La
dialéctica de Aristóteles y el aborto
Fernando
Pascual | fpa@arcol.org
La
dialéctica era, para Aristóteles, una técnica que ayuda a discutir
con habilidad. Al presentar esta técnica, sobre todo en los Tópicos,
Aristóteles mostraba la importancia de conocer las opiniones comunes y
reconocidas, las ideas aceptadas mayoritariamente en la sociedad, para
usarlas a la hora de “combatir” y “vencer” al interlocutor.
La
técnica no quedó circunscrita al mundo griego, sino que se ha aplicado
y se aplica de muchas maneras. También al tema del aborto, como podemos
apreciar con frecuencia.
Pensemos
en un debate en el que discuten dos personas, una a favor y otra en
contra del aborto. En muchos de esos debates resulta más fácil
organizar las frases para hacer ver como absurda la posición contraria,
en vez de defender el propio punto de vista. En ese sentido, quizá los
defensores del aborto son más hábiles que los enemigos del aborto.
Para
derrotar a un defensor de la vida, el defensor del aborto puede recurrir
(de hecho, muchas veces lo hace) a varias “opiniones comunes” (que
pueden ser verdaderas o falsas, pero que se caracterizan por el hecho de
haber sido aceptadas de un modo generalizado). Es decir, aplica lo que
ya enseñaba Aristóteles en su tiempo. Podemos evocar algunos ejemplos
concretos de este tipo de argumentaciones:
1.
Ir contra el aborto es típico de quien desea imponer una maternidad a
la mujer. Es decir, los pro-vida irían en contra de una idea muy
aceptada (opinión común) en la sociedad moderna: somos libres, y nadie
puede imponer a los demás nada, mucho menos respecto del propio cuerpo.
2.
Ir contra el aborto implica someter las leyes civiles a la moral de
algunos grupos religiosos, cuando vivimos en un mundo laico donde todos
tienen derecho a vivir según sus principios personales, sin que nadie
imponga creencias privadas al conjunto de la sociedad.
3.
Ir contra el aborto significa perpetuar una mentalidad machista que
somete a las mujeres a costa de esclavizarlas a través de la
maternidad, cuando el mundo moderno no quiere para nada volver a
actitudes machistas (es decir, el mundo moderno sería abortista por
definición, según este “argumento”).
4.
Ir contra el aborto limita la libertad sexual de la mujer mientras
mantiene los privilegios del hombre. Gracias a la educación y a nuevos
métodos (en concreto, el uso generalizado de métodos anticonceptivos,
y el recurso al aborto “en casos de emergencia”) la mujer ya ha
tomado conciencia de sus derechos y puede disfrutar de la sexualidad al
mismo nivel que los varones: sin tener que someterse a embarazos no
deseados.
5.
Ir contra el aborto es desconocer los progresos de la ciencia, pues la
mayoría de los médicos y los científicos consideran que uno llega a
ser persona humana sólo a partir de cierta etapa de su desarrollo, y no
en el momento de la concepción como defienden, con muy poco respeto a
la ciencia, los grupos pro-vida.
La
lista de este tipo de argumentaciones podría ser mucho más larga. El
enemigo del aborto (es decir, el defensor de la vida del hijo) parece
quedar arrinconado ante argumentos que lo ponen contra las opiniones
comunes, contra ideas que han calado en muchos corazones.
Pero
si vamos más allá de las técnicas dialécticas, podemos reconocer que
una discusión así llevaba no necesariamente conduce a la verdad. El
mismo Aristóteles era consciente de que una persona puede refutar
(vencer) a otra a través del recurso a las opiniones comunes, al mismo
tiempo que tal refutación no deja de ser fruto de engaño, de
manipulación, o simplemente un juego argumentativo que no lleva a
ninguna verdad concreta sino que sirve simplemente para ridiculizar al
adversario.
Si
vemos los cinco argumentos apenas presentados, podremos reconocer que
todos dejan de lado el núcleo central de la cuestión: en cada aborto
es eliminada una vida humana en sus fases iniciales.
En
otras palabras, el aborto no es un gesto intrascendente por el cual una
mujer queda libre de una agresión injusta o consigue defender sus
derechos. Es un gesto sumamente grave, con el cual una madre permite (o
provoca directamente, con el uso de abortivos farmacológicos o con
otros métodos) el que su hijo sea eliminado dentro de sus entrañas.
Por
eso, una argumentación bien llevaba ayudaría a todos a reconocer algo
que también es una “opinión común” de nuestras sociedades: nunca
se puede eliminar una vida humana para satisfacer deseos o proyectos
personales, por muy profundos y “buenos” que éstos sean.
En
los muchos conflictos de deseos y de proyectos que caracterizan la vida
de las personas, se pueden llevar a cabo actos legales, protestas,
huelgas, siempre que no se dañen los derechos básicos de otros, sobre
todo el derecho a la vida de los inocentes.
Por
eso, una mujer que inicia el embarazo y quiere vivir según sus planes
personales, que no se siente preparada para asumir sus responsabilidades
de madre, que tiene miedo a las enormes presiones de quienes están a su
lado, que teme la marginación social o la pérdida del puesto de
trabajo, puede realizar aquellas acciones necesarias para defender sus
derechos como mujer, pero nunca a costa de la vida de un ser humano
inocente: su propio hijo.
Vale
la pena recordarlo, para que en los debates sobre el aborto no se creen
espejismos de argumentos que deslumbran y que pueden llevar a victorias
fatuas, pero que en el fondo encierran una derrota profunda. Porque
siempre es derrota el que un pueblo permita que las mujeres puedan dar
la “orden” que termina con la vida de los propios hijos.
Frente
a esa derrota, los amigos de la vida (por eso son enemigos del aborto)
tenemos que trabajar en serio para promover una cultura que proteja al más
débil de los seres humanos: al hijo antes de nacer; y que ayude a las
madres en dificultad para que reconozcan qué alternativas y ayudas
existen para su situación concreta.
Así
será posible no sólo eliminar leyes que han permitido millones de
abortos mal llamados “legales”, sino sobre todo defender a la mujer
en su dignidad y su nobleza intrínseca, con las cuales puede luchar a
favor de sus hijos y, en el fondo, a favor de un mundo más justo, más
humano y más bueno.
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