El padre James Schall S.I. analiza las ideas
del Papa sobre la verdadera esperanza
El
profesor jesuita de filosofía política en
WASHINGTON, febrero 2008 (ZENIT.org).- Aunque el mundo
moderno habla de la esperanza en términos de progreso y justicia social, estos
conceptos son aberraciones «inhumanas» del verdadero significado de la virtud
teologal, afirma el padre James Schall.
El profesor jesuita de filosofía política en
En esta primera parte de su entrevista con
Zenit, el padre Schall comenta cómo Benedicto XVI, en su encíclica «Spe Salvi»,
defiende la virtud teológica de la esperanza mostrando que sin Dios la plenitud
y la felicidad humana son imposibles.
La segunda parte de esta entrevista aparecerá
el domingo.
--¿Por qué cree que esta presentación de la
virtud teológica de la esperanza es especialmente oportuna?
Padre Schall: Podemos decir, con brevedad pero
con algo de ironía, que de hecho el mundo laico está en sí lleno de
«esperanza». Sin embargo, ya no se reconocen los orígenes intelectuales o las
ideas que utiliza para la esperanza. Las palabras modernas usadas en lugar de
esperanza son «progreso» o «salvar al mundo para la democracia», «justicia
social», o la erradicación «científica» del sufrimiento y el mal. La base
teológica para esta «secularización» de la esperanza se remonta a Joaquín di
Fiore y a Francis Bacon, entre otros.
La idea moderna de esperanza siempre significa
insatisfacción con el presente a la luz de un presumido futuro que no sólo es
mejor, sino que la respuesta creada por el hombre a lo que queremos decir con
felicidad completa.
Incluso la palabra «educación» tiene matices
de esperanza. El énfasis en la educación como solución tiene también un
trasfondo socrático. Sócrates evidentemente pensó que en el origen de todo
desorden humano encontramos la «ignorancia». De esta forma, la educación, tanto
general como universal, llega a considerarse como una «cura» universal para los
desórdenes morales manifestados en la naturaleza humana donde quiera y siempre
que aparezca en nuestra experiencia. Si podemos eliminar la «ignorancia», se
«espera» que eliminaremos el mal.
Este punto de vista presupone claramente que
sabemos definir con propiedad la naturaleza del mal que buscamos eliminar.
Quizás no haya ideología que se más obstinada que ésta educativa. El hecho es
que no es la ignorancia primariamente la que causa el mal. La educación como
ideología siempre rechaza enfrentar el problema clave del mal, su relación con
la voluntad libre, la virtud y la gracia.
Aristóteles dejaba claro que, aunque la
inteligencia es con razón un factor importante, había un elemento recurrente de
«debilidad» en la naturaleza humana. La mayoría de los más inteligentes y bien
educados solían ser los más cercanos a los mayores males. Los tratados clásicos
sobre la tiranía siempre presuponían esta relación del mayor mal con la mayor
inteligencia finita, sea ésta angélica o humana. Lucifer es uno de los ángeles
más inteligentes, por eso es tan peligroso.
Siguiendo a San Agustín y a Santo Tomás de Aquino,
comprendemos el lugar de la voluntad, la libre voluntad, en nuestras vidas. El
mal no está fuera de nosotros. Aristóteles había reconocido que la virtud y el
vicio son hábitos adquiridos basados en elecciones repetidas. No nos
convertimos en virtuosos o viciosos simplemente sabiendo qué es la virtud y qué
es el vicio. Tenemos que «hacerlos» repetidamente.
Detrás de este énfasis en la voluntad,
encontramos la doctrina del pecado original con su relación al orgullo.
Mi punto de vista aquí es el siguiente. Los
miles de millones de dólares de riqueza que los estados modernos y las
organizaciones privadas invierten en educación para mejorar el mundo se
justifican casi siempre en una versión de la esperanza que mantiene
esencialmente que lo que causa los males humanos es la falta de conocimiento.
Puesto que la relato completo del desorden humano incluye más que sólo el
conocimiento, debemos reconocer que este entusiasmo moderno por «el solo
conocimiento» traiciona las insinuaciones utópicas de esta solución mundial de
los últimos problemas humanos.
No se trata de abandonar el aspecto válido de
la educación en nuestras vidas. No hay religión - o filosofía - más dedicada a
la inteligencia que el catolicismo. Se trata de colocarlo en el orden
apropiado. Deberíamos buscar y saber la verdad. Pero de esto no se sigue
automáticamente que quienes encuentren la educación necesariamente elegirán
vivir en la verdad.
