¿Donde Jesús llamó a Pedro 'Papa'?
Si se han tomado el tiempo de dialogar con protestantes, seguramente habrán escuchado preguntas similares muchas veces: “¿Donde dice la Biblia que Dios es una Trinidad?” , “¿Donde dice la Biblia que se ha cambiado el día de reposo del sábado el domingo?” , “¿Dónde dice esto?, ¿Dónde dice aquello?, ¿Dónde? ¿Dónde? Y ¿Dónde?…” . Es allí donde nos toca a los católicos dar razon de nuestra fe. Y precisamente para responder esta pregunta, hay que entender
abordar primero cual es la esencia del Papado, porque si no
nunca se va a comprender donde está el papado en la Biblia.
Y es que realmente no fue casualidad que Jesús utilizara esas palabras, sino que intencionalmente llama la atención al contexto de esa profecía, donde un nuevo mayordomo está siendo colocado sobre el reino de Judá (Elyaquim). La figura del mayordomo era ampliamente conocida, ya que era un siervo a quien el rey entregaba las llaves. El texto de Isaías nos muestra varias de las funciones que ejercía el mayordomo,un ministro al servicio del rey con la máxima “autoridad” luego del rey mismo, y con un rol de paternidad espiritual: “será él un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá”. Elyaquim no era realmente un precedente en dicho cargo. Ya en tiempos de Abraham contaba este con un mayordomo (Eliezer de Damasco, ver Génesis 15,2), lo que demuestra que ya en aquella época era una figura conocida. Posteriormente José (hijo de Jacob) cuando fue vendido como esclavo y fue llevado a Egipto llegó a ser mayordomo en casa de Putifar:
Llegó más tarde a ser mayordomo en casa de Faraon, “Tú estarás al frente de mi casa, y de tu boca dependerá todo mi pueblo. Tan sólo el trono dejaré por encima de ti.» Dijo Faraón a José: «Mira: te he puesto al frente de todo el país de Egipto.»” Génesis 41,40-41 Así sucesivamente encontramos numerosas referencias a mayordomos en los reinados de Judá e Israel a lo largo de los siglos (1 Reyes 4,6; 16,9; 18,3; 2 Reyes 10,5; 18,18.37, 19,2; 2 Crónicas 28,7; Isaías 22,15; 36,3.22; 37,2). Importante es que en todos esos casos, había en cada reino, muchos ministros pero un solo mayordomo, con autoridad plena después de la del Rey, y con autoridad de tomar decisiones que ningún otro ministro del reino podía revocar: “abrirá, y nadie cerrará, cerrará, y nadie abrirá” Jesús siendo heredero del trono de David también de acuerdo a la costumbre designa un mayordomo real sobre su reino. Es en este trascendental acontecimiento donde Jesús llama a Pedro “Papa”, porque es allí, en la entrega de las llaves a Pedro como mayordomo del reino de los cielos, donde se encierra la esencia del oficio petrino. Visto desde este punto de vista, toma mucha claridad el porqué Pedro figura como Piedra sobre la que se edifica la Iglesia. Cristo utiliza una metáfora donde compara a la Iglesia con un edificio espiritual, donde los cristianos figuramos como piedras. Como todo edificio, no todas las piedras van en el mismo lugar ni todas tienen la misma función, así también en la Iglesia los cristianos desempeãmos distintas funciones y ministerios. Pedro ejerciendo un ministerio especial como mayordomo del reino, y cabeza del colegio apostólico figuraría como piedra sobre la que se edifica la Iglesia, lo mismo que los apóstoles junto con Pedro mismo figuraran en otras metáforas como fundamento de la Iglesia (Efesios 2,20). Por no entender esto un amigo protestante me replicaba:
El error está en que no entienden en que sentido Pedro es la piedra de Mateo 16,18. Pedro es la piedra sobre la que se edifica en cuanto a la autoridad instituida por Jesucristo para gobernar la Iglesia, mientras la confesión de fe es el fundamento doctrinal de la misma. Cuando los protestantes no diferencian entre ambas cosas terminan por desfigurar y caricaturizar la posición católica, pensando que tenemos puesta nuestra fe sobre “un hombre”. El ejercicio del Papado en la historia Al comienzo de estas reflexiones decía que si bien la esencia del Papado siempre ha sido la misma, su estilo ha ido cambiando a lo largo de la historia, a medida que la Iglesia enfrentaba distintos obstáculos y desafíos. Estando los apóstoles vivos, y siendo guiados ellos directamente por el Espíritu Santo, el ejercicio del oficio petrino consistía principalmente en liderazgo. Es allí donde vemos a un Pedro como representante del resto de los apóstoles recibiendo las órdenes de Cristo de apacentar el rebaño del pueblo de Dios.
