La
infidelidad, ¿de moda?
Carolina
Garza de López | carolina.garza@gmail.com
“Me
voy a divorciar”. “Si sabes contar, no cuentes conmigo”.
“A mi no me comprometas”, etc. Todas estas frases y otras que
se han hecho muy populares en los últimos años, son una
manifestación del desconocimiento que existe hoy en día de lo que
significa el compromiso, y más aún ofrecer la palabra.
Basta
ojear una revista o periódico de espectáculos para suponer que la
infidelidad está de moda. Y es que por lo general, un buen
número de sus páginas las dedican a “el infiel” o “la infiel”
en turno.
Son
abundantes las notas sobre divorcios e infidelidades matrimoniales de
gente famosa que se publican hoy en día en los medios de comunicación.
De
ahí que vayan en aumento los matrimonios que contraen nupcias con la
idea de “mientras nos funcione”.
Esta
forma de pensar también afecta ya a algunos jóvenes con supuesta
vocación sacerdotal.
“Veré
si esto es para mí”, le decía un joven a sus padres días
antes de su ordenación sacerdotal.
La
realidad es que en estos tiempos, muchos tienen la idea equivocada
de que no se puede comprometer el mañana sin saber lo que sucederá en
el futuro. Y esta mentalidad superficial, y sin apego al compromiso, es
la misma que reclama y promueve por todos lados la posibilidad de romper
cualquier obligación contraída cuando las circunstancias lo ameriten.
Por
eso urge reflexionar en la virtud de la fidelidad. En lo que
representa para nuestra vida, y como podemos recuperarla.
La
fidelidad puede definirse como la decisión voluntaria y absoluta de una
persona a una causa. Cuando uno se consagra en cuerpo y alma a una
empresa, y obra firmemente a su servicio.
Karol
Wojtyla escribió que “el amor que no es para siempre, no es
amor”. De ahí que la fidelidad no es un sentimiento efímero o
pasajero, sino una actitud que emana de la conciencia.
Los
seres humanos estamos dotados de la inteligencia y la voluntad que nos
dan la capacidad de superar cualquier capricho, egoísmo o vanidad que
se nos presente.
Ser
fiel a alguien o a algo significa poner toda la voluntad para enamorarse
apasionadamente de aquel o de aquello.
Conocí
a un matrimonio de 10 años de casados que sufrieron una tragedia: la
esposa enfermó de una profunda depresión. Por años el esposo,
además de su trabajo se hizo cargo de las labores de su esposa. Padre y
madre a la vez fue este señor por varios años.
Me
contó que en alguna ocasión unos amigos lo invitaron a “echarse una
cana al aire” e irse de juerga una noche. A lo que él les
respondió. “Yo no me casé para ser fiel por un tiempo, o mientras mi
esposa estuviera sana, me casé para ser fiel toda la vida, en la salud
y en la enfermedad.”
El
caso es que todos los testimonios o lecciones sobre fidelidad que
conozco tienen un común denominador: voluntad, esfuerzo y sacrificio.
Estimado
lector: si eres una persona capaz de querer a quienes comparten tu vida,
de querer tu hogar, tu trabajo, tus sueños y proyectos. Si haz sabido
rehacer tu amor cuando este pareció haberse esfumado o debilitado, y
aprendiste a perdonar y a comprender… si vives así, de esta manera,
no sólo eres feliz y haces felices a los que te rodean, sino también
estás poniendo tu grano de arena para que la fidelidad se contagie, y
la infidelidad nunca llegue a estar de moda.
Dimensiones
de la fidelidad: lograr ser fiel a los compromisos de vida en cuatro
pasos
1.
La búsqueda. La fidelidad necesita de un impulso para seguir luchando.
El saber que podemos ir “más allá” de nuestros egoísmos y
comodidades y que hay valores que trascienden la propia vida.
2.
La aceptación. Abrir el corazón a esos ideales, quizás difíciles y
costosos, pero alcanzables. ¿Qué ideal se hace realidad sin
sacrificio?
3.
La coherencia. Vivir de acuerdo con lo que se cree y con lo que se es.
El casado que viva como casado, el sacerdote como sacerdote, etc. No
limitarnos al discurso sino a llevar la fidelidad a la práctica. Esto
se logra cuando no vivimos midiendo si nos conviene o no mantener
nuestra palabra, sino que simplemente somos fieles a lo que nos hemos
comprometido.
4.
La voluntad. No confundir amor con sentimientos. La
alternativa de un hombre o una mujer fiel no es la deserción y el
abandono. Está equivocado el que piensa que porque “ya no
siente cariño” la vida matrimonial carece de significado. Ahí
es la hora crucial de la lealtad. El argumento debe ser al
contrario: porque soy esposo y padre de cuatro hijos, aunque ya no
siento la emoción de antes, voy a poner toda mi voluntad y medios a mi
alcance para reconstruir ese amor con la mujer que también entregó su
vida por mí.
El
caso es que la fidelidad es una virtud esencial pues nos lleva a
comprometernos y responsabilizarnos de todas nuestras acciones y deberes
en la vida.
Ser
fiel a la Patria, a la Iglesia, al cónyuge, a los hijos, a la amistad,
a la vocación personal, al trabajo, en fin, a tantas cosas es amar, es
poner el corazón –la voluntad- en esas realidades y valorarlas por
encima de egoísmos o sentimientos efímeros que jamás nos llevarán a
la felicidad plena.
Urge
comprender su importancia y encontrar la fórmula que nos permita
revalorar esta virtud esencial y llevarla a la práctica. ¿La
infidelidad está de moda? De nosotros depende que no lo esté.
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