|
 |
Esa caridad admirable que no busca
publicidad |
 |
|
 |
Además de las muchas
cosas que dice San Pablo sobre la caridad en su 1ª
Carta a los Corintios -es paciente, es servicial, no
es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe, no busca
su interés, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no
se alegra de la injusticia, se alegra con la verdad,
todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo
soporta- se podría añadir otra, sin querer
corregir a San Pablo, por supuesto. Pero la experiencia
nos demuestra que a la caridad, además, le gusta pasar
desapercibida.
Amar
sin llamar la atención, sin buscar publicidad, es algo
propio del amor cristiano. No está mal que artistas y
famosos vayan al tercer mundo con ocasión de campañas
humanitarias de todo tipo, y que de paso les sigan una
legión de periodistas que luego les hagan aparecer en
los medios de comunicación. El bien que hacen al
prestar su figura a dichas campañas no viene disminuído
por los reportajes fotográficos que de paso conllevan
dichas campañas. Pero a nosotros nos dijo el Señor que
cuando demos limosna nuestra mano derecha no sepa lo que
hace la izquierda y eso es algo que la Iglesia sabe
hacer bien.
Por eso no es de extrañar que muchos ignoren las muchas
obras de caridad que hace la Iglesia como institución y
hacen los cristianos de modo particular. No creo que a
ningún creyente de verdad esto le quite la paz y mucho
menos le lleve a desanimarse en el empeño de hacer el
bien, pues sabe que es el "Padre, que ve lo
secreto", el que tiene que premiar las buenas
obras, no la alabanza humana, que es siempre cambiante.
En este sentido, si los cristianos tuviesen que mirar a
las estadísticas de las opiniones humanas para percibir
si están haciendo bien las cosas o no, la llevarían
clara: Entre la imprecisión de dicho tipo de encuestas
y la mudable opinión de la gente, mejor no fiarse
demasiano. Como ejemplo, baste ver la última encuesta
del CIS sobre las creencias de los españoles, en la que
aparece que desde la última realizada, hace un par de
meses, el número de católicos ha aumentado en España
casi un 2%. Lo cual estaría muy bien si fuera realidad,
pero que solamente es una muestra de la imprecisión de
las estadísticas relacionadas con las opiniones
humanas.
Volviendo a la caridad anónima que no quiere llamar la
atención, vemos como sin embargo el Señor permite que
algunas de sus manifestaciones vengan a la luz pública,
"para que iluminen a todos los de la casa", y
así los que llegamos a conocerlas por el medio que sea,
podemos animarnos a hacer nosotros también todo el bien
que podamos. Este era concretamente el fin con el que
durante muchos siglos se han escrito las
"Vidas" de los Santos, llenas de ejemplos de
obras de caridad, para que el que las leyese se
edificase y se animase a imitarlas. Hoy en día por aqué
y allí en los medios de comunicación encontramos estos
ejemplos admirables que ojalá no sean solamente
admirados sino lleven a muchos a la práctica del bien.
Admirable
ha sido, por citar un caso que se ha convertido en
bastante mediático, el caso de Rafaela del Campo y
Fermina Suárez, Hijas de la Caridad de San Vicente de
Paul, originarias respectivamente de Palencia y de las
Palmas de Gran Canaria y que llevan 40 y 48 años
dedicadas a trabajar en en el hospital Mohamed V de
Alhucemas, en el norte de Marruecos, y que
recientemente han recibido la orden "Wisam alauí"
del Orden de Caballero, uno de sus principales
galardones del país, de las manos del rey Mohamed VI en
el palacio real de Tánger. La condecoración incluye a
otras dos religiosas, que no pudieron recogerla por
problemas de salud. Por supuesto, las hermanas la
recibieron con total sencillez y atribuyéndolo a todos
los que trabajan en dicho hospital, no a ningún mérito
propio de ellas.
