El
internet de la esperanza
Miguel
Aranguren | miguelaranguren.com Los
periodistas nos significamos muchas veces por hurgar sin pudor en los
sentimientos del hombre, y para ver recompensado nuestro historial somos
capaces de mostrar al ser más perverso, al personaje más oscuro, al más
rocambolesco y al más ambiguo. Nos gusta pasear por el zoológico de
las miserias humanas y contar que hemos conocido, entrevistado y
analizado a un asesino múltiple, a una loca que se cree hija del Zar, a
un millonario amargado en su riqueza o a un enfermo que tiene el cuerpo
extrañamente enroscado en sí mismo. Pero
hay periodistas que rechazan ese viaje al horror del sufrimiento
gratuito, incluso algunos que han emprendido otra búsqueda, la de la
nobleza del hombre, y recorren los caminos para encontrar aquellas
personas que son un ejemplo para este mundo en crisis, que teme al dolor
y sólo encuentra satisfacción en la felicidad pasajera.
Aún
sin mover el cuello, ni los brazos, ni las piernas, Luis vive
apasionadamente su oficio: celebra misa, pasa horas en el confesionario
y recibe a muchos estudiantes, porque es un cura que despierta la
curiosidad y, después de conocerle, una enorme simpatía que difumina
la compasión que de natural infunde una persona postrada.
Ha
publicado la historia de su accidente, en donde recoge todas las razones
que le empujan a vivir, libro que se ha traducido con éxito al francés,
y está preparando una colección de homilías, porque lo suyo, más que
relatar su vida, es predicar. Y no sólo eso, ya que durante sus etapas
en el hospital -que son frecuentes y prolongadas- ha compuesto su propia
página WEB. En
la misma, no sólo podemos leer los pasajes de su biografía, sino
profundas reflexiones sobre el sentido del dolor y de la esperanza. Luis
también ha condensado las oraciones de siempre, poniéndolas a mano del
internauta, con el corazón dirigido a tantos enfermos que sólo tienen
la ventana de la red para viajar. En
otro rincón de su web, ha compuesto un apartado sobre el Jubileo 2000,
y, además, recoge una colección de meditaciones sobre los aspectos más
variados que inquietan al hombre contemporáneo, ya que su parálisis no
le impide estar al corriente de la calle. Por
último, ha abierto una sección especial donde recibe preguntas,
miedos, zozobras e ilusiones de sus lectores electrónicos, lo mismo de
aquellos que, como Reeve, sufren una limitación aguda, como de aquellos
otros que padecen un cáncer, una depresión o la pérdida de un ser
querido. Pero
no hay que ser un sufridor para comunicarse con Luis, porque, como os
decía, es médico, le encantan las setas y charlar con la gente, y
hasta de los paseos por el campo es capaz de sacar un buen consejo,
porque es sorprendente la vitalidad que infunde, a pesar de su parálisis
total, tanta pasión por la vida que cuando estuve conversando con él
llegué a olvidarme de su enfermedad, asombrado con aquel caudal de
optimismo. No de candorosa alegría bobalicona, porque Luis sabe que su
vida pende de un hilo y con demasiada frecuencia su estado de salud
avisa de que se puede marchar al cielo en un momento, sino de optimismo
cabal y consciente de que "este mundo es pasajero. Pero no pienso en el cielo para consolarme, sino para confiar más en Dios y tratar de hacer las cosas bien hasta el día que El me llame." Hay una dirección en la red donde encontrar sentido a la vida: www.unav.es/capellania/ldm y también en www.fluvium.org
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