Encuentro del Papa con los párrocos y el clero
de Roma (II)
CIUDAD DEL VATICANO, martes, 12 febrero 2008
(ZENIT.org).- Como es tradicional a inicios de Cuaresma, Benedicto XVI se
reunió con los párrocos y el clero de la diócesis de Roma el pasado jueves. El
encuentro se desarrolló en forma de diálogo, entre el Santo Padre y los
participantes. Proseguimos con la publicación de las preguntas y de las
respuestas que brindó espontáneamente el Papa.
Se procura ofrecer las diez intervenciones
agrupadas temáticamente, pues no siguieron un orden determinado. La parte I (Dimensión y
visibilidad del diaconado) de este encuentro está disponible en Zenit, 11
de febrero de 2008.
* * *
[Padre Graziano Bonfitto, vicario parroquial
de la parroquia de Ognissanti:]
Santo Padre: soy originario de un pueblo de la
provincia de Foggia, San Marco in Lamis. Soy un religioso de Don Orione y
sacerdote desde hace año y medio, actualmente vice-párroco en la parroquia de
Ognissanti, en el barrio Appio. No le oculto mi emoción, y también la increíble
alegría que tengo en este momento, para mí tan privilegiado. Usted es el obispo
y el pastor de nuestra Iglesia diocesana, pero es siempre el Papa y por lo tanto
el pastor de
[Benedicto XVI:]
Gracias por este bello testimonio de un joven
sacerdote que está con los jóvenes, les acompaña y, como ha dicho, les ayuda a
caminar con Cristo, con Jesús. ¿Qué decir? Todos sabemos lo difícil que es para
un joven de hoy vivir como cristiano. El contexto cultural, el contexto
mediático, aporta todo lo contrario del camino hacia Cristo. Parece
precisamente que hace imposible ver a Cristo como centro de la vida y vivir la
vida como Jesús la muestra. Sin embargo, me parece también que muchos sienten
cada vez más la insuficiencia de todas estas ofertas, de este estilo de vida
que al final deja vacío.
En este sentido me parece que justamente las
lecturas de la liturgia de hoy, la del Deuteronomio (30, 15-20) y el pasaje
evangélico de Lucas (9, 22-25), responden a cuanto, en sustancia, deberíamos
decir a los jóvenes y siempre a nosotros mismos. Como usted ha mencionado, la
sinceridad es fundamental. Los jóvenes deben percibir que no decimos palabras
que no vivamos nosotros mismos, sino que hablamos porque hemos encontrado y
buscamos encontrar cada día la verdad como verdad para mi vida. Sólo si estamos
en este camino, si procuramos asimilar nosotros mismos esta vida y asociar
nuestra vida a la del Señor, entonces también las palabras pueden ser creíbles
y tener una lógica visible y convincente. Insisto: hoy ésta es la gran regla
fundamental no sólo para
La cuestión sigue siendo cómo encontrar la
vida, qué elegir, cómo elegir la vida. Y las ofertas que normalmente se hacen
las conocemos: ir a la discoteca, conseguir todo lo posible, considerar la
libertad como hacer todo lo que se quiera, todo lo que se ocurra en un momento
determinado. Pero sabemos en cambio -y podemos mostrarlo-- que éste es un
camino de falsedad, porque al final no se encuentra la vida, sino realmente el
abismo de la nada. Elige la vida. La misma lectura dice: Dios es tu vida, has
elegido la vida y has hecho la elección: Dios. Esto me parece fundamental. Sólo
así nuestro horizonte es lo suficientemente amplio y sólo así permanecemos en
la fuente de la vida, que es más fuerte que la muerte, que todas las amenazas
de la muerte. Así que la elección fundamental es ésta que se indica: elige a
Dios. Es necesario entender que quien emprende el camino sin Dios al final se
encuentra en la oscuridad, aunque pueda haber momentos en los que parezca que
se ha hallado la vida.
