|
La pasión,
muerte y resurrección de Jesús: Introducción: Como católicos,
nos disponemos a vivir la Semana Santa, junto con toda la Iglesia, para
recordar la pasión, muerte y resurrección de Jesús quien “se
humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por
lo cual Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo
nombre” (Flp.
2,8-9). Pasión: Jesús nos ama
apasionadamente, es por esto, que se entregó sin reservas, hasta
consumar la misión que el Padre Dios le había encomendado.
¿Por qué el Padre le pediría al Hijo que se entregara en la
Cruz?, la realidad, es que ambos, junto con el Espíritu Santo,
sufrieron de alguna manera, pues el Padre también se unió al dolor de
su Hijo Amado. Jesús, al
vivir su pasión, nos demostró cuánto nos ama, sin embargo, la
realidad es que no siempre lo valoramos. Cuando vemos un crucifijo ¿acaso
recordamos y valoramos lo que Jesús hizo por nosotros?, la realidad, es
que debemos darle las gracias a Cristo, por habernos regalado el don de
la vida eterna. Muerte: Jesús, siendo
Dios, nos demuestra también su humanidad, al morir en la Cruz, después
de haberse entregado a su pasión. Todos moriremos alguna vez, sin
embargo, Cristo nos asegura la vida eterna, por esta razón, nuestra fe
tiene sentido pues, de otra manera, no tendría fundamentos. La vida eterna
parece lejana, sin embargo, al contemplar la creación, y todo lo que
Dios ha diseñado, no hay razón, por la cual, debamos descartar la
existencia de la vida después de la muerte. Cristo vuelve al Padre, sin
embargo, no se quedará para siempre en el sepulcro. Resurrección: Quienes fueron
testigos de la resurrección de Cristo, se dejaron sorprender por la
divinidad de Nuestro Señor, pues ¿cómo negar lo evidente? Es cierto,
por otra parte, que a nosotros no nos ha tocado ver a Jesús, sin
embargo, al sentirlo y descubrirlo en nuestra propia historia, podemos
enamorarnos de su causa, además de constatar que vive en nosotros y
que, por tanto, no se ha quedado en el sepulcro como si fuera esclavo de
la muerte.
|