La encíclica sobre la fe ya la pintó Rafael
En vez de una nueva encíclica, Benedicto XVI está escribiendo el
tercer volumen de su trilogía sobre Jesús. Que tiene en la
Transfiguración sobre el Tabor su centro focal. Un liturgista y un teólogo
explican por qué
por Sandro Magister
ROMA, 10 de agosto 2010 – Hace cuatro días, fiesta litúrgica de la
Transfiguración, "L'Osservatore Romano" ha vuelto a proponer
a sus lectores la visión de la homónima pintura de Rafael, definido
"el cuadro más bello del mundo".
Última obra del gran pintor, la "Transfiguración" fue
colocada en 1520 sobre el altar mayor de la iglesia romana de San Pedro
en Montorio, donde permaneció hasta 1797, cuando fue llevada a Francia
por Napoleón.
Volvió a Roma quince años después y desde entonces está expuesta en
una sala de los Museos Vaticanos.
Justamente monseñor Marco Agostini, oficial de la segunda sección de
la secretaría de Estado, uno de los maestros de ceremonia pontificio y
cultor de liturgia y arte sagrados, ha lamentado en un artículo en
"L'Osservatore Romano" que esta ubicación impropia le quita a
la pintura "tres cuartos de su capacidad de palabra".
En efecto, sobre el altar, durante la misa, la "Transfiguración"
ayudaba al sacerdote y a los fieles a "ver" el misterio
celebrado, a identificar en la blanca hostia consagrada a Cristo
glorioso. Era por esto que Rafael la había pensado y pintado. Mientras
que en un museo esta potencia expresiva y esta función litúrgica
desaparecen.
En su comentario, monseñor Agostini ha llamado la atención sobre la
figura que está al centro de la parte inferior de la pintura de Rafael:
la mujer que, arrodillada, indica con el gesto a los apóstoles que
cuiden al niño amenazado por el maligno y que lo curen con la fuerza de
la fe.
Porque la mujer – que en el proyecto inicial de Rafael debía ser la
madre del niño – personifica precisamente la fe. Una fe que vence la
incredulidad de la que los mismos apóstoles son tentados. Una fe
luminosa como el Cristo transfigurado, al quien todo se remite.
Se dice que después las encíclicas sobre la caridad y la esperanza
Benedicto XVI está escribiendo una encíclica sobre la otra de las tres
virtudes teologales, la fe. En realidad no es así. En Castel Gandolfo
– donde se ha retirado a inicios de julio y se quedará hasta octubre
– el Papa está escribiendo más bien la tercera parte de su libro
"Jesús de Nazaret", la que está dedicada a los Evangelios de
la infancia.
El primero de los tres volúmenes se publicó en el 2007. El segundo ya
ha sido entregado a la imprenta y saldrá contemporáneamente en varias
lenguas en la Cuaresma del 2011.
Es importante resaltar que la Transfiguración de Jesús tiene una parte
central en la obra completa. Hasta ella llega el primer volumen y de
ella parte el segundo que se centra en la pasión, muerte y resurrección
de Jesús.
En efecto, en la Transfiguración – ha escrito Benedicto XVI en el
primer volumen – "la divinidad de Jesús va junto a la
cruz". Jesús habla con Moisés y Elías de la
"necesidad" de su pasión. Aquel misterio "que Dios ha
establecido antes de los siglos" (1Cor 2,7) de revela en Cristo
crucificado.
No por casualidad, en el célebre mosaico absidal de la basílica de
Santa Apolinaria en Clase, en Revena, del siglo V, el Cristo
transfigurado está representado por una gran cruz con gemas, sobre un
fondo de cielo estrellado.
Pero también en la "Transfiguración" de Rafael Jesús tiene
los brazos abiertos como en la cruz.
Aparte de ser centro de la narración evangélica, la Transfiguración
es pues necesariamente también foco central de toda teología orientada
a explorar el misterio de Cristo.
Y es lo que ha explicado – pocos días antes de la Transfiguración en
"L'Osservatore Romano" – el teólogo Inos Biffi en el
magistral artículo reproducido a continuación más abajo.
Monseñor Inos Biffi enseña en la facultad teológica de Milán y de
Lugano. Es especialista en teología medieval y ha escrito para
Benedicto XVI las líneas de algunas de sus catequesis de los miércoles
dedicadas a las figuras más representativas de la Iglesia de aquel
periodo. Su "opera omnia" está proceso de publicación en la
editorial Jaca Book.
En unos tiempos en los que surgen teólogos que sin modestia anuncian
que ellos refundan "ex novo" la ciencia teológica adecuándola
a los tiempos presentes, el artículo de Inos Biffi muestra cómo
reconocer una auténtica teología cristiana.
__________
UN MÉTODO INFALIBLE PARA RENOVAR LA TEOLOGÍA
por Inos Biffi
Si en el origen de la teología está el misterio cristiano, y ella se
le puede definir como "intelecto de la fe", no es pensable que
en una determinada época se le pueda rehacer completamente desde cero.
