En Arabia Saudí, y supongo que en otros países musulmanes, se
produce un fenómeno que nos resulta especialmente
repugnante a los occidentales. Se trata de la entrega en
matrimonio de cientos de niñas a hombres adultos, en ocasiones
ancianos. En cuanto una cría tiene la primera menstruación, ya es
“apta” para casarse. A veces esa primera regla se adelante a los
9 años. Por más asqueroso que nos parezca tal barbaridad, la misma
es aprobada por el Corán y los jadits. De hecho, su fundador, el
profeta Mahoma, tuvo como esposa a una nena de 9 años, tal
y como asegura uno de los jadits más importantes.
Es por eso que cuando en la televisión saudí, un joven
presentador, con pinta de estar escandalizado ante semejante práctica,
le
preguntó por el tema a uno de los “teólogos”
musulmanes más destacados de su país, un tal Muhammad Musa
Al-Sharif, el mismo respondió que aunque él no haría eso
con una de sus hijas, no puede prohibirlo.
Pero dijo más. Aseguró que los derechos humanos son cosa de
cristianos, ateos y fornicadores. Y añadió que cuando el
Corán dice algo sobre un asunto, no hay más que hablar, por más
que los tratados internacionales digan otra cosa. Su
contundencia fue clara: esos tratados no vale ni la tinta con la que
se han escrito.
El caso es que, con la legislación de los países Occidentales,
la consumación del matrimonio del profeta Mahoma con Aisha, una cría
de 9 años, supondría un claro caso de pederastia. Y por más que
nos empeñemos, el Corán y los jadits dicen lo que dicen y
los musulmanes no van a dejar de creer en lo que aparece en sus
textos sagrados. Conviene tener eso en cuenta a la hora de
proponer alianzas de civilizaciones.
Pero el hecho de que esas enseñanzas y prácticas religiosas nos
produzcan una repulsión total, no deberíamos despreciar alguno de
los argumentos propuestos por Musa Al-Sharif. Es decir, un
Occidente donde la degeneración de la moral sexual es tan evidente
no tiene autoridad moral alguna para exigir nada al Islam.
Ellos admiten la pederastia legal vía matrimonio. Nosotros -y
conste que no me refiero a los cristianos, pero somos minoría-
admitimos que nuestras hijas menores aborten sin pedir permiso a los
padres. En Arabia Saudí se puede casar un “viejo verde”
con una nena que apenas tiene vello púbico. En Suiza se entregan condones
a niños de 12 años para que forniquen sin “peligro”.
Y en España la Cruz Roja propone
a los muchachos de quince que se entreguen
placenteramente a la sodomía. En algunos países islámicos las
mujeres no enseñan ni los ojos. En nuestros países algunas
“famosas” van vestidas como si se dedicaran a la profesión más
antigua del mundo y la pornografía se emite libremente por nuestros
televisores. En algunos países musulmanes se da de latigazos y se
lapida a las adúlteras. En los nuestros se venden y exhiben los
adulterios en los programas del corazón.
Soy de la opinión de que si Occidente, y más concretamente
Europa, sigue empeñado en transitar el camino de Sodoma y Gomorra,
renunciando a la ley moral del evangelio, el Islam será el
instrumento usado por la Providencia como “cirujía drástica".
No lloverá fuego y azufre del cielo. Lloverán Mohameds. Quienes
no quieren vivir bajo el yugo ligero de Cristo, se verán bajo el
yugo severo del Islam. La demografía se encargará de
ello.
Luis Fernando Pérez