Forbes
y la felicidad
Cipriano
Sánchez | http://ciprianosanchez.blogspot.com
La
felicidad puede estar incluso en un oscuro momento, sólo no olviden
encender la luz (Harry Potter y el Prisionero de Azkabán).
Recientemente
la revista Forbes dio a conocer los países más felices del mundo. Me
llamó la atención la lista de los tres países más felices:
Dinamarca, Finlandia y Noruega; y la de los tres países menos felices:
las Islas Comores, Burundi y Togo. Los primeros son del norte de Europa,
los últimos son africanos. En la encuesta se califica la vida propia de
uno a diez, y se pregunta sobre cómo se habían sentido el día
anterior. Así se sabe si los encuestados se sentían bien, respetados,
libres de dolor y comprometidos intelectualmente. Los que tenían altas
calificaciones se consideraban en ascenso y por tanto más felices. Pero
hay otras dos calificaciones, la de quienes luchan y la de quienes
sufren.
Las
estadísticas pueden ser muy discutidas. Pero nos hacen un dibujo de la
felicidad que tiene que ver con tres elementos: el progreso, la lucha y
el sufrimiento. Sin ellos, no hay felicidad: el sufrimiento, nos
recuerda que podemos estar mejor, la lucha, nos pone en estado de
alcanzar lo que buscamos, el progreso, nos permite constatar que hoy
estamos mejor que ayer. Si las separamos, no hay felicidad: sin lucha ni
sufrimiento, el progreso se desgasta. Sin progreso ni lucha, el
sufrimiento nos desespera. Sin progreso ni sufrimiento, la lucha pierde
el sentido.
La
encuesta ubica la felicidad en el pasado de los encuestados. Eso implica
reducir la felicidad a una satisfacción incompleta, porque el pasado es
fijo, inamovible, y lo único que puedo hacer es contemplarlo. Mirar
para atrás, es satisfactorio, pero ¿nos hace felices? Aristóteles decía
que la felicidad
consiste en actuar hacia el bien y Sartre anotaba que es
feliz no el que hace lo quiere sino el que quiere lo que hace.
Da la impresión de que ser felices consiste en hacer la felicidad, esto
es hacer el bien. Pero el bien que nos hace felices tiene que ser
descubierto, como el escultor “descubre” su obra en el bloque de
piedra. ¿Ser felices será actuar para descubrir el bien en todo lo que
hacemos?
Puede
ser. Porque la encuesta afirma que no basta el dinero, ni la salud, ni
el placer como factores que hacen felices. La felicidad se entreteje en
la evaluación de la propia existencia y el modo en que experimentamos
las cosas: cómo experimentamos y evaluamos nuestro progreso, nuestra
lucha, nuestro sufrimiento. Por tanto, La encuesta concluye que por
tanto es necesario apalancar, sostener, de algún modo, el bienestar que
se experimenta.
Los
cristianos descubrimos que la palanca es la experiencia de Dios en la
vida concreta: cuando uno se desprende, cuando uno es dueño de sí,
cuando uno sufre, cuando uno lucha por las cosas, cuando uno perdona,
cuando uno cuida su interior, cuando uno busca la paz, cuando uno vence
las dificultades. Y lo llamamos bienaventuranzas. Muchos seres humanos
encuentran la palanca en el bien que hacen en su entorno diario, en la
certeza de estar haciendo lo que tienen que hacer, en la confianza
interior de que el enfermo que cuidan, el discapacitado que atienden, el
pobre al que socorren, el desempleado que contratan, el matrimonio que
reconcilian, el adolescente al que devuelven el brillo a los ojos y
otras muchas cosas, son acciones que sacan a relucir el bien.
Y
cuando tu corazón y tu mente ven eso, eres feliz. Porque
ser feliz, es hacer felicidad.
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