseen la misma e idéntica dignidad, e incluye necesariamente la ciencia y la conciencia de un hombre libre que, por vocación y voluntariamente, sirve a sus semejantes, a los que respeta y que se respeta a sí mismo (...) 2.- (...) conviene señalar aquí que el médico no puede limitar su atención a los pacientes individuales: tiene que asumir también ciertas responsabilidades sociales (...) 3.- (...) El artículo establece que el deber primordial del médico, del cual nacen todos los demás, es el respeto deontológico. Éste incluye las manifestaciones, importantísimas, de la cortesía y de la buena educación propias de la convivencia humana civilizada (...) La calidad y la abundancia de la vida moral depende, en general, de la capacidad de captar y de responder a los valores morales. El respeto ético afina nuestra sensibilidad para percibirlos (...) 4.- Los destinatarios primarios del respeto: la vida humana y la dignidad de la persona (...) En la tradición deontológico se ha visto siempre que la relación enfermo médico es una relación asimétrica, en la que la debilidad se encuentra con el poder, el temor con la seguridad, la ignorancia con la ciencia. También se ha repetido mucho que es el encuentro de una confianza con una conciencia. (...) la relación médico-enfermo ha de estar presidida por el respeto integral a la integridad de la persona (...) Ha de tener presente que su relación con el enfermo tiene como un fin médico: curar la enfermedad, aliviar el sufrimiento, mejorar la salud, evitar la muerte (...) Se abstendrá de invadir sin necesidad otras áreas de la existencia del enfermo (....) 5.- (...) Conviene tener en cuenta que el Código confiere al cuidado de la salud comunitaria la misma dignidad que el respeto de la vida humana y de la dignidad per4sonal de sus pacientes” [22] Dicho lo anterior, me parece que la Deontología no es simplemente el
bien hacer técnico. Una acción no es buena simplemente porque esté técnicamente
bien realizada o de acuerdo con una determinada ley. Es necesario que la
ley como el acto médico respeten a la persona en su integridad.
Es decir, que esté de acuerdo con la naturaleza humana y sirva
para “una vida lograda”.
“La ética depende esencialmente de la antropología. Justamente el inacabamiento humano abre el espacio propio de la deontología, de lo que el ser humano todavía debe desarrollar para que lo que efectivamente es se acerque, se corresponda lo más posible, con la plenitud a la que por su ser natural –naturaleza racional y libre- aspira. ‘Sé lo que eres’, ‘confirma con tu obrar lo que por naturaleza eres’. ‘procura que tu conducta no desmienta, sino que confirme, tu ser’, serían fórmulas expresivas del mandato moral básico, al cual todos los deberes en definitiva se reducen; en palabras de Millán-Puelles, a la libre afirmación de nuestro ser (Millán-Puelles, 1994). El problema moral no estriba en cómo adaptar la conducta a la norma, sino en cómo ajustarla al ser humano y a su verdad inmanente, no exenta de consecuencias prácticas” [23] Concluyendo: la Deontología es el buen hacer médico que está de acuerdo con lo que el hombre ES. [24] Ética, Bioetica y Deontología tienen un objeto formal –en cuanto ciencias- diverso. Con un denominador común: la persona humana y el respeto que exige. Me parece que podemos concluir:
ÉTICA: “Parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre” [25] BIOÉTICA: “Disciplina científica que estudia los aspectos éticos de la medicina y la biología en general, así como las relaciones del hombre con los demás seres vivos”[26] DEONTOLOGÍA: “Ciencia o tratado de los deberes”[27] Manuel de Santiago y González 30-01-2008 [1] ALEJANDRO LLANO: La vida lograda, Ariel 2003, 2ª, p. 10 [2] ibidem, p. 10 [3] ibidem, p. 12 [4] Congregación para la Doctrina de la Fe: Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la evvangelización, 3 de diciembre de 2007, n. 4. [5] Alejandro Llano. o. c., p. 22. [6] Juan Pablo II: Discurso a sacerdotes, 17-09-1983). [7] Alejandro Llano, o. c. , pp. 24-25. Esto último tendrá mucha importancia al valorar la eticidad de las acciones en Bioética. [8] José María Barrio Maestre: Analogías y diferencias entre Ética, Deontología y Bioética, en Gloria María Tomás Garrido (ed.): Manual de Bioética, Ariel 2006, 2ª impresión, p.26. [9] Benedicto XVI: Discurso en la Vigilia de oración, Explanada de Marienfeld, 20 de agosto de 2005, en Varios: Seguid la estrella, Edibesa 2005, pp. 302-303. [10] “Llamamos Bioética a la búsqueda del conjunto de exigencias del respeto y la promoción de la vida humana y de la persona en el sector biomédico” (Francisco León: Dignidad humana, Libertad y Bioética) [11] José María Barrio Maestre, o. c., p. 33. [12]
"La Bioética es el estudio sistemático de la conducta humana
en el campo de las ciencias de la vida y del cuidado de la salud, en
cuanto que esta conducta es examinada a la luz de los valores y
principios morales", en
Francisco León, o. c.
[13] “No sería lícito hacer del cuerpo humano un simple objeto, un instrumento de experimentos, sin mnás normas que los imperativos de la investigación científica y de las posibilidades técnicas” (Juan pablo II: Discurso al Congreso de la Academia pontificia d las ciencias, 14-12-1989). [14] Ibidem, p.35. [15] cfr. Juan Pablo II: Evangelium Vitae, 25-III-1995, nn. 4.y 20. [16] A esto llaman Meta-Bioética algunos autores, Manuel de Santiago entre ellos. [17] José María Barrio Maestre, o. c., p. 35 [18] Francisco León. o. c. [19] BENEDICTO XVI: Discurso a diversas Academias de las Ciencias, 28-01-2008 [20] GONZALO HERRANZ: Comentarios al Código de Ética y Deontología Médica, Eunsa 1992, p. 1 [21] GONZALO HERRANZ: O.C., P. 13 [22] GONZALO HERRANZ: o.c., pp. 13-19 [23] JOSÉ MARÍA BARRIO MAESTRE: o.c., p. 31 [24] JOSÉ MARÍA BARRIO MAESTRE: O. C., P 31. [25]
DICCCIONARIO DE LA REAL ACADEMIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA: voz “Ética” [26] DICCIONARIO DE LA REAL ACADEMIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA: voz “Bioética” [27]
DICCIONARIO DE LA REAL ACADEMIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA: voz
“Deontologïa”
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