El
hombre, “Capax Dei”
Martín
Antonio Cruz | jem@arcol.org
Existen
dudas cruciales que conviene platearse al menos alguna vez en la
existencia, cuestiones trascendentales para toda vida humana. ¿Existe
Dios? ¿Es el hombre un ser religioso por naturaleza? ¿Es la religión
un componente esencial del hombre?
Albert
Lang, especialista en la fenomenología de la religión, opina que
de frente a la religión se puede tomar subjetivamente la posición
que se desee pero ninguno puede poner en duda que existe la religión y
que es de máxima importancia tanto para el individuo como para la
entera sociedad.
Históricamente
no existe constatación posible, no se sabe ciertamente si el primer Homo
Sapiens se arrodillaba ante sus experiencias numinosas o si danzaba
en grupo para adorar a la naturaleza.
Identificar
la insuficiencia de datos con la “no religiosidad” sería caer en un
grave error de método científico-histórico, pues no todo lo
verdadero es comprobable, en este ámbito. No obstante, existe una serie
de manifestaciones de religiosidad hacia el año 50.000 a.C. y otras
menos explícitas hacia el año 100. 000 a.C. (como tumbas y otros
signos)
Marcelino
Sáenz de Suntuola y su hija pequeña, los que contemplaron por
primera vez las cuevas de Altamira, se preguntaron quizá por el
sentido real de aquellas misteriosas pinturas rupestres. ¿Por qué los
hombres primitivos pintaban en una cueva oscura, de difícil acceso? ¿Por
qué la perfecta combinación de relieves y pintura? ¿Por qué el
uso de simbolismos?
Todas
esas huellas testimonian una simbología sacra que ha llevado a los
arqueólogos a hablar de verdaderos santuarios rupestres, justamente
porque el hombre trasciende el sentido de lo útil y de la realidad
cotidiana, lo que en la expresión de uno de los máximos expertos en la
Filosofía de la Religión, Mircea Eliade, significa una
ruptura de nivel. Lo que significa reconocer que encima de él hay un
Ser superior, supremo, frente a cuya grandeza el hombre se
siente pequeño; ante su santidad se siente pecado.
Otras
pruebas de la naturaleza religiosa del hombre vienen desde las
aportaciones de la arqueología, por ejemplo: la ornamentación
funeraria y la sepultura con el rostro dirigido hacia oriente, donde
nace el sol, comprendido tal vez como un ser superior, por ejemplo.
En
todas las culturas y sociedades, de forma diacrónica, se ha venerado a
alguna divinidad o a varias a la vez. Los fenomenólogos de la religión
han encontrado la causa del sentimiento religioso en ese Mysterium
tremendum et fascinans, esto es, la admiración del hombre
frente a esa realidad sobrenatural y frente al deseo de
participar de su Ser y de su grandeza.
La
pregunta inicial de si es el hombre un ser religioso por naturaleza se
responde por sí misma: es religioso por naturaleza, simplemente porque
está dotado de la capacidad de llegar al encuentro de un Ser divino, de
Dios.
Cada
hombre es capaz de llegar a Dios sólo con sinceridad y amor auténtico.
Esta es la tarea verdaderamente crucial de la existencia humana. San
Agustín de Hipona confesaba a Dios: “Nos creaste, Señor, para Ti y
nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”.
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