La
Biblia, un libro escrito hace milenios que sigue atrayendo en el siglo
XXI
Jorge Enrique Mújica Ha nutrido el arte sirviéndole como fuente
de inspiración durante siglos. Buena parte de la literatura mundial ha
tomado de ella detalles, frases, ideas e imágenes. Filósofos, psicólogos,
lingüistas, pedagogos, historiadores, arqueólogos, científicos y teólogos
la han hecho materia prima de sus estudios y análisis. Hoy por hoy
sigue siendo el libro más vendido de toda la historia de la humanidad y
la llegada de Internet no ha hecho sino posibilitar aún más su difusión.
Sin embargo, ¿qué impacto tiene hoy la Biblia en el mundo? ¿Queda su
huella reducida a un esplendoroso e influyente pasado? ¿Su vital
contribución a la forja de una civilización occidental es parte de un
tiempo que ha quedado atrás? El próximo mes
de octubre de 2008 tendrá lugar en el Vaticano, un sínodo de obispos y
expertos sobre la Biblia (del 5 al 26 de octubre). Convocado por
Benedicto XVI, el sínodo pretende revitalizar el papel de la Biblia en
la vida de los cristianos. Con miras a ese acontecimiento, en abril de
este año, la Gfk-Eurisko, realizó una investigación sobre la
incidencia de las Sagradas Escrituras en la sociedad. ¿Tiene actualidad
la Biblia en el siglo XXI? Según los datos arrojados por las encuestas,
todo indica que sí. En el último año,
según reporta la investigación de Gfk-Eurisko, han leído al
menos un fragmento de la Biblia el 20% de los españoles, el 27% de los
italianos y el 36% de los ingleses. En Polonia el porcentaje llega a
38%, en Rusia al 35% y en Estados Unidos al 75% (o lo que es lo mismo, 3
de cada 4 estadounidenses). El análisis
también muestra que el 37% de los entrevistados en Estados Unidos,
utilizan ordinariamente la Biblia para rezar. Un valor que también es
alto en países como Polonia (32%), mientras que baja en Alemania (13%),
Italia (9%) y España (6%). Las Sagradas Escrituras se pueden encontrar
en una buena cantidad de hogares, aunque en Francia desciende la
presencia a menos del 50% de los mismos. Si bien el
estudio sólo fue hecho en algunos países (Estados Unidos, Gran Bretaña,
Holanda, Alemania, España, Francia, Italia, Polonia y Rusia), los
resultados son ciertamente sintomáticos y significativos. Tal vez el más
llamativo, es la alta estima en que muchas personas tienen a la Biblia,
valoración que lleva una petición: ayuda para entenderla y
aprovecharla mejor en la vida diaria. En países como Rusia,
Polonia, Italia, Reino Unido y Alemania, incluso hay una media superior
al 50% que se inclina a favor del estudio de la Biblia en las escuelas públicas.
Una posición que va muy a tenor de lo que el famoso literato italiano,
Umberto Eco, pensó cuando puso el dedo sobre la llaga al plantear por
qué los niños deben saber todo sobre los héroes de Homero y nada
sobre Moisés. El próximo sínodo
será una oportunidad para reivindicar su valor y pregonar su
actualidad. Por lo pronto, y casi a la par del sínodo, del 5 al 11 de
octubre, la cadena de televisión pública italiana RAI, apoyada por el
Centro Televisivo Vaticano y el Pontificio Consejo para la Cultura,
pondrán al aire el programa en vivo titulado “La Biblia día y
noche” (www.labibbiagiornoenotte.rai.it).
Siete días dedicados enteramente a la lectura integral del texto
Sagrado donde más de 1,200 lectores se alternarán para llevar a
cumplimiento el proyecto. El primero de ellos será –nada menos– el
mismísimo Santo Padre desde el Palacio Apostólico. Leerá el primer
capítulo del libro del Génesis. Le seguirá el gran rabino de Roma,
Riccardo Di Segni, entre otras personalidades, para concluir con el último
capítulo del libro del Apocalipsis, que será leído por el cardenal
secretario de Estado, Bertone. Está claro que a la Biblia se siguen acercando millones de personas: creyentes y no creyentes. Para las primeras es un foco de espiritualidad, la voz de Dios que habla hoy a sus mentes y a sus corazones. Para los otros, un rico y hondo libro de belleza literaria incomparable que, guste o no, ha moldeado nuestra cultura. Y ya este detalle vale como para no dejarla fuera de ninguna vida
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