Lo que este Papa ha sido capaz de hacer, de
una forma revolucionaria, es clasificar los trazos teológicos no reconocidos de
la esperanza que existen dentro del orden secular.
La misma búsqueda de su propia autosuficiencia
por parte de la modernidad está cargada de insinuaciones cristianas que existen
en la cultura, pero que no se reconocen. Uno de los resultados de la pérdida de
la fe, en sí misma una elección, es que ya no sé conoce cómo están implícitos
en la cultura los temas cristianos.
Los estudiantes y las facultades de hoy,
incluyendo las de las instituciones católicas, tienen pocas nociones de los
orígenes y límites cristianos des sus entusiasmos favoritos. Incluso cuando nos
ponemos a estudiar las herejías como herejías, las adoptamos con frecuencia con
términos entusiastas cuyos orígenes ya no reconocemos. No sólo hay ignorancia,
sino una ignorancia voluntaria.
No queremos saber que nuestros deseos más
básicos se explican mejor gracias a una fe razonada, que hemos rechazado
acríticamente como insostenible, sin examen ni ventaja.
--Usted ha hecho una conexión entre la frase
de Eric Voegelin, «immanentizar el eschaton», y la encíclica. ¿Qué significa
esta frase? ¿Qué conexión ve?
--Padre Schall: Eric Voegelin fue un filósofo
político alemán que vino a Estados Unidos durante el periodo nazi. Había
comenzado una distinguida carrera académica en Alemania que continuó en las
Universidad Estatal de Louisiana y en
Tras largos estudios en filosofía, lenguaje,
escritura, historia y teología, Voegelin concluyó que la principal fuerza de
motivación tras los movimientos filosóficos modernos ha sido su esfuerzo por
lograr literalmente las metas trascendentes que se encuentran en la filosofía
clásica y el cristianismo, como el cielo, la felicidad, pero dentro de este
mundo. Denominó estos esfuerzos sistemáticos «ideologías». Explicaba que su
esfuerzo fue «inmanentizar el eschaton».
La filosofía realista y la teología cristiana
no son, en este sentido, «ideologías», aunque suelan ser denominadas así en las
universidades. Esta es la razón de que, desde un punto de vista católico, la
defensa de la filosofía y la revelación sean tan importantes. Su realismo es lo
que las distingue de las ideologías. La filosofía y la revelación no son una
mera proyección en la realidad de ideas humanamente conectadas que no tengan
otra justificación que la construcción en la mente de algún pensador,
transformadas luego en acción política.
La palabra «eschaton» se refiere a las últimas
cosas. Tradicionalmente las llamamos: muerte, purgatorio, infierno y cielo. Nos
percatamos rápidamente que estas son las cuatro cosas a las que se refiere el
mismo Benedicto XVI en la «Spe Salvi». Estamos tan poco acostumbrados a escribir
algo serio sobre estos temas que no podemos apreciar con facilidad la
profundidad de lo que trata el Papa. Como suelo decir, el catolicismo es una
religión intelectual. Teníamos que estar mejor preparados para entender porqué.
Sé que la expresión «immanentizar el eschaton»
suena de manera formidable. Supongo que es algo que sólo una mente académica
podría acuñar. Pero nos sirve. Tiene la ventaja de identificar de forma
apropiada lo que ocurre en la mente moderna cuando busca encontrar un
significado humano fuera de la filosofía realista a la que la revelación está
dirigida de una manera coherente. En otras palabras, significa que el
pensamiento moderno no escapa del cristianismo incluso cuando trata de hacerlo.
Lo que hace es volverse a colocar dentro del mundo como rechazo del
cristianismo.
La brillantez de la encíclica del Papa es que
él también es un filósofo alemán y lee filosofía alemana. Sabe que los grandes
pensadores alemanes, de quienes, de hecho, depende la mayoría del pensamiento
moderno, vuelven simplemente a las ideas cristianas, aunque de forma
distorsionada. Intentan bajar «la vida eterna» al tiempo. Intentan escapar a la
muerte aumentando la edad del hombre 200 años. Intentan imitar el paraíso con
fantasías ecológicas de una tierra eterna.
--¿Puede hacer un breve bosquejo de cómo ha
distorsionado la visión del hombre nuestro mundo contemporáneo? ¿Cómo se
encuadra esta idea de «progreso» en el análisis del Papa?
--Padre Schall: Al principio, la ideología
moderna solía proponer un humanismo que era supuestamente independiente de la
revelación. Ahora, la filosofía clásica es independiente de la revelación,
aunque, como el Papa afirmó en su discurso de Ratisbona, ya encontramos en el
Antiguo y en el Nuevo Testamento ideas de la filosofía y de la revelación que
están directamente relacionadas unas con otras, las principales son las
nociones de verdad, amor, ser y felicidad.
