Preparativos
Era ya el jueves, el primer día de los ázimos. Desde esa noche, en las casas de los judíos no podía haber pan fermentado.
Los discípulos dijeron a jesús:
- ¿Dónde quieres que preparemos la comida de Pascua?
Comer la Pascua era tomar unos alimentos concretos, un día concreto, conforme a un concreto ritual.
Los alimentos eran pan ázimo, hierbas amargas, y el cordero asado a fuego, sin que se le hubiese quebrado ningún hueso.
El día era el 14 de Nisán, un mes judío que abarcaba parte de marzo y parte de abril.
El ritual era: comerlo de pie, ceñida la cintura, calzados los pies, y el bastón en la mano; y comerlo' a toda prisa.
El hijo pequeño preguntaba al padre por qué se cenaba así esa noche. Y el padre hacía para toda la familia una catequesis acerca, de la Pascua. Una vez hecho esto, todos se ponían a la mesa y continuaba la cena normal.
La respuesta de Jesús es:
- Id ala ciudad, a casa de cierta persona, y habladle.
Así lo recoge san Mateo, de modo muy indeterminado. No dice el nombre de la persona. Es ¡cualquiera!. Cualquiera puede ser quien abra las puertas de su casa, de su vida, para que Cristo celebre en ella su Pascua.
- El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa hago la Pascua con mis discípulos.
Los Apóstoles había dicho "comer la Pascua" (fághein). Jesús dice "hacer la Pascua" (poiéin). Quizá no tenga demasiada importancia, y quizá ambas expresiones signifiquen exactamente lo mismo. De todas formas, san Mateo lo escribe así. Para los Apóstoles esa Pascua era una más entre las Pascuas de los Judíos, a las que estaban acostumbrados, en las que habían participado tantas veces, quizá cada año. Para Cristo no era eso, no era una Pascua como aquellas en las que participaba, desde niño, con sus padres. Esta Pascua era distinta, no era algo que Cristo simplemente "comía" sino que "la hacía", la realizaba, más hondo todavía, "la creaba", con creación divina, omnipotente. En esta Pascua Cristo no es un comensal, es el "Poietós", el Hacedor, el Supremo Hacedor: Iba a "hacer" su Pascua. Se trata de una obra más grande, mucho más, que aquella antigua, al principio, en la que Dios "fecit coelum et terram" creó los cielos y la tierra.
Todo se dispuso tal cual. Y al atardecer de ese mismo jueves, jesús se puso a la mesa con sus discípulos.
Revelación del traidorNo sabemos en qué momento.
"Mientras comían... "
Casi seguro antes de empezar la segunda parte de la Cena. Jesús desahogó su corazón.
- Uno de vosotros me va a entregar.
Una sombra de tristeza uso crespones amargos en el corazón Se los Apóstoles:
- ¿Acaso soy yo, Señor?
Lo preguntó Pedro, Juan y Andrés...
En ese momento ninguno se fiaba de su fidelidad futura.
Si Jesús decía que uno lo iba a entregar...
Ninguno de los Apóstoles fieles pensaba mal de sus compañeros. Cada uno prefería pensar mal de sí mismo, pensar que podría llegar -aunque no lo viese en absoluto reflejado en su conciencia- a aquel mundo de horror: traicionar a su Maestro.
- ¿Acaso soy yo, Señor?.
Quizá el Señor, con la mirada, tranquilizaba a cada uno de los que preguntaban. Sólo Judas no había preguntado.
- El que come conmigo en la misma fuente, ése me va a entregar.
Todo un mundo de responsabilidad deicida en esa mano traicionera que mojaba el pan en la salsa de aquella misma fuente en la que lo hacía Cristo. ¡Más le valdría no haber nacido!.
Pero la muerte de Cristo no es, en primer lugar, fruto de esa traición, sino cumplimiento de un plan -sicut scriptum est- que estaba escrito y entraba en los designios de Dios.
Quizá Judas pensó que los demás se habían dado cuenta de su silencio.
- ¿Acaso soy yo, Maestro?
- Tú lo has dicho.
No lo consigna el evangelio, pero casi seguro que, en ese momento, Judas salió del Cenáculo.
