| Distracciones y dificultades en la
oración. Creo, pues, que si el que va a la oración se recoge un instante y se compone a sí mismo, se hallará más dispuesto y atento a lo largo de toda la oración. Igualmente, si todas las angustias de su alma y los pensamientos perturbadores los echa fuera y se esfuerza con todo interés en recordar la majestad de Aquel a quien se va a acercar y qué impío es presentarse a El con laxitud, abandono y casi desprecio. Finalmente, si aparta toda cosa ajena a la oración, viniendo a orar en esta forma; extendiendo, por así decir, el alma ante las manos; dirigiendo, más que los ojos, la mente a Dios; antes de ponerse en pie, levantando de la tierra la razón y poniéndose en presencia del Señor de todo; rechazando en fin todo recuerdo de las injurias que crea haber recibido de parte de otro [...] (ORÍGENES, Ttat. sobre la oración, 30). Siempre es bueno separarse de la vanagloria, especialmente cuando se está en oración (SAN JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, volt I, p. 346).El que no ora más que cuando está de rodillas, ora muy poco. Pero quien, estando de rodillas, se abandona a todas las distracciones, no ora nada en absoluto (CASIANO, Colaciones, 10). No me estéis hablando con Dios y pensando en otras cosas, que esto hace no entender qué cosa sea oración mental (SANTA TERESA, Camino de perfección, 22, 8).A medida que nos entregamos a la oración, las mismas cosas que hicimos con gran complacencia las tenemos que sufrir más tarde en nuestras oraciones como inoportunas y violentas [...]. Pero cuando insistimos vehementemente en nuestra oración, paramos en nuestra alma a Jesús que pasa; pues se dice en el Evangelio: Mas deteniéndose Jesús, mandó que se condujese al cielo a su presencia. Ved que se detiene el que antes pasaba, porque mientras que en la oración consentimos a las turbas de fantasmas, sentimos en cierto modo a Jesús que pasa; pero cuando insistimos con vehemencia en la oración, Jesús se detiene para restituir la luz porque Dios se detiene en el corazón y éste recupera la luz que habla perdido (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 2 sobre los Evang.). El corazón, como saben los que entran en él, es todo puertas, y necesita de muchos porteros, y que todos despidan con ese no, cuyo valor conocen más los que más se recogen, porque en este caso del recogimiento ese no afirma más que niega. (F. DE OSUNA, Tercer abecedario espiritual, VII, 8). Y si [...] te inquietaren los pensamientos, y tú todavía perseverantemente les resistieres e hicieres lo que es en ti, debes tener por cierto que mucho más terreno ganas en esta resistencia que si estuvieras gozando de Dios a todo sabor (SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, Trat. de la oración y meditación, 11, 4, aviso, 4°). Muy muchas veces, algunos años, tenla más cuenta con desear se acabase la hora que tenía por mí de estar y escuchar cuando daba el reloj, que no en otras cosas buenas; y hartas veces no sé qué penitencia grave se me pusiera delante que no la acometiera de mejor gana que recogerme a tener oración (SANTA TERESA, Vida, 8, 3). Contra la tentación de los pensamientos importunos que nos suelen combatir en la oración, el remedio es pelear varonil y perseverantemente contra ellos, aunque esta resistencia no ha de ser con demasiada fatiga y congoja de espíritu, porque no es este negocio tanto de fuerza cuanto de gracia y humildad (SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, Trat. de la oración y meditación, 11, 4, aviso 4°). Apenas nos demos cuenta de que nuestro espíritu se distrae, es necesario ponerse de nuevo ante la presencia de Dios, humillarnos ante la divina Majestad, y no dejar nunca la oración porque no experimentemos gusto al orar. Por el contrario, hemos de pensar que, cuanta más pesadez sintamos, más meritoria será nuestra oración a los ojos de Dios, si perseveramos en ella siempre con la intención de agradarle. Refiérese en la historia que, en cierta ocasión, un santo decía a otro santo: «¿A qué será debido que, mientras oramos, nuestro espíritu se llena de mil pensamientos ajenos, los cuales quizá no nos acudirían, si no estuviésemos ocupados en la oración?» El otro le contestó: «Ello no es extraño, amigo mío: ante todo, el demonio prevé las abundantes gracias que por la oración podemos alcanzar, y, por consiguiente, desespera de ganar a una persona que ore debidamente; además, cuanto mayor es el fervor con que oramos más excitamos su furor» (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la oración). ¿Cómo deseas ser oído por el Señor, cuando tú mismo no te oyes? (SAN CIPRIANO, en Catena Aurea, volt 1, p. 348). Es como llegarnos al fuego, que aunque le haya muy grande, si estáis desviadas y escondéis las manos mal os podéis calentar, aunque todavía da más calor que no estar a donde no hay fuego. Mas otra cosa es querernos llegar a él, que si el alma está dispuestadigo que esté con deseo de perder el fríoy se está allí un rato, queda para muchas horas con calor (SANTA TERESA, Camino de perfección, 35, 1) Aprovecha también considerar que ni el demonio ni otra cosa es poderosa para nos dañar, sin licencia de Nuestro Señor. También aprovecha considerar que tenemos al Ángel de nuestra guarda a nuestro lado, y en la oración mejor que en otra parte, porque allí existe él para nos ayudar y llevar nuestras oraciones al cielo y defendernos del enemigo, que nos puede hacer mal (SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, Trat. de la oración y meditación, 11, 4, aviso 5°).Para que la mente no se altere con pensamientos extraños, conviene durante el tiempo de la oración olvidar todos aquellos asuntos ajenos a la misma (ORÍGENES, Trat. sobre la oración, 9). ¿Que no ganáis nada en la oración? Mostrad a Dios vuestra miseria. La más bella introducción de los mendigos es descubrir a nuestros ojos sus úlceras e indigencia. Pero, a veces, según me decís, ni a eso llegáis, sino que permanecéis como fantasma o estatua. No es poco. En los palacios de los reyes y los príncipes se colocan estatuas, que no sirven más que para deleitar la vista del monarca; contentaos con servir de eso en presencia de Dios. El animará la estatua cuando quiera (SAN FRANCISCO DE SALES, Epistolario, fragm. 149, 1. c., p. 784). Cuando hagas oración haz circular las ideas inoportunas, como si fueras un guardia del tráfico; para eso tienes la voluntad enérgica que te corresponde por tu vida de niño. Detén, a veces, aquel pensamiento para encomendar a los protagonistas del recuerdo inoportuno. ¡Hala!, adelante... Así, hasta que dé la hora.Cuando tu oración por este estilo te parezca inútil, alégrate y cree que has sabido agradar a Jesús (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 891). 3799 En la oración pasaba gran trabajo, porque no andaba el espíritu señor,
sino esclavo; y así no me podía encerrar dentro de mi, que era todo el modo de proceder
que llevaba en la oración, sin encerrar conmigo mil vanidades (SANTA TERESA, Vida, 7,
6). |