Lo que sostiene la revelación frente al
pensamiento moderno y a la política es que el «humanismo» se ha convertido
gradualmente cada vez más en «inhumano». Chesterton predijo con frecuencia que
ocurriría esto. Los conceptos de la duración de la vida humana en términos de
años, del amor en términos de sexo, de la felicidad en términos de creación
individual de sus propios fines son aberraciones, muy parecidas a las que se
encuentran en los cinco libros de la «República» de Platón, en la que, en
nombre de la búsqueda de la justicia, se elimina a la familia para producir
hijos perfectos al combinar la genética y la educación del estado.
El «progreso» es una idea que viene del
pensamiento del iluminismo. El famoso libro de J. B. Bury, «
La virtud teológica de la esperanza, el tema
de esta encíclica, es precisamente la virtud que tiene que ver más directamente
con la filosofía moderna cuya principal pretensión conocida es que puede
producir un «humanismo» mejor. Considerándola en su propia denominación, el
Papa demuestra sistemáticamente que sin Dios es imposible, verdaderamente, dar
a los hombres y mujeres actuales cualquier esperanza para ellos mismos y para
la humanidad.
La doctrina cristiana de la resurrección del
cuerpo, algo que tiene conexiones con la noción de amistad de Aristóteles, es
la única verdadera doctrina que trata la salvación misma de cada individuo en
su particular ser, pero dentro de la noción de una comunidad de amor y amigos,
que es lo que todos queremos. Lo que esperamos en el sentido cristiano es
precisamente que veremos a Dios «cara a cara». Nosotros ya buscamos conocer al
otro «cara a cara». No hay garantía de que esto puede realizarse fuera de la
esperanza de que Dios exista y nos ha salvado. Debemos incluir nuestros pecados
y nuestro destino.
El Papa reestablece la importancia del
purgatorio como una posición sensible precisamente porque sabe, como nosotros,
que pocos de nosotros morimos con las almas absolutamente puras. No hay nada de
irracional en esta doctrina tan denostada que enfrenta a solas el hecho de los
pecados del pasado y su adecuada expiación.
Uno casi llega a reírse de esta encíclica que
afronta audazmente las doctrinas escatológicas - cielo, infierno, muerte,
purgatorio - y nos muestra que tienen un significado directo en nuestras vidas
y en nuestra cultura. Es una encíclica de «esperanza» pero también de
«audacia». Es audaz precisamente porque es inteligente
y consciente del significado de las ideologías modernas. El pensamiento moderno
es, como mucho del pensamiento antiguo tras
Lo que hace «Spe Salvi» es explicar en líneas
demasiado claras las implicaciones de rechazar el «eschaton» como se presenta
en la fe cristiana. No hay duda de que es cierto que esta doctrina debe
comprenderse con exactitud. La mayoría de las herejías de la historia surgen de
una mala comprensión de lo que se enseña verdaderamente.
Esta encíclica es una presentación de lo que
realmente se enseña. Por eso es tan asombrosa y revolucionaria en sí.
Nuestros ojos no han visto lo que nuestros
oídos han escuchado porque no queremos recibir lo que somos como un don.
Queremos construir lo que somos. Y cuando lo hacemos, nos damos cuenta de que
creamos principalmente monstruos. El Papa también retrata estos monstruos en
esta encíclica.
--En el párrafo 15 de «Spe Salvi», hay una
comparación entre un monasterio y un alma. ¿Qué trata de ilustrar el Santo
Padre con esta imagen?
--Padre Schall: Un pasaje de Josef Pieper,
originalmente basado en Santo Tomás de Aquino, y quizá en Aristóteles y Platón,
trata la misma cuestión. El pasaje se encuentra en «Josef Pieper - una
Antología», con el nombre de «El Propósito de
Pieper escribe, citando a Santo Tomás de
Aquino: «‘Es un requisito para el bien de la comunidad humana que haya personas
que se dediquen a la vida de contemplación'. Para eso está la contemplación que
preserva en medio de la sociedad humana la verdad que es, al mismo tiempo, inútil
y el criterio de toda posible utilidad, por lo que es también la contemplación,
que mantiene la vista en el verdadero fin, la que da significado a todo acto
práctico de la vida» («Una Antología», 123). Este pasaje también está muy
detrás de lo que el Papa escribe de la ley natural como criterio y medida de
las acciones humanas.