Institución de la Eucaristía"Mientras comían... "
De nuevo aparece la misma palabra.
Es la segunda parte de la Cena,cuando ya se sentaban a la mesa.
En un momento, mientras comían, jesús tomó un pan, y sobre ese pan hizo tres gestos: lo bendijo, lo partió y lo dió a sus discípulos.
Y les dice (en presente) simultáneamente, a la vez que se lo daba:
- Tomad, comed.
Tomad: es el mismo verbo con que El había tomado el pan en sus manos. El mismo verbo, el mismo amor, la misma sintonía de sentimientos, la misma unidad.
Comed: fághete!. Es comer masticando. No ciertamente en el sentido de los cafarnaítas, pero sí con todas las exigencias de la verdadera presencia real, en los antípodas de un mero espiritualismo desencarnado.
- Esto es mi Cuerpo.
¡El Cuerpo de Cristo!. ¡Cristo!. Justo a Cristo, su Cuerpo -y por concomitancia, su Sangre, su alma y su divinidad- es lo que los discípulos recibían y comían.
Después jesús tomó un cáliz, una copa, y sobre él hizo una acción de gracias, y lo dió a sus discípulos -igual que había hecho con el Pan- diciendo:
- Bebed todos de él... Esto -ésta- es mi Sangre -de la Llueva Alianzaderramada por muchos para el perdón de los pecados.
¡La Sangre de Cristo!. La Sangre de la Nueva Alianza.
La Alianza antigua también había sido sellada con sangre: "Mandó Moisés que se ofreciesen holocaustos como sacrificios de comunión con Yahweh. Y tomó la Sangre y la derramó sobre el altar... y roció con ella al pueblo, diciendo: Esta es la sangre de la Alianza que Yahweh ha hecho con vosotros".
Antigua Alianza en Moisés, Nueva Alianza en Cristo; Sangre de toros y machos cabríos, Sangre de Dios hecho hombre; sacrificios de la antigua Ley, Sacrificio definitivo del Nuevo Testamento.
Hemos encontrado la palabra clave, la más fundamental, la que define desde su raíz el misterio de la Cena del Señor: la Eucaristía, esta Eucaristía que Cristo celebra en el Cenáculo de Jerusalén, y que manda a los suyos celebrarla hasta que El vuelva es, ante todo, un sacrificio. ¿Es comida, es bebida?. Lo es: "Tomad y comed..." ¿Es presencia verdadera de Cristo?. Lo es: "Esto es mi Cuerpo, esta es mi Sangre..." Pero es Cuerpo y Sangre de una víctima que se entrega en sacrificio, es realidad de esa presencia victimal. La Eucaristía es el sacrificio de la Nueva Alianza en el que es asumida y superada -llevada a su absoluta plenitud- la alianza antigua en la sangre de animales, que eran puro símbolo, mera sombra, de la realidad definitiva -nueva y eterna- que tendría lugar en Cristo.
San Mateo dice que esa Sangre de Cristo, la que está en el cáliz -y lógicamente su Cuerpo del mismo modo entregado- se derrama "en remisión de los pecados". También aquí se asume otra dimensión de los sacrificios del Antiguo Testamento, en concreto el sacrificio de la Expiación -Ion Kyppur- que se ofrecía una vez al año, precisamente para el perdón de los pecados. También en esto se pone de relieve la dimensión fundamental y primaria de la Eucaristía, su aspecto sacrificial y sagrado, con esa dirección amorosa a Dios. El sacrificio -acción sagrada- tiene connotaciones de íntima reverencia, de sumisión, de súplica, ansias de unión con Dios; su aspecto es netamente religioso, de religación con Aquel a quien se ofrece; el sacrificio es plena y absolutamente cultual, y se dirige totalmente a Dios.
Este es el misterio de la última Cena de Cristo, de la Eucaristía, que la Iglesia ya nunca dejará de celebrar en el curso de los siglos, fiel al mandato del Señor: "Haced esto en conmemoración mía ", pues cada vez que coméis el pan y bebéis el cáliz anunciáis la muerte del Señor hasta que vuelva.