EL
MATRIMONIO, VOCACION CRISTIANA
Homilía
pronunciada el Navidad de 1970.
Estamos en Navidad. Los diversos hechos
y circunstancias que rodearon el nacimiento del Hijo de Dios acuden a nuestro
recuerdo, y la mirada se detiene en la gruta de Belén, en el hogar de Nazareth.
María, José, Jesús Niño, ocupan de un modo muy especial el centro de nuestro
corazón. ¿Qué nos dice, qué nos enseña la vida a la vez sencilla y admirable de
esa Sagrada Familia?
Entre las muchas consideraciones que
podríamos hacer, una sobre todo quiero comentar ahora. El nacimiento de Jesús
significa, como refiere
No es por eso extraño que
Al pensar en los hogares cristianos, me
gusta imaginarlos luminosos y alegres, como fue el de
El matrimonio no es, para un cristiano,
una simple institución social, ni mucho menos un remedio para las debilidades
humanas: es una auténtica vocación sobrenatural. Sacramento grande en Cristo y
en
Los casados están llamados a santificar su
matrimonio y a santificarse en esa unión; cometerían por eso un grave error, si
edificaran su conducta espiritual a espaldas y al margen de su hogar. La vida
familiar, las relaciones conyugales, el cuidado y la educación de los hijos, el
esfuerzo por sacar económicamente adelante a la familia y por asegurarla y
mejorarla, el trato con las otras personas que constituyen la comunidad social,
todo eso son situaciones humanas y corrientes que los esposos cristianos deben
sobrenaturalizar.
La fe y la esperanza se han de manifestar
en el sosiego con que se enfocan los problemas, pequeños o grandes, que en
todos los hogares ocurren, en la ilusión con que se persevera en el
cumplimiento del propio deber. La caridad lo llenará así todo, y llevará a
compartir las alegrías y los posibles sinsabores; a saber sonreír, olvidándose
de las propias preocupaciones para atender a los demás; a escuchar al otro
cónyuge o a los hijos, mostrándoles que de verdad se les quiere y comprende; a
pasar por alto menudos roces sin importancia que el egoísmo podría convertir en
montañas; a poner un gran amor en los pequeños servicios de que está compuesta
la convivencia diaria.
Santificar el hogar día a día, crear, con
el cariño, un auténtico ambiente de familia: de eso se trata. Para santificar
cada jornada, se han de ejercitar muchas virtudes cristianas; las teologales en
primer lugar y, luego, todas las otras: la prudencia, la lealtad, la
sinceridad, la humildad, el trabajo, la alegría... Hablando del matrimonio, de
la vida matrimonial, es necesario comenzar con una referencia clara al amor de
los cónyuges.
El amor puro y limpio de los esposos es
una realidad santa que yo, como sacerdote, bendigo con las dos manos. La
tradición cristiana ha visto frecuentemente, en la presencia de Jesucristo en
las bodas de Caná, una confirmación del valor divino del matrimonio: fue
nuestro Salvador a las bodas -escribe San Cirilo de Alejandría- para
santificar el principio de la generación humana[5][5].