Hacia
la Navidad, ¿nuevo ateísmo?
Norma
Mendoza-Alexandry | nmendoza_alexandry@hotmail.com
Durante
la última Jornada Mundial de la Juventud, Benedicto XVI señaló que:
“En numerosas partes del mundo existe hoy un extraño olvido de Dios.
Parece que todo marcha igualmente sin Él. Pero al mismo tiempo existe
también un sentimiento de frustración, la insatisfacción de todo y de
todos. Dan ganas de exclamar: ¡No es posible que la vida sea así!”.
Por
su parte Karol Wojtyla, siendo Arzobispo de Cracovia, decía que “la pérdida
del Creador difumina a la creatura”. Y un santo sacerdote, Josemaría
Escrivá, estaba consciente de que “…el que no se sabe hijo de
Dios, desconoce su verdad más íntima”.
Pero
veamos qué nos dice un autor norteamericano comentarista en temas de
política y sociología -Dinesh D’Souza-, sobre el llamado
“nuevo ateísmo”.
“El
viejo ateísmo enfocado a la separación de la Iglesia y el Estado no
era muy atractivo para las masas, el nuevo ateísmo es diferente. No
contento con dividir los lazos entre Iglesia y Estado, quiere atacar la
creencia en Dios y no solo eso, desea atacar a la religión también en
su esfera privada”.
Quiere
que el creyente se sienta un idiota por creer en Dios. De este modo, es
más ambicioso, más agresivo en su agenda. Los nuevos ateos son como un
“conjunto afable” que golpea una “postura rebelde”, refiriéndose
a la gente joven” –dice D’Souza-. Y el blanco a donde apuntan es
precisamente la gente joven.
El
objetivo de los nuevos ateos es “dejar que los padres religiosos los
engendren para ganárselos más tarde con silogismos”.
D’Souza
habla de lo que él llama los tres argumentos más importantes de los
nuevos ateos:
El
primer argumento contra la religión es que Dios no es necesario para
ser bueno. En este argumento D’Souza ha sido retado pidiéndole que
nombre cualquier virtud que pueda no ser practicada por un no-creyente.
Él contesta enlistando las virtudes más apreciadas por los ateos que
son: la ciencia, el individuo, el derecho a disentir y criticar, la
igual dignidad de la mujer, compasión y la abolición de la esclavitud.
Y afirma que “todas estas virtudes llegaron a Occidente y al mundo por
la Cristiandad. Otras culturas como la Antigua Grecia y Roma no tenían
estas ideas. Aún los valores seculares de nuestra cultura están
enraizados en la tierra fértil de la Cristiandad”.
El
segundo argumento del ateísmo es que la religión está contra la
ciencia. Los nuevos ateos señalan por ejemplo que la religión
insistía que la Tierra era plana. El investigador D’Souza contesta
que la idea de la Tierra plana era una leyenda y que la gente educada
sabía que era esférica aún en tiempos de Cristo y en la antigua
Grecia pues “todo lo que necesitaban era observar un eclipse –y en
esa época eran grandes observadores de la Naturaleza--, al observarlo,
puede verse la sombra de la Tierra en la Luna que es redonda”.
También
se pregunta por qué los ateos se refieren a antiguas controversias de
la ciencia y parecen ignorar recientes descubrimientos que indican un
Divino Creador, como por ejemplo la manera en que las leyes del universo
son tan exactas que permiten el desarrollo de la vida.
El
tercer argumento del ateísmo es que la religión no es solamente errónea,
sino que es perniciosa y peligrosa. Para probarlo mencionan la Inquisición,
las Cruzadas y los juicios de las Brujas de Salem. Esto es materia de
respuesta evidente, por ejemplo: la Inquisición española duró 375 años
y murieron aproximadamente 2000 personas (5 personas por año). En los
juicios de Salem murieron 19 personas. La cantidad de 2,019 son muchos,
sin embargo, para nuestra época esto es incomparable, pues las muertes
causadas por ateos no han parado hasta la fecha. Simplemente en los regímenes
ateístas de Stalin, Mao y los Nazis murieron ¡100 millones de
personas! Esto significa –dijo D’Souza—una enorme
montaña de cuerpos, un océano de sangre. El ateísmo y no la religión
es responsable de los crímenes masivos de la historia.
Se
habla de una República Universal (Humanum Genus) y de una Carta de la
Tierra, ONU. La primera quiere forzar a los pueblos a mezclarse
como una gran licuadora para formar un pueblo universal que no
reconozca naciones ni particularidades propias de sus psicologías,
vocaciones y familia de almas. Sin fibra ni osamenta, el hombre
microfracturado tampoco tendrá religión. Esta masa idiotizada tampoco
tiene ideales ni sentido trascendente. Es inmediatista, ansiosa,
moralmente liberal, pragmática e indiferente al acontecer mundial. En
todo será en esencia y última consecuencia, anticristiana. Para
ello los propulsores de la República Universal requieren de un gobierno
mundial. El intento de globalización produce este estado de cosas
evidente.