Un paso más es cómo encontrar a Dios, como
elegir a Dios. Aquí llegamos al Evangelio: Dios no es un desconocido, una
hipótesis del primer inicio del cosmos. Dios tiene carne y hueso. Es uno de
nosotros. Le conocemos con su rostro, con su nombre. Es Jesucristo, quien nos
habla en el Evangelio. Es hombre y es Dios. Y siendo Dios, eligió al hombre
para hacernos posible la elección de Dios. Así que es necesario entrar en el
conocimiento y después en la amistad de Jesús para caminar con Él.
Considero que éste es el punto fundamental de
nuestra atención pastoral de los jóvenes, para todos, pero sobre todo para los
jóvenes: atraer la atención sobre la elección de Dios, que es la vida. Sobre el
hecho de que Dios existe. Y existe de modo muy concreto. Y enseñar la amistad
con Jesucristo.
Hay también un tercer paso. Esta amistad con
Jesús no es una amistad con una persona irreal, con alguien que pertenece al
pasado o que está lejos de los hombres, a la diestra de Dios. Él está presente
en su cuerpo, que sigue siendo un cuerpo de carne y hueso: es
Podemos decir que ésta es una visión general,
que brota del contacto con
La sed de Dios existe. Hace poco recibió la
visita ad limina de obispos de un país en el que más del cincuenta por
ciento se declara ateo o agnóstico. Pero me dijeron: en realidad todos tienen
sed de Dios. Escondidamente existe esta sed. Por ello empecemos antes nosotros,
con los jóvenes que podamos encontrar. Formemos comunidades en las que se
refleje
* * *
[Don Paolo Tammi, párroco de San Pío X;
profesor de religión:]
Deseo expresarle sólo uno de los muchos
agradecimientos por el esfuerzo y la pasión con que ha escrito su libro sobre
Jesús de Nazaret, un texto que, como usted mismo ha dicho, no es un acto de
magisterio, sino fruto de su búsqueda personal del rostro de Dios. Ha
contribuido a poner en el centro del cristianismo la persona de Jesucristo y
con seguridad está contribuyendo y seguirá haciéndolo en una paciente justicia
de las visiones parciales del acontecimiento cristiano, como la visión política
en la que se desarrolló la mayor parte de mi adolescencia y la de mis
coetáneos, o la moralista, demasiado insistente -en mi opinión-- en la
predicación católica, o finalmente la que ama definirse desmitificadora de la
figura de Jesucristo, como la ciertos maestros del pensamiento laico que, con
poca sorpresa, la verdad, de golpe se ocupan hoy del Fundador del cristianismo
y de su aventura humana para negar su historicidad o para atribuir su divinidad
a una fantasía de
[Benedicto XVI:]
¡Cómo puedo corregir a los párrocos, que
trabajan tan bien! Podemos sólo ayudarnos recíprocamente. Así que usted conoce
este ambiente laico con distancia no sólo intelectual, sino sobre todo emotiva
de la fe. Y debemos, según las circunstancias, buscar la forma de crear puentes.
Me parece que las situaciones son difíciles, pero usted tiene razón. Debemos
pensar siempre: qué es lo esencial, si bien después puede ser distinto el punto
en el que es posible enlazar el kerigma, el contexto, el modo de actuar.
Pero la cuestión debe ser siempre: ¿qué es esencial? ¿Qué es necesario
descubrir? ¿Qué desearía dar? Y aquí repito siempre: lo esencial es Dios. Si no
hablamos de Dios, si no se descubre a Dios, nos quedamos siempre en las cosas
secundarias. Por lo tanto me parecería fundamental que al menos naciera la
pregunta: ¿existe Dios? Y ¿cómo podría vivir sin Dios? ¿Es Dios verdaderamente
una realidad importante para mí?
