Eutanasia
intrauterina
Max
Silva Abott
El
autor es doctor en Derecho y profesor de Filosofía del Derecho en la
Universidad Católica de la Ssma. Concepción
Un
reciente estudio de la “Asociación Síndrome de Dawn”, señalaba
que en el Reino Unido se ha registrado un importante aumento de
nacimientos de niños con este mal, pese a que se han efectuado más
controles prenatales para evitarlos.
Tal
como se presentan las cosas, daría la impresión que la venida de un niño
con esta u otra patología fuera algo solucionable, bastando con dicho
diagnóstico prenatal. Lo que no se dice, al menos como se debiera, es
que la ‘solución’ es abortar al enfermo.
De
hecho, el mismo organismo reconoce que trabajó con 1.000 familias para
descubrir por qué decidieron continuar con un embarazo de estas
características. Al margen de las razones esgrimidas por los afectados
(religiosas y morales, fundamentalmente), el problema de una labor tan
‘benéfica’, es que sus parámetros de ‘amor’ y ‘compasión’
son un crudo pero fiel reflejo de una sociedad tan hedonista e
individualista como la nuestra.
En
efecto, lo que se hace aquí es eliminar a estos niños problema,
basados en la premisa que serían vidas sin valor ni sentido y además,
un estorbo y una fuente de sufrimiento para sus padres. Por tanto, en un
conmovedor ataque de compasión, se ha decidido poner fin a tan incómoda
situación, deshaciéndose del enfermo.
Es
por eso que puede hablarse aquí muy bien de una eutanasia intrauterina,
de una eliminación del enfermo para que éste no sufra. Ahora bien, lo
que cabe preguntarse es si será en interés del niño que muere o, como
parece en realidad, de tan generosos verdugos.
Como
siempre, estas prácticas, que se mencionan sin titubeos, obedecen a
concepciones del hombre. Y además de comprobar cómo una ya larga y
difundida mentalidad abortista puede oscurecer a este extremo las
conciencias, lo anterior es una prueba más de la peligrosa mentalidad
en expansión de nuestro tiempo según la cual, los sujetos valen por
sus cualidades (salud, vigor, hermosura), no por lo que simplemente son:
un miembro de la especie humana y por tanto, una persona.
Amenazante
utopía es esta, que se arroga el derecho de decidir quién vive y quién
no, en pos de un mundo supuestamente feliz en que no existan el dolor,
la enfermedad, el defecto, la limitación física o mental…, o de
seguir ampliándose el catálogo, la fealdad, la vejez o las
convicciones ‘políticamente incorrectas’; la lista puede ser
infinita para los compasivos de siempre. Por eso, para esta ideología,
se evitarían muchos problemas y sufrimientos, imponiendo una criba de
calidad para determinar no sólo quién vive y quién no, sino también,
por cuánto tiempo.
Por
eso debemos estar muy atentos ante esta mentalidad, porque en el fondo,
viene a significar el reinado de los fuertes y la eliminación de los débiles,
todo hábilmente disfrazado de una conmovedora compasión
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