En los diferentes tiempos ella es alimentada por una tradición
ininterrumpida de contenidos y también de lenguaje, que no admite
discontinuidad drástica y revolucionaria, so pena de la pérdida de la
identidad. Es lícito al menos que crezca en nosotros una cierta
perplejidad ante un teólogo que está convencido de proponer doctrinas
teológicas inusitadas y singulares, nunca enseñadas antes de él.
Sin embargo, no por esto la teología está destinada a una pura
repetición. La historia misma de la teología muestra cuanto se ha
renovado ésta de modo variado y también profundo sin romper la
continuidad. Pero no para tener en cierto modo oculto o desatendido el
misterio; al contrario, para dejarlo brotar con más fuerza y
coherencia.
La teología no se deja impresionar y condicionar por el mito del
devenir y del progreso, consciente como es de que ella ha nacido y sigue
renaciendo de las fuentes inagotables e inmodificables de la revelación
divina —que se ha cumplido y que no se agota—, de la comunión con
la Palabra de Dios —antigua y siempre nueva—.
También es verdad que en la renovación de la teología puede aportar
una nueva filosofía, pero con la condición de que ella ofrezca, por
decir así, un espacio más abierto a la prevalencia y a la inteligencia
del misterio y que sea ejercitada dentro del "intelecto de la
fe".
Es significativo que el genial historiador de la teología medieval,
Marie-Dominique Chenu, afirme que "no es el ingreso de Aristóteles
lo que determina el pensamiento de santo Tomás, así como no es
el renacimiento de la Antigüedad lo que constituye la teología del
siglo XIII". Este renacimiento representa solamente un componente
de renovación: su impulso y su incremento son atribuidos al
"evangelismo", como él lo llama.
Sin decir que no podrá jamás ser la filosofía la que juzgue la
validez de una teología —este juicio sólo le toca a la Palabra de
Dios— la teología podrá juzgar la pertinencia o no de una filosofía
para llegar a la inteligencia de la fe.
*
Pero aquí no nos interesa ilustrar la relación entre la filosofía y
la teología cristiana, sino indicar la opción gracias a la cual la
teología podría o debería recibir una profunda renovación o un nuevo
ordenamiento: una opción por lo demás imprescindible, porque está
fundada en el acontecimiento del cual nace la fe y por lo tanto el
"intelecto de la fe".
Esta vía es el cristocentrismo.
Verdaderamente, no se trata para nada de una novedad. La teología
cristiana siempre ha tenido en su centro a Jesucristo; ha nacido y se ha
desarrollado a partir de su acontecimiento.
Pero quizá esta originaria centralidad requiere de una traducción más
rigurosa, más coherente y más completa. Ante todo a partir de la misma
definición de cristocentrismo.
Ello no significa solamente la excelencia de Cristo respecto a todo el
resto, sino su predestinación a ser la razón incondicionada de todo lo
que Dios ha llamado y llama a la existencia.
Pero son necesarias otras imprescindibles y esenciales precisiones.
Cuando se habla de cristocentrismo, no se pretende sólo afirmar el
primado del Verbo, sino el primado o la "precedencia" en el
designio de Dios del Verbo encarnado, muerto y resucitado, mediante el
cual, en el cual y en vista del cual, "fueron creadas todas las
cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles"
(Col 1,15-17). Obviamente no de manera alternativa sino como
cumplimiento de la perspectiva joánica, según la cual no hay nada que
no haya sido hecho por medio del Verbo (Jn 1,3)
El "Primogénito sobre todas las cosas" (Col 1,18) es,
exactamente, el Crucificado glorificado, que antecede a todo, y del cual
todo parte. Es como decir que Jesús redentor, con la gracia de su perdón,
es el fundamento ontológico y el motor histórico de toda cosa (ver
Col. 1, 17), el Objeto del eterno "propósito" de Dios.
La primera carta de Pedro habla de la "sangre preciosa de Cristo,
cordero sin tacha y sin mancilla", "predestinado antes de la
creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos" (1,
19-20). Y en cuanto a los profetas afirma que "procurando descubrir
a qué tiempo y a qué circunstancias se refería el Espíritu de
Cristo, que estaba en ellos, cuando les predecía los sufrimientos
destinados a Cristo y las glorias que les seguirían." (1,11)
Pero si Jesús resucitado de la muerte es el Predestinado, quiere decir
que la figura de humanidad originalmente ideada y "preferida"
por Dios es la humanidad glorificada del Hijo, a cuyo éxito está
orientada toda la historia.
En ella toda humanidad encuentra su razón y su modelo: todos los
hombres están predestinados, creados "en gracia", o sea
"predestinados a reproducir la imagen del Hijo, para que fuera Él
el primogénito entre muchos hermanos" (Rom 8,29).