Es bastante llamativo este texto, porque si bien el apacentar el rebaño es labor no solo de Pedro sino de todos los pastores, aquí Cristo se dirige solo a Pedro (como cabeza de los apóstoles). Pedro no solo tendrá al igual que el resto la labor de pastorear las “ovejas”, sino también “los corderos” (el resto de los apóstoles). Nótese que es refiriéndose a los otros apóstoles que le pregunta ”¿me amas más que estos?”. Es también a Pedro a quien pide Satanás solocita para “zarandear como a trigo” (Lucas 22,31), y por quien ora para que su fe no desfallezca (Lucas 22,32). Quizá más importante de todo esto, es que es a él a quien encomienda confirmar a sus hermanos (los apóstoles) en la fe (Lucas 22,32). Como mayordomo del reino es quien recibe la revelación de que los gentiles podían entrar a la Iglesia (Hechos 10,28), quien es el primero en predicar en pentecostes (Hechos 2,14), quien toma la iniciativa sobre la necesidad de completar el grupo de los doce (Hechos 1,15-22), es quien hace la primera curación milagrosa luego de la resurrección (Hechos 3,6-7), etc. En definitiva podemos decir que el marcado liderazgo de Pedro en todo el Nuevo Testamento no fue más que el ejercicio de su oficio, pero su estilo de ejercerlo, fue mediante el liderazgo del colegio apostólico. Luego que es sucedido en su oficio por los obispos de Roma, vemos que durante los cinco primeros siglos ningún obispo usurpa la primacía para él, sino que se le atribuye según la antigua costumbre, al obispo de Roma. Las objeciones frecuentes que hacen los protestantes referentes a que su primacía era solo de honor y no de jurisdicción no pueden ser sostenidas ante la gran cantidad de evidencia histórica que las refutan. Y es que los Papas desde los días de los Apóstoles, no solo continuaron ejerciendo la jurisdicción suprema en occidente, sino incluso en oriente hasta el gran cisma en el siglo IX. Sin embargo ya en los primeros siglos tuvo que ejercerse este oficio de distintos modos, y no solo de forma de liderazgo, sino inclusive al disciplinar comunidades rebeldes (Como Clemente Romano al disciplinar a la comunidad de Corinto por haber depuesto a sus pastores), o sirviendo como una última y suprema corte de apelaciones. Un ejemplo de este ejercicio de primacía jurisdiccional la tenemos precisamente en estas apelaciones, ya que nunca se apela de un tribunal superior a uno inferior. En la historia de la Iglesia nos encontramos con apelaciones de todas partes (obispos, patriarcas y hasta herejes) a la Iglesia de Roma. Muchos ejemplos se podrían citar, pero unos cuantos bastarán: 1) Durante el pontificado del Papa San Victor (189 d.C. – 198 d.C.) se da una controversia sobre las diferencias existentes entre la iglesia de Roma –a la que seguían casi todas las demás- y las iglesias asiáticas, en cuanto al día de la celebración de la pascua. San Policarpo se trasladó a Roma con más de 80 años de edad para alegar que la fecha en que celebraban la pascua era una tradición que había aprendido del propio San Juan. Debido a esto el Papa y San Policarpo mantuvieron la paz. Posteriormente cuando el problema vuelve a agravarse el Papa
Victor amenazó con excomulgarles, y ahora interviene San Ireneo,
quien tras reconocer su adhesión a la observancia romana, pidió al
Papa que no es excomulgara por el apego que mostraban a sus antiguas
tradiciones, siendo que no era una cuestión doctrinal. El Papa
aceptó no excomulgarles e igualmente a la larga terminaron por
