HAY QUE PASAR EL MENSAJE

      El cristianismo se diferencia de las demás religiones en que estas últimas son esfuerzos del hombre por encontrar al Creador, mientras que en la religión de Jesucristo es Dios el que, por propia iniciativa, sale al encuentro del hombre para salvarlo del pecado y de la muerte, y para hacerlo partícipe de la vida misma de Dios, colmándolo de felicidad. A lo largo de la historia de la humanidad han aparecido muchos líderes y personajes religiosos, pero de todos ellos, el único que puede salvarnos es Jesucristo, el Hijo de Dios. Así lo afirma expresamente San Pedro en el Libro de los Hechos de los Apóstoles (4, 12). La salvación obrada por Cristo subsiste en la Iglesia Católica, única que ha mantenido initerrumpida la continuidad histórica con el primer Obispo de Roma, Vicario de Jesucristo en la tierra.
      Los fieles católicos somos depositarios de un don inmenso, que hemos recibido gratuitamente: la verdad que salva y nos hace felices. No tenemos derecho a esconder esa luz. Hemos de transmitirla a los demás. San Pedro nos exhorta a estar siempre prontos para dar una respuesta sobre el sentido y la razón de nuestra esperanza (1 Pe., 3, 15).
      En nuestro días, se cuestiona la legitimidad de proponer a los demás lo que se considera verdadero en sí, para que puedan adherirse a ello. Dicha propuesta es considerada como un atentado a la libertad de los demás. Tal visión de la libertad, desvinculada de su inseparable referencia a la verdad, es una de las expresiones del relativismo que, al no reconocer nada como definitivo, deja como última medida sólo el propio yo con sus caprichos. Sin embargo, el hecho de estimular honestamente la inteligencia y la libertad de una persona hacia el encuentro con Cristo y su Evangelio de ningún modo puede ser considerado como una intromisión indebida, sino que es un ofrecimiento legítimo y un servicio que puede hacer más fecunda la relación entre los hombres. La actividad por medio de la cual el hombre comunica a otros eventos y verdades significativas desde el punto de vista religioso, favoreciendo su recepción, no sólo está en profunda sintonía con la naturaleza del proceso humano de diálogo, de anuncio y aprendizaje, sino que también responde a otra importante realidad antropológica: es propio del hombre el deseo de hacer que los demás participen de los propios bienes. En efecto, cuando alguien experimenta un gozo grande, siente el impulso de comunicarlo a las personas con las que se relaciona. Cuando se trata de la vida sobrenatural que Jesús ha traído a la tierra, ésta es una dicha que no se puede ocultar.
      En países de tradición cristiana muchos han abandonado la vida cristiana, quizá porque nunca la experimentaron en toda su profundidad y belleza; y viven en la oscuridad, sin esperanza, con los sufrimientos y esclavitudes a veces dramáticas que esto conlleva. Por eso es necesaria una nueva evangelización. El anuncio y el testimonio del Evangelio son el primer servicio que los cristianos podemos dar a cada persona y a la humanidad. No podemos dar por perdido a nadie. El corazón humano tiene la sorprendente capacidad de convertirse y cambiar.