Nosotros podemos definir todo lo que hemos descrito con las palabras de
Pablo: "Misterio de Dios que es Cristo" (Col 2,2), o más
precisamente: "Sabio misterio de Dios" que es "Cristo
crucificado" (cfr. 1Cor 1,21.23).
*
Sin embargo, la tarea de la teología es la exploración de este
misterio. Quien se dedica a ello tiene la misión de "sabiduría de
Dios, misteriosa, escondida, destinada por Dios desde antes de los
siglos" (1Cor 2,7).
Es sobre este "realismo" que se edifica la teología
cristiana, a la que no interesa diluirse en el mundo de los planos o de
los diseños divinos hipotéticos. Lo que podría haber hecho Dios lo
sabe sólo Él. Todo ha sido creado en la gracia de Jesucristo
crucificado y resucitado.
En particular, ha sido motivada sobre dicha gracia la naturaleza del
hombre. Una "naturaleza pura" para un "puro" fin
"natural" no ha existido nunca y de ella nosotros no podemos
saber nada.
De hecho, el "Original" que a la sagrada doctrina le importa
conocer ante todo y —por lo tanto— el primer objeto del interés
teológico, es el Crucificado glorioso predestinado desde siempre, y,
por tanto, su vida con sus acontecimientos, en los cuales ocurre la
manifestación detallada del eterno plan generado y motivado por la
divina misericordia.
En este sentido la teología cristiana es originalmente crística: el
Cristo resucitado de la muerte describe y ofrece exhaustivamente todo su
objeto. Él es el Objeto que se trata de entender, en cuanto concreta e
histórica "narración" del designio (cf. Jn 1,18). Es la
dimensión que la cristología debe asumir.
Pero Cristo no se detiene en sí: Él es el Hijo y, por tanto, es quien
remite al Padre, a quien ninguno ha visto y del cual es la epifanía, y
es el testimonio del Espíritu. En Él se encuentra la Trinidad, que se
revela como Trinidad creadora y misericordiosa, que está al principio
de un orden querido como una iniciativa de misericordia.
Es el orden que el teólogo está llamado a estudiar, que interesa
particularmente al hombre, que sin embargo aparece precedido, antes de
su creación, por un mundo angélico ya marcado por Cristo y por las
decisiones relativas a Él: de acogida o de rechazo, o sea de pecado.
En particular, Cristo se nos revela como un Dios que, en su amor
misericordioso, dona al Hijo, predispuesto como perdón del pecado del
hombre, el cual encuentra, así, su beneficio no en venir al mundo, sino
en el ser redimido. Como escribe san Ambrosio: "Non prodesset
nasci, nisi redimi profuisset" (Expositio evangelii secundum Lucam,
II, 41-42).
La sagrada doctrina extraída entonces de la antropología, es decir del
hombre existente únicamente como dispuesto en la gracia y en la gloria
de la Cruz: una gracia y una gloria en acto en los sacramentos, que Tomás
de Aquino vio en su integridad sostenida por la "energía de la
pasión de Cristo" (Summa Theologiae, III, 62, 5, c).
Es fácil entonces advertir de qué cosa trata la eclesiología:
exactamente de la humildad que sube desde la Pascua de Cristo y se
encuentra configurada e íntimamente asociada al Señor resucitado de la
muerte.
En cuanto a la eclesiología, ella es la exploración de la gloria y por
tanto del triunfo del Crucificado: una gloria que trasciende y atrae la
historia y es el fin por el cual el hombre y con él todas las cosas han
sido creadas y queridas desde la eternidad.
Si es verdad que la teología cristiana siempre ha hecho esto,
consideraría sin embargo que es posible, más aún, necesario, volver a
centrarla en un modo más coherente y profundo aún, en el
cristocentrismo. Sólo de aquí vendría un fuerte, admirable impulso de
renovación, que vanamente se buscaría en otra parte.
__________
El diario vaticano en el que salió el artículo de Inos Biffi, el 27 de
julio del 2010:
>
L'Osservatore Romano
__________
El artículo de Marco Agostini sobre la "Transfiguración" de
Rafael, en "L'Osservatore Romano" del 6 de agosto del 2010:
>
"El cuadro más bello del mondo"
__________
Traducción en español de Juan Diego Muro, Lima, Perú.
__________
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6.8.2010
>
Quiénes van a Misa y quiénes no. El incierto mañana de la Italia católica
La práctica religiosa permanece en niveles altos, pero se derrumba
entre los jóvenes. En un futuro próximo, para las otras Iglesias de
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3.8.2010
>
Vietnam. Cuánto cuesta un acuerdo diplomático
El Vaticano podrá nombrar un representante. Pero ha debido sustituir al
arzobispo de Hanoi, no grato al régimen. Se aleja la hipótesis de un
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30.7.2010
>
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Como delegado del Papa, el arzobispo De Paolis tiene plena autoridad
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los otros jefes de la congregación fundada por Marcial Maciel, pero
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__________
10.8.2010
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