aceptar la disciplina romana. 3) San Atanasio, patriarca de Alejandría, apela en el siglo IV al papa Julio I, a partir de la decisión dictada contra él por los obispos orientales. El Papa revierte la sentencia del concilo oriental y vuelve Atanasio a su sede. 4) San Basilio, Arzobispo de Cesarea, también en el siglo IV recurre a la protección del Papa Dámaso. 5) San Juan Crisóstomo, Patriarca de Constantinopla, apela en el inicio del siglo V al Papa Inocencio I para una reparación de agravios infligidos a él por varios prelados orientales y por la emperatriz Eudoxia de Constantinopla. 6) San Cirilo apela al Papa Celestino contra Nestorio; Nestorio que no era tonto y también sabía a quien apelar, apeló también al Papa, pero este tomó partido por San Cirilo. 7) Los concilios de Milevis y Cártago celebrados por los obispos Africanos y San Agustín incluidos, piden la aprobación del Papa a sus edictos. Cuando el Papa responde, San Agustín se alegra y da la causa por sanjada. En numerosas cartas mantiene que nada es más claro que el juicio de la sede apostólica. 8) Cuando Eutiques comenzó a predicar la doctrina conocida como “monofisismo” fue condenado por herejía por Flaviano (obispo de Cosntantinopla) durante un sínodo. Apela entonces al Papa Leo (De Eutiques al Papa Leo Ep 21), a lo cual Pedro Crisólogo (obispo de Ravena) le escribe (a Eutiques), para que preste obediencia al Papa: “Nosotros te exhortamos, honorable hermano, que tu obedientemente escuches que ha sido escrito por el bendito Papa de la ciuidad de Roma, desde el bendito Pedro, quien vive y preside en su propia silla. Para nosotros, en nuestro celo por la paz y la fe, no podemos decidir cuestiones de fe aparte del consentimiento del obispo de Roma” (De Pedro Cristólogo al Papa Leo, Ep 25) 9) Para juzgar la causa de Eutiques, en el 449 se intentó realizar en Efeso un concilio ecuménico (convocado por el emperador Teodosio II con la autorización del Papa Leon I). El concilio lo precedió Dioscuro (Patriarca de Alejandría), quien apoyaba a Eutiques. Eutiques logró que la carta del Papa traida por los legados papales no fuera leida, y tras esta y otras irregularidades el legado papal (Hilario) anuló la sentencia en nombre del Papa y abandonó el concilio. Posteriormente en en el concilio de Calcedonia se acusó a Dioscoro de que “había celebrado un Concilio (ecuménico) sin la Sede Apostólica, lo que nunca estaba permitido”, lo cual se refería a haber continuado el Concilio después de la partida de los legados papales. El Papa Leon recibió también las apelaciones Teodoreto y Flaviano y les había escrito al emperador y emperatriz que todos los actos del Concilio eran nulos. excomulgó a todos los que habían tomado parte en él y absolvió a los que habían sido condenados, (excepto a Domnus de Antioquía), y fue así como un concilo ecuménico fue anulado por el Papa y llegó a ser conocido como el concilio “Latrocinio” 10) En el concilio de Calcedonia, donde por medio de la aprobación del canon 28, se intentaba darle a Constantinopla el segundo lugar después de Roma, se pedía la aprobación Papal para dicho canon, y el mismo patriarca escribiéndole, reconoce que la aprobación de las actas dependía de su sanción. Lo mismo el concilio en pleno le reconoció como sucesor de Pedro y cabeza de la Iglesia Católica. Si todas estas continuas apelaciones no implican un reconocimiento mismo de jurisdicción, vea usted a saber que es. Para más detalles sobre esto recomiendo leer: El primado de Pedro en la historia Mateo 16,18, el primado romano y los padres de la Iglesia El canon 28 y el concilio de Calcedonia y la historia alternativa Objeciones protestantes Objeción #1: Cristo se refería a sí mismo o a la confesión de fe como la piedra sobre la que edificaría la Iglesia y no a Pedro. Si bien podemos decir que sobre la fe de Pedro se edifica la Iglesia, no podemos desconocer que también Cristo se refería a Pedro aquí como la Piedra sobre la que la Iglesia es edificada. Hay que tener en cuenta que en ese momento Cristo está cambiando el