Caridad que recibe premios, pero la mayoría de las
veces es caridad que no recibe ningún premio, solamente
el de haber hecho lo que había que hacer. Leo acerca de
un caso bastante anónimo, que ha salido a la luz muy a
pesar del que lo protagoniza y que ha ocurrido
recientemente en Indianapolis: Se trata de una profesora
de 23 años, Jennifer Prickel, cuya gran ilusión
era la de ingresar en religión, en una congregación de
Ohio en la que casi todas las religiosas son jóvenes, y
que tuve ocasión de conocer cuando viví en Estados
Unidos. Un gran obstáculo se levantaba entre dicha
joven porfesora y su vocación, era la deuda que tenía
de haber recibido un crédito para pagar sus estudios
universitarios, del que todavía le quedaban por pagar
50.000 dólares, vaya, casi ocho millones de pesetas. Lo
que no podía imaginar es que cuando en su parroquia se
pidieron oraciones para que pronto Jennifer pudiese
pagar su deuda, una feligresa decidió que esa era la
oportunidad que necesitaba para hacer el bien. La
feligresa, que nunca quiso revelar su nombre auténtico,
escribió un cheque para la profesora por un valor de
52.000 dólares, y la joven porfesora ahora está
preparando todo para su ingreso en religión, que
ocurrirá en septiembre.
Caridad que no solamente no luce humanamentre, sino que
muchas veces es correspondida con desagradecimiento: Leo
en otro lugar acerca del ejemplo de los cristianos en
Pakistan. Precisamente es un país que aparece
frecuentemente en páginas de información religiosa por
los abusos que ocurren contra los cristianos, a veces
persecución descarada con el consentimiento tácito de
las autoridades. Una situación denigrante hacia los
cristianos que debería ser denunciada por organismos
internacionales que sin embargo no lo hacen, ellos saben
porqué. Pues bien, en aquel ambiente, ¿A qué se
dedican los cristianos? Pues a hacer el bien sin mirar a
quién. Cientos de voluntarios de Caritas se han
dedicado -y lo siguen haciendo- a ayudar a cientos de
miles de desplazados y "sin techo" que son la
consecuencia de la lluvia y las riadas que han asolado
la región del noreste del país. El trabajo ha incluido
el limpiar las carreteras, que habían quedado
impracticables por las lluvias. Lo mismo hicieron en el
2005 con las víctimas del terremoto que en aquella región
produjo cerca de 100.000 muertes, lo cual conllevó un
trabajo de años.
Caridad que a muchos les parece incomprensible, pues les
falta la fe necesaria. Recuerdo que hace unos años la
esposa de un militar asesinado por ETA manifestó a los
medios de comunicación que ella perdonaba de corazón a
los asesinos de su marido, y dichos medios le tomaron
por tonta. De modo parecido, hace un par de años un
loco atacó en Estados Unidos una escuela de niños amish,
esa rama cristiana anabaptista que vive como en el siglo
XVIII, matando a un buen número de ellos. Las familias amish
afectadas, que al fin y al cabo son cristianos
-radicales y a la antigua, pero cristianos-, mostraron
su bondad perdonando al asesino y ya que éste se suicidó
después de la masacre, se comprometieron a ayudar económicamente
a la viuda del asesino. MUcho más recientemente, en
estas semanas pasadas, en el sur de la India un profesor
católico fue atacado por extremistas islámicos que le
cortaron una mano cuando salía de la iglesia. Mientras
el profesor estaba en cuidados intensivos, su hija afirmó
en monbre de la familia que perdonaban a los atacantes.
Dichos extremistas habían atacado también a la madre
del profesor, que iba conél, produciéndole heridas de
menos consideración. El perdón de esta familia ha
llamado tanto la atención a algunos que la noticia
apareció en la BBC.
Caridad que sorprende, que no está de moda, que va
contra corriente, hasta exigir lo que nadie exige: El
amor al enemigo. Bendita caridad que es distintivo de
los cristianos y que ojalá sea siempre por lo que se
nos reconozca.
|
|
Alberto Royo Mejía |