Internet
y su influjo
Fernando
Pascual | fpa@arcol.org
El
acceso de millones de personas a Internet y a otros instrumentos de
comunicación electrónica influye de modo más o menos incisivo en la
vida de esas personas y en el modo de organizar la sociedad a distintos
niveles (familia, escuela y universidad, trabajo, organización social).
Entre
las muchas reflexiones que se pueden hacer sobre el tema, vamos a
ayudarnos de una pregunta: ¿cómo influye en los usuarios el acceso
(cada vez más fácil y rápido) a Internet y a las nuevas tecnologías
informáticas?
En
general, las situaciones que permiten realizar con facilidad actividades
que resultan agradables o útiles a los seres humanos propician el que
tales actividades dejen de ser un deseo para convertirse en realidad.
Este breve dato inicial vale para muchos campos: cultural, económico,
industrial, militar, político, etc. Vale, sobre todo, en el mundo
informático, que ofrece inmensas posibilidades y facilidades
insospechadas para poner en ejecución miles de actividades de diverso
tipo.
Apliquemos
lo anterior a Internet. Esta nueva herramienta permite un acceso fácil
y rápido a un número casi infinito de informaciones, imágenes,
canciones, películas, juegos y material digital de todo tipo: bueno,
regular, malo, e incluso delictivo.
Algunos
contenidos de Internet permiten satisfacer deseos o instintos presentes
en los seres humanos, unos neutros, otros más sanos, otros dañinos o
peligrosos. Quienes consigan una buena conexión podrán llegar con
prontitud a tales contenidos, para beneficio o para daño personal y, en
ocasiones, de otras personas.
Si
los contenidos son buenos y las actitudes ante ellos adecuadas, quienes
acceden a los mismos podrán enriquecerse. Algunos lograrán leer textos
de gran valor literario, filosófico, político o religioso. Otros
escucharán testimonios de personas ejemplares o de convertidos que se
han apartado del vicio, o verán pequeños filmados de conferencias o de
películas llenas de valores.
Si
los contenidos son malos, quienes ya tienen una mayor o menor propensión
a ciertos vicios podrán encontrar una satisfacción fácil de sus
deseos. El éxito de los sitios con material pornográfico es un hecho
representativo de este fenómeno, quizá a niveles superiores respecto
del “clásico” consumo de revistas pornográficas: hay quienes
tienen reparo en comprar y ser sorprendidos con una revista de esa
categoría entre sus manos, pero sienten (a veces falsamente) que un
acceso a fotografías inadecuadas a través de Internet sería más
“privado” y menos controlable por otros.
La
facilidad con la que muchos deseos y horizontes de acción son
alcanzables en Internet explica un segundo fenómeno: el tiempo en el
que millones de internautas transcurren “navegando” en la red es
sumamente elevado.
Normalmente
quien navega por Internet durante horas, tiene la sensación de
aprovechar bien el propio tiempo: accede y consulta informaciones
interesantes y provechosas. Pero en ocasiones la navegación virtual
llega a quitar tiempo a otros ámbitos de la vida personal, hasta el
punto de dañar las relaciones familiares, de crear tensiones en el
trabajo (ante el abuso en el acceso a Internet), de impedir incluso un
descanso sano a través del sueño, del deporte o de otras ocupaciones
útiles y buenas.
Otra
dimensión importante de Internet se refiere a la interactividad. Muchos
hombres y mujeres del mundo digital tienen la posibilidad de
interactuar, de responder, de crear información, sea a través de las
redes sociales (Facebook, Twitter, Tuenti, MySpace, etc.), sea en los
blogs (de propia creación u ofrecidos por otros), sea en los foros o
chats, sea en las enciclopedias de grupo (como Wikipedia), sea en las páginas
de prensa abiertas a los comentarios, etc.
La
interactividad en la red ha llevado a algunos expertos a hablar de
“Web 2.0”. Se trataría de una nueva etapa en el mundo de Internet,
que habría dejado de ser (solamente) un inmenso banco de información
(lo que sería la “Web 1.0”, la cual coexiste con las nuevas páginas)
para abrirse a la creatividad y a la participación (al menos potencial)
de todos los usuarios.
Esta
situación tiene ventajas múltiples y peligros no desdeñables. Por un
lado, las noticias pueden ser comentadas “en tiempo real”
(inmediatamente) con lo que resulta posible señalar errores, ofrecer
indicaciones de interés para otros lectores, realizar un intercambio de
puntos de vista, etc. Por otro, no siempre quienes gestionan los sitios
de Internet permiten un acceso equitativo de todos, pues en ocasiones
censuran ciertos comentarios mientras que promueven otros. Es cierto que
una sana “censura” (que goza de poca propaganda pero que es
imprescindible para tutelar el derecho a la privacidad y a la buena fama
de las personas) es inevitable y justa, también en el mundo de la Web
2.0; pero también es cierto que se dan situaciones de abuso sea por
parte de los que asumen posiciones ideológicas concretas, sea por
quienes, por prejuicios de tipo personal, favorecen a sus amigos y
marginan o excluyen a sus “enemigos”.