nombre a Pedro para hacer un juego de palabras “Tu eres Pedro (Piedra) y sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia”. No tendría sentido cambiar el nombre a Pedro por Piedra para luego referirse a “otra” piedra distinta de Pedro. La frase en griego dice “ταυτη τη πετρα” ( “epi tautê tê petra” ). Aquí “epi” significa “sobre”, y “ tautê tê petra ” significa “sobre esta misma piedra”. Así, la frase sin el “tê” significaría solo “sobre esta piedra”, pero con el “tê” la construcción gramatical fuerza a identificar la piedra a la que se hace referencia (sobre la que se edifica la Iglesia), con la que se acaba de mencionar (Pedro). Así, es Pedro y no otra piedra a la que se refiere Cristo sobre la que se edifica la Iglesia. Una explicación al respecto la da Robert A Sungenis:
Tomando esto en cuenta no tiene mucho sentido que alguien pretenda interpretar que Cristo quiso decir “Tu eres Pedro y sobre aquella piedra edificaré mi Iglesia” Objeción #2: En el texto griego de Mateo la palabra utilizada con Pedro (Petros) es distinta a la palabra utilizada para referirse a la piedra sobre la que se edifica la Iglesia (Petra), por tanto Cristo no se refería a Pedro como la Piedra. Los protestantes suelen alegar que “Petros” hace referencia a una piedra pequeña mientras que “Petra” hace referencia a una piedra grande o roca, sin embargo, hay poderosas razones para desechar ese argumento. En primer lugar porque en griego koine (el idioma en que se encuentran los escritos neotestamentarios) ambas palabras (Petros y Petra) eran sinónimas. Para referirse a una piedra pequeña existe en griego otra palabra “lithos”, la cual es utilizada en la Escritura frecuentemente de este modo. Un ejemplo lo tenemos en Mateo 15,46
En el texto griego para la palabra “roca” se utiliza “Petra” , pero para “piedra” se utiliza “lithos” y no “Petros”. Otro ejemplo lo tenemos en 1 Pedro 2,8:
Aquí otra vez se utiliza la palabra lithos para referirse a una piedra pequeña (con la que se tropieza) y petra para una roca o piedra grande. Otros ejemplos:
Y así, en cada texto donde la Escritura hace referencia a una piedra utiliza la palabra “lithos”, mientras que cuando hace referencia a una roca utiliza “petra”, pero lo más importante es que Petros no se utiliza NUNCA en toda la Escritura para hacer referencia a piedra pequeña, sino solo exclusivamente como nombre propio de Pedro. De querer el texto griego diferenciar entre Pedro y la Piedra sobre la que se edifica la Iglesia bien pudiera haber utilizado “Lithos” para Pedro, pero no lo hace. Y si con Pedro el texto griego se utiliza “Petros” y no “Petra” es porque a diferencia del arameo, el griego si cuenta con géneros y no era posible asignar un nombre propio de género femenino a una persona de género masculino (Seria tan incoherente como llamar a un hombre en español “Petrina” o “Petronila”). Este hecho lo han reconocido inclusive numerosos eruditos protestantes entre los cuales podemos contar D.A. Carson, R.T. France, Oscar Cullmann, Herman Ridderbos, Craig Blomberg, William F. Albright, C.S. Mann, Craig S. Keener, Francis Wright Beare, Eduard Schweizer, Ivor H. Jones, M. Eugene Boring, Thomas G. Long, Richard B. Gardner entre otros (más detalles AQUI) Pero quizá lo que hace esta objeción más inverosímil es que hay evidencia suficiente para pensar que Cristo dijo esas palabras no en griego sino en arameo. Prueba de esto lo tenemos en Juan 1,42 donde San Juan nos narra que el nombre dado a Pedro fue Cefas:
Cefas (en griego Κηφᾶς = Kēphas) es una translitetación de la palabra aramea Kēphas (roca). Pedro es llamado a lo largo de las epístolas de Pablo repetidas veces por este nombre, lo que no tendría sentido si realmente no hubiera sido ese el nombre dado a él por Jesús.