Me sigue pareciendo impresionante que el
[Concilio] Vaticano I quisiera precisamente entablar este diálogo, entender con
la razón a Dios -si bien en la situación histórica en la que nos encontramos
necesitamos que Dios nos ayude y purifique nuestra razón. Me parece que ya se
está buscando responder a este desafío del ambiente laico respecto a Dios como
la cuestión fundamental, y después respecto a Jesucristo como la respuesta de
Dios. Naturalmente diría que existen los preambula fidei, que tal vez
constituyen el primer paso para dejar abierto el corazón y la mente hacia Dios:
las virtudes naturales. Estos días he recibido la visita de un jefe de Estado,
quien me dijo: no soy religioso, el fundamento de mi vida es la ética
aristotélica. Es ya algo muy bueno, y nos sitúa junto a santo Tomás, en camino
hacia la síntesis de Tomás. Y por lo tanto puede ser éste un punto de contacto:
aprender y hacer compresible la importancia para la convivencia humana de esta
ética racional, que después se abre interiormente -si se vive
consecuentemente-- a la cuestión de Dios, a la responsabilidad ante Dios.
Así que me parece que, por un lado, debemos
tener claro ante nosotros qué es lo esencial que queremos y debemos transmitir
a los demás y cuáles son los preambula en las situaciones en las que
podemos dar los primeros pasos: en verdad precisamente hoy una primera
educación ética es un paso fundamental. Es lo que hizo también el cristianismo
antiguo. Cipriano, por ejemplo, nos dice que antes su vida era totalmente
disoluta; después, viviendo en la comunidad catecumenal, aprendió una ética
fundamental y de tal modo se abrió el camino hacia Dios. También san Ambrosio
en la vigilia pascual dice: hasta ahora hemos hablado de la moral, ahora
vayamos a los misterios. Habían hecho el camino de los preambula fidei con
una educación ética fundamental, que creaba la disponibilidad para comprender
el misterio de Dios. Por lo tanto diría que tal vez debemos realizar una
interacción entre educación ética -hoy tan importante-- por un lado, también
con su evidencia pragmática, y al mismo tiempo no omitir la cuestión de Dios. Y
en este entrelazamiento de dos caminos me parece que tal vez un poco
conseguimos abrirnos a ese Dios que sólo puede dar la luz.
* * *
[Don Daniele Salera, vicario parroquial en
Santa María Madre del Redentor en Tor Bella Monaca; profesor de religión:]
Santidad: soy don Daniele Salera, sacerdote
desde hace 6 años, vicario parroquial en Tor Bella Monaca; allí enseño
religión. Al leer su carta sobre la tarea urgente de la educación he tomado
nota de algunos aspectos para mí significativos y de los que me gustaría
dialogar con usted. Ante todo encuentro importante su orientación para la
diócesis y la ciudad. Esta distinción da razón de las distintas identidades que
la componen e interpela, en la libertad a la que usted, Santidad, alude,
también a los no creyentes. Desearía transmitirle es estos pocos instantes la
belleza de trabajar en la escuela con colegas que por diversos motivos ya no
tienen una fe viva o no se reconocen en
* * *
[Benedicto XVI:]
Gracias por este reflejo de sus experiencias
en la escuela actual, de los jóvenes de hoy, también por estas preguntas de
autocrítica para nosotros. En este momento sólo puedo confirmar que me parece
muy importante que
Y me parece también un aspecto de la formación
cultural hoy. Conocer qué es la fe cristiana que ha formado este continente y
que es una luz para todos los continentes. Los modos en que se puede hacer
presente y accesible al máximo esta luz son diversos y soy consciente de que no
tengo una receta para esto; pero la necesidad de ofrecerse a esta aventura,
bella y difícil, es realmente un elemento del imperativo del Evangelio mismo.
Roguemos para que el Señor nos ayude a responder a este imperativo de hacer que
llegue a todas las dimensiones de nuestra sociedad su conocimiento, el
conocimiento de su rostro.
Traducción del original italiano por Marta Lago