PUNTADA CON HILO
 
                                             HERODES, EL FARAÓN Y LA LEY DE PLAZOS
 
    La historia se repite: Herodes estableció una ley de plazos, ordenando dar muerte a los niños menores de dos años.
El Faraón de Egipto fue más refinado y menos bruto: estableció como plazo el momento del parto. Nuestros legisladores quieren obsequiarnos, como regalo de Navidad, una ley de plazos más sofisticada y progresista: sólo en las primeras semanas del embarazo.
    En el fondo, es todo lo mismo: no quieren reconocer que la persona humana es, al mismo tiempo, un ser corporal y espiritual.
Esta unidad de espíritu y materia es tan profunda que, gracias al principio espiritual, que es el alma, el cuerpo, que es material,se hace humano y viviente, y participa de la imagen de Dios. Y en cuanto tal, tiene dignidad de persona: no es algo, sino alguien. El amor de Dios no hace diferencia entre el recién concebido, aún en el seno de su madre, y el niño o el joven, o el hombre maduro o el anciano, porque en cada uno de ellos ve la huella de su imagen y semejanza. Este amor ilimitado muestra hasta qué
punto la persona humana es digna de ser amada por sí misma, independientemente de cualquier otra consideración: inteligencia,belleza, salud, juventud, integridad...
   Y esto también vale para el embrión humano desde el momento de la fecundación , incluso antes de que se haya implantado en el seno materno. Es ya un individuo de la especie humana, cuya vida es sagrada e inviolable.
   Afortunadamente, a Herodes se le escapó un Niño, y gracias a eso podemos celebrar la Navidad.

 
                                                  José Manuel Castro Quinteiro