Las
posibilidades de participación, como en parte ha sido ya mencionado,
generan en algunos una auténtica “manía” que puede degenerar en
obsesión, hasta el punto de acentuar rasgos en la propia personalidad
de tipo invasivo, intolerante, que llevan, por ejemplo, a poner un número
excesivo de aportaciones en una misma página o en varias, según los
propios temas de interés. Este tipo de situaciones llegan a falsear la
idea de base de la sana participación, que consiste en recoger y
reflejar el sentir de la gente, de los lectores o internautas, al
derivar, poco a poco, hacia formas de imposición de los más fuertes
(los que más participan) sobre otras personas que prefieren intervenir
de modo educado y con más ponderación.
Otro
aspecto importante del mundo digital es la inmensa apertura a todo tipo
de informaciones, teorías e hipótesis. Un navegante puede encontrar
afirmaciones de lo más variado, a favor o en contra de personas, de
ideas, de razas, de religiones.
Lo
positivo y lo negativo, lo verdadero y lo falso, lo posible y lo real,
lo comprobado y lo supuesto, se mezclan en la inmensa jungla de
Internet, hasta el punto de que algunos sucumben a la duda, o llegan a
pensar que no es posible llegar a conclusiones aceptables sobre ciertos
temas. Otros optan, a veces con poco sentido crítico, por lo que parece
ser más verdadero, o prefieren elaboran síntesis personales no siempre
bien fundamentadas.
En
relación con este punto podemos fijarnos en la experiencia de
Wikipedia, con sus amplias posibilidades de participación y de control
sobre los datos ofrecidos. Este portal permite acoger la riqueza y los
esfuerzos de miles de personas que se convierten en co-creadores de
contenidos, a veces a niveles bastante aceptables de rigor científico y
de calidad redacción. Existen, sin embargo, choques y conflictos a la
hora de elaborar ciertos argumentos, lo que lleva a que algunos se
limiten a elencar los distintos puntos de vista sin ofrecer (según el
criterio del “punto de vista neutral”) un juicio de valor sobre los
mismos.
Señalemos,
por último, la importancia de Internet en el mundo de las relaciones
humanas. Gracias a la red y a las distintas posibilidades de participación
y de gestión de sitios, millones de personas, de distintos lugares del
planeta, llegan a establecer contacto entre sí. Hay quienes alcanzan un
interesante nivel de confianza y amistad hacia otros usuarios, algunos
conocidos simplemente a través de un sobrenombre (nick); otros
conocidos con mayor precisión (nombres y apellidos, ciudad de
residencia, edad, intereses). Este tipo de relaciones serían, para
algunos, simplemente “virtuales” (o ficticias, o enrarecidas), en
oposición a las relaciones “reales” que podemos entablar con
quienes tratamos cara a cara en la vida cotidiana o en encuentros más o
menos fortuitos (pero siempre desde una presencia física
“tradicional”).
En
realidad, no siempre resulta clara la distinción entre virtual y real,
y en ocasiones las relaciones iniciadas desde Internet llegan a niveles
de profundidad y de compenetración que no se alcanzan, por ejemplo,
cuando se comparte el ascensor casi cada día con un vecino del mismo
edificio. La libertad que permite el mundo digital logra que algunos
abran su corazón con facilidad, incluso con un nivel de intensidad
superior al diálogo que mantienen habitualmente unos esposos en su
hogar, o unos padres con sus hijos.
Estos
hechos no indican que Internet sea superior, sino que hay un problema en
el mundo de las relaciones familiares, pues es señal de un profundo
fracaso el que dos seres que un día se prometieron amor para siempre
encuentren ahora más alegría en participar en un chat con personas
“desconocidas” que en la convivencia de cada día dentro del hogar.
Internet
influye, por lo que acabamos de ver, en la vida de muchas personas.
Algunas logran un enriquecimiento profundo en ámbitos como el del saber
o el de las relaciones humanas. Otros, por situaciones previas al acceso
a Internet, o por el hecho mismo de abrirse a horizontes insospechados
de interconectividad (con sus riquezas y con sus peligros) se introducen
en un túnel que los lleva a la adicción a Internet o a otras formas de
pensar y de actuar que les dañan en su vida personal y en sus
relaciones sociales.
Internet,
como cada realidad humana, es ambivalente. Está en las manos de cada
uno saber usarla de modo adecuado, para su propio bien y para el bien de
quienes viven a su lado.
|