Cuando
Jesús quiere explicar cuál es el Mandamiento más grande, nos
dice:“Amar a Dios sobre todas las cosas, con toda tu vida,
todo tu corazón, toda tu existencia y al prójimo como a vos
mismo”. Van juntos, van muy juntos. Entonces, uno de los que
lo escuchaba y que era el que le había preguntado le dice: “Y
quién es mi prójimo?” Y Jesús cuenta ésta parábola: este
hombre que en el camino lo asaltan, lo apalean, “lo dejan
medio muerto” dice el Evangelio, y tirado al borde del
camino… Y después esa historia tan lamentable al principio y
tan feliz al final: pasa un sacerdote y no le da bolilla; pasa
un abogado que parece que era porteño porque se dijo “no te
metás” y siguió
de largo; y finalmente pasa un hombre considerado muy pecador
que se para, lo cura y lo atiende.
Muchas
veces yo les dije que en esta Ciudad pasan cosas muy raras. Hay
gente a la que se la saca, se la descarta pero no sólo porque
no se le da cabida sino porque se la explota de tal manera que
se le quita la libertad: son esclavos.
¡En
esta Ciudad hay muchos esclavos!
Esto lo dije el año pasado y el anteaño y lo vuelvo a decir éste.
Y hay esclavos que los fabrican estos señores que tienen en sus
manos el manejo de la trata de los talleres clandestinos, el
manejo de la trata de las chicas en situación de prostitución,
el manejo de la trata de los cartoneros… ¡son verdaderas
mafias! Que agarran
a los sencillos, a los que no conocen la Ciudad, a los menores y
los meten en esta picadora de carne… para muchos nuestra
Ciudad es una picadora de carne que los hace bolsa porque
destroza sus vidas y les quiebra la voluntad.
Anteanoche
una pobre chica sacada de un prostíbulo en el que se la
obligaba a someterse, fue internada en terapia intensiva en uno
de nuestros hospitales porque para quebrarle la voluntad la
emborracharon y le dieron psicofármacos
y entró en estado de coma…. ¡Eso pasa en ésta Ciudad! Esto
hacen estas grandes mafias de señores muy elegantes! que quizá
comen en restaurantes de Puerto Madero pero su dinero está
manchado con la sangre, con la carne del hermano. Son los
esclavizadotes.
Y
cuando leemos las historias de civilizaciones antiguas que en
cultos paganos se hacían sacrificios humanos, se mataba a la
gente y a los chicos, nos horrorizamos... En esta Ciudad se
hacen sacrificios humanos, se mata la dignidad de estos hombres
y mujeres, de estos chicos y chicas
sometidos a la trata, a la esclavitud.
No
podemos quedarnos tranquilos. Esta Ciudad está llena de hombres
y mujeres, de chicos y chicas apaleados al borde del camino,
apaleados por esta organización u organizaciones que los van
corrompiendo, quitando la voluntad, destrozando incluso con la
droga… y después los dejan tirados al borde del camino.
Por
eso digo que esta Ciudad es una fábrica de esclavos y picadora
de carne; por eso digo que en esta Ciudad se ofrecen sacrificios
humanos en honor del bienestar de pocos que nunca dan la cara y
que siempre salvan el pellejo… quizá por esa receta tan porteña
y tan nuestra que se llama la “coima”.
A fin del año pasado califiqué a la Ciudad como “coimera”
porque si no existiera ésta no se podrían encubrir estas
mafias que sacrifican vidas humanas y que someten a la
esclavitud, quitándoles la voluntad a sus hombres, sacrificando
a sus hijos…
Hoy
vinimos acá a pedir a Dios compasión de sus hijos y a pedir
por nosotros para que no nos hagamos los distraídos. Somos
campeones en mirar para otro lado y dar un rodeo cuando no nos
conviene. ¡No te metás! No nos hagamos los distraídos y señalemos
donde están los focos de sometimiento, de esclavitud, de
corrupción, donde están las picadoras de carne, los altares
donde se ofrecen esos sacrificios
humanos y se les quiebra la voluntad a las personas.
No
demos rodeos como dice el Evangelio que dieron el abogado y el
sacerdote. ¡No! ¡Somos pecadores: yo el primero! Acerquémonos
a tanto dolor y cada uno de nosotros haga lo que pueda pero por
favor no nos lavemos las manos porque si no, somos cómplices de
esta esclavitud.
Vamos
a pedirle al Señor por nuestra Ciudad para que llore por estos
pecados de sometimiento, por esta Ciudad para que cambie su
corazón de piedra por uno de carne, para que esta Ciudad tenga
conciencia de estos esclavos que está generando y trabaje para
liberarlos.
Que
así sea.
Autor: Solidaridad.net-
Fecha: 2010-08-31