La
destrucción de un orden Cristiano (–orden por excelencia en cuanto se
fundamenta en el Bien y la Verdad en sí mismas--), requiere la imposición
de aspectos del mal y desorden metafísicos esenciales. A fin de
exaltar el orgullo destructor y de paso eliminar cualquier Verdad
suprema que rija a los hombres más allá de sus pasiones, necesita
establecer en los corazones la igualdad entre los hombres y Dios. Así
lo afirman sus doctrinas panteístas y esotéricas. Y para quienes no
quieren sostener la ridiculez de hombres iguales a Dios, les propone el
ateísmo y el laicismo que niegan a Dios o proponen vivir como si Dios
no existiese. Sin Dios no hay fundamento personal y social sostenible.
Prevalecerán sin este Pilar las ideologías liberales de los enemigos
de la Iglesia y el bien común.
Del
mismo modo, primero exaltaron el patriotismo, exigieron el derecho a la
independencia y el establecimiento de nuevas naciones y gobiernos. Hoy
exige la eliminación de diferencia entre el gobernante y los
gobernados. La masa se hace obedecer. Pero más allá del exclusivismo
de esta parodia de democracia como única forma legítima de gobierno,
hoy se quiere la eliminación de las fronteras y del sano patriotismo.
En cierto modo, el concepto de soberanía nacional es un reflejo del
derecho de propiedad afirmado en los Mandamientos de Dios. Sin soberanía
no hay posibilidad que un solo gobierno del mundo que lo domine y lo
sofoque todo. Esta es la igualdad en la esfera política nacional e
internacional que persiguen los enemigos de la Cristiandad.
Para
la República Universal, la familia se encuentra en la mira prioritaria
a destruir, pero mientras no consiga abolirla intentará
desprestigiarla, rebajarla, mutilarla tanto como tenga medios a la mano.
Un
intelectual que fue asesor de la Casa Blanca en domestic affairs, E.U.A.
(1979-1980) conocido como Amitai Etzioni (Werner Falk), dice que el
hechizo del Siglo de las Luces distrae profundamente a muchos
occidentales que hacen opinión pública en cuanto a que el incremento
mundial de la religión o es ignorado o es visto como un reto mayor, en
lugar de verse como fuente de re-moralización de la sociedad. La enseñanza
secular no entra en profundos temas que toca la religión tales como:
¿Qué
es una vida virtuosa? ¿Cuáles son nuestras obligaciones para con
nuestra familia, amigos o nuestra comunidad? ¿Es la muerte la amenaza
de un fin que todos debemos temer o solamente el pasaje a una mejor
vida? ¿Estamos realmente mejor entre más tenemos? El secularismo
occidental intenta evadir estos temas, su hedonismo consumista tiene
apariencia propia aunque cada vez más y más personas conocen que esto
no lo es todo. El Occidente tendrá que resurgir tanto en un humanismo
secular enriquecido y en creencias religiosas si no desea perder la
batalla sobre las mentes y corazones de la mayoría de la gente en el
mundo. Necesita de un resurgimiento espiritual en lugar de un
resurgimiento militar, resume Etzioni (6 marzo, 09).
El
pasado día 3 de noviembre, el Vaticano denunció a la Corte
Europea de Derechos Humanos por dictar que poner crucifijos en
escuelas públicas de Italia viola la libertad religiosa y educativa. El
Vaticano declaró que la Corte está ignorando el papel del Cristianismo
en la formación de la identidad europea. En Inglaterra acaba de
ser propuesto el “Harriet Harmon’s equality bill” por el gobierno
Labour (del trabajo), el cual, entre otras cosas intenta desaparecer las
raíces cristianas europeas pues impide festividades de Navidad “para
no ofender a personas de otras religiones”, se prohíben las luces y
la misma palabra “Navidad” está siendo removida al promover en su
lugar “Felices Fiestas” solamente.- Cómo revigorizar la fe en una
Europa en donde aumenta el secularismo, es un gran reto de nuestra época.
En
la Primera Encíclica de Juan Pablo II (Redemptor Hominis) se recordaba
que la religión es un fenómeno universal, unido desde el principio a
la historia del hombre, siendo la más profunda aspiración del corazón
humano. Cabría recordar la conocida frase agustiniana: “Nos hiciste
Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en
Ti”. Nada es imposible con Dios, ni siquiera ser agnóstico o
relativista porque Dios respeta delicadamente nuestra libertad. No es
imposible siquiera vivir como si no existiera. Pero es muy triste que su
ausencia quiera ser impuesta.
“Si
acudimos a San Agustín, nos encontramos con que Dios es intimius intimo
meo, más íntimo que mi propia intimidad. Y si nos vamos al Salmo 139
leeremos:
¿Adónde
alejarme de Tu espíritu?
¿Adónde
huir de Tu presencia?
Si
subo al Cielo allí estás Tú;
Si
bajo al Sol, allí Te encuentras
Si
monto en las alas de la aurora
Y
habito en los confines del mar
También
allí me guiará Tu Mano
Me
sujetará Tu Diestra
Se
ve que ya no se trata de si es posible sin Dios o si es imposible con
Dios, es felizmente inevitable” (P. Cabellos Llorente).
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