Así, si Jesús llamó a Pedro “ Kēphas” debió decir “Tu eres Kēphas y sobre esta Kēphas edificaré mi iglesia”, y allí Pedro figura sin lugar a dudas como la misma piedra sobre la que se edifica la Iglesia. Hay que señalar que Kēphas significa “roca” en arameo, y este idioma para hacer referencia a una simple piedra existe otra palabra “evna”. De Cristo querer dar a Pedro el nombre de una piedra “pequeña” y no una roca le hubiera llamado “Evna” y no “ Kēphas”. Pero no solo hay evidencia suficiente para pensar que Cristo pronunció Mateo 16,18 en arameo, sino que inclusive todo el evangelio de Mateo fue escrito en dicha lengua. Quizá la más contundente es el testimonio unánime de la Iglesia primitiva sobre el origen de este evangelio. El más antiguo lo tenemos de la mano de San Papias, un discípulo directo del apóstol San Juan (Según San Ireneo de Lyon). Su testimonio lo recoge Eusebio en História Eclesiástica:
Nota: Paul L. Meier (historiador protestante) aclara respecto a lo anterior que cuando se refiere a lengua hebrea probablemente lo que se designa es arameo, como en el Nuevo Testamento. Otro testimonio casi tan antiguo lo tenemos de la mano de San Ireneo de Lyon (discípulo de San Policarpo, quien fue a su vez discípulo de Juan y compañero de Papías)
Orígenes también da testimonio de esto, tal como recoje Eusebio:
Y el mismo Eusebio declara lo mismo:
San Atanasio en su sinopsis de la Sagrada Escritura afirma lo mismo:
San Juan Cristósomo en su homilía sobre Mateo escribe:
Epifanio de Salamina en su Panario escribe:
Pero si esto no fuera poco, San Jerónimo testifica que él mismo vio personalmente el evangelio de Mateo escrito en hebreo, de la cual había transcrito su propia copia. (The Great Commentary upon the Holy Scriptures, trans. Thomas W. Mossman, (London: John Hodges, 1893), p. Xxxvii). San Agustín repite lo mismo:
Estas son solo algunos de tantos testimonios, y podríamos añadir
a San Cirilo de Jerusalén, San Gregorio Nacianceno, y todos los
escritores eclesiástico de la edad media repitieron que Mateo
escribió en lengua hebrea (arameo).
Conclusión Los amigos protestantes que lean estas líneas deben saber que si todavía no entiende en donde la Escritura llama a Pedro “Papa”, “Jefe de los apóstoles”, o “infalible”, deben entender que los católicos tenemos razones muy bien fundadas tanto en la Escritura como en la Tradición para creerlo. Que no las compartan, no quiere decir que no existan, o que no sean válidas. Bibliografía Jesús, Peter & Keys, A Scriptural Handook on the Papacy,
Butler, Dahlgren, Hess
Escrito por José Miguel Arráiz
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