Evolución
de la familia chilena
Max
Silva Abbott | msilva@ucsc.cl
De
acuerdo a la última encuesta Casen, la familia chilena ha experimentado
profundos cambios en las dos últimas décadas. Y si bien el hogar
constituido por hombre, mujer e hijos sigue siendo mayoritario (58%),
los que están a cargo de la mujer han pasado desde el 19,9% en 1990, al
30,2% en 2009. Además, en términos generales, el número de miembros
en cada hogar y de hijos ha disminuido y también el porcentaje de
matrimonios, a la par que han aumentado las convivencias de hecho, los
hogares reconstituidos y aquellos en que vive una sola persona.
Por
otro lado, usualmente los hogares a cargo de la madre están en una
situación económica bastante desmejorada, tanto por el mayor nivel de
desempleo femenino, como por sus menores ingresos, lo cual genera un círculo
vicioso de pobreza que redunda en los hijos y sus futuras oportunidades.
Ahora
bien, muchos hablan a este respecto simplemente de “nuevas formas” o
de una “diversificación” de la familia, fruto de un creciente
individualismo, en una actitud similar a la de un zoólogo que añade,
fascinado, nuevos especímenes a su colección.
Entiéndase:
nunca se destacará lo suficiente la casi infinita capacidad de entrega
y sacrificio de las madres, sobre todo aquellas que crían a sus hijos
solas, muchas veces en situaciones desesperadas, todo lo cual contrasta
vergonzosamente con la actitud de muchos hombres, que no son capaces de
asumir sus responsabilidades.
Sin
embargo, y siendo cierto que es necesario generar mejores condiciones
para estos hogares, tal vez la pregunta de fondo que se echa en falta es
respecto del ambiente óptimo (o si se prefiere, el menos malo) que por
regla general, debieran tener los niños y jóvenes para su adecuado
desarrollo. Porque tal como se presentan las cosas, daría la impresión
que ese dato fuera irrelevante, y que no existieran mayores diferencias
entre aquellos hogares constituidos por un padre y una madre con una
relación estable y seria, de las restantes situaciones, por muy
heroicas que puedan ser algunas.
De
hecho, a ratos pareciera creerse que lo único que necesitan los niños
es una madre, quedando el rol del padre reducido casi al de semental y
proveedor, lo que incluso podría sustituirse con una fecundación in
vitro y una mujer que trabaje. ¿Seremos los varones tan prescindibles?
Pero
además, salvo en lo económico, también da la impresión que los hijos
sufrirán la misma suerte, cualquiera sea el ambiente en que crezcan,
como si fueran seres invulnerables, que no se verán afectados por la
estructura del hogar que los cobije.
¿Crisis
de la familia? Sí, por desgracia, y profunda, puesto que todo niño,
por ser una persona, merece, es más, tiene derecho a un padre y a una
madre. Sin embargo, por lo visto, la “evolución” de la familia
chilena continuará.
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