Se puede hacer un resumen del tema. Ningún
orden político puede ser bueno a no ser que tenga dentro de él a quienes no se
dedica a la política. Es no es en modo alguno una negación de la importancia de
la política, sino una negación de que sea la cosa más importante en una
sociedad. De hecho, una sociedad que haga de la política la cosa más importante
es ya una sociedad totalitaria, como deducía ya Aristóteles.
Cuando el Papa trata este tema en «Spe Salvi»,
hace referencia a la tradición monástica y a San Agustín. El Papa tiene cuidado
al afirma que esta vida contemplativa no se opone a una comprensión apropiada
de la vida temporal en este mundo. Se muestra incluso atento a la relación
entre trabajo y contemplación. De hecho, la elevación del trabajo a una
dignidad y no a una esclavitud u opresión tiene que ver con la noción
benedictina de «ora y trabaja».
El Papa cita al pseudo-Rufino que dice
básicamente lo que dice Pieper: «La raza humana vive gracias a unos pocos: si
no fuera por ellos el mundo perecería». Esta es una afirmación que hay que
destacar con razón. No sólo muestra la necesidad de alguien que dentro de la
sociedad muestre constantemente a los demás que hay algo más que este mundo,
sino que muestra la importancia de la contemplación misma a la hora de
conservar recta nuestra mente.
La delicada relación entre voluntad y mente es
el drama central de la filosofía y de la revelación. Es por eso que siempre se
ha dicho que los grandes desórdenes del alma, así como sus grandes movimientos
hacia el bien, comienzan en el corazón de los eruditos, académicos y
religiosos, mucho antes de que aparezca en el orden público. Una vez más esto
es lo que significa «inmanentizar el eschaton».
--¿Qué piensa del papel del Papa como voz
universal en el mundo de hoy, no sólo para los católicos?
--Padre Schall: En breve, el Papa es la única
voz universal en el mundo de hoy. Esa es la extraordinaria idea de fundamentar
Dentro del cristianismo hay una misión para el
mundo. Podemos especular sobre lo lento que se ha desarrollado y las razones
por las que tarda. Lo que esta encíclica hace es mostrar que los movimientos
dentro de la filosofía moderna y de otras religiosas tienen ciertos fines
inteligibles que es necesario tratar en términos de esperanza cristiana. Esta
encíclica no está dirigida únicamente a la cultura occidental.
Lo que Benedicto XVI muestra en «Deus Caritas
Est», así como en esta encíclica, es que podemos esperar tanto un mundo mejor
como la vida eterna, pero no podemos confundir uno con otro. Otro punto a
resaltar en este documento, creo que es cómo considera las nociones
trascendentales clásicas - unidad, verdad, bondad, ser y belleza - para mostrar
como pueden existir cada una de una forma concreta. Ninguna es realmente una
abstracción. La caridad no es algo que podamos exportar al gobierno. La
justicia es algo que está presente en todas partes. La belleza es la gran
categoría platónica, con todo es necesario que se fundamente en lo que es bueno
y verdadero.
La encíclica termina con el debate del
sufrimiento y su relación con todos estos temas. Es una sección a destacar.
Aquí es donde el Papa cita a los filósofos alemanes que reconocen finalmente
que debemos ocuparnos del mal y de la justicia incluso del pasado, y que no
podemos realmente hacerlo sino a través de la doctrina y la realidad del juicio
final y de la resurrección del cuerpo. De hecho, siguiendo al mismo Platón, no
se pueden tratar fuera del significado verdadero del perdón y del sufrimiento
delegado.
El papel del Papa como voz universal es la de
hacer presente dentro del mundo lo que necesitamos saber sobre lo que
verdaderamente somos. Necesitamos saber sobre el juicio, el sufrimiento y el
infierno. Necesitamos saber que, si negamos la doctrina del infierno, nuestras
ideologías simplemente la reinventarán en este mundo como que sea
verdaderamente inhumano. El infierno de la revelación es simplemente la
consecuencia lógica de lo que verdaderamente queremos decir con el mal uso de
la libre voluntad, sin la que no podría existir.
El sufrimiento, como nos dice la revelación,
es el producto del pecado y de la muerte. Los esfuerzos para negar el pecado y
la muerte normalmente producen algo peor. No obstante,
deberíamos buscar reducir el dolor y el sufrimiento en este mundo. Este es uno
de los subproductos de la comprensión de la vida eterna de la revelación, es
decir, una comprensión más completa de las imperfecciones de este mundo.
Al final, podemos esperar porque podemos
comprender en primer lugar lo que significa en última instancia. Por eso
debemos agradecer a este Papa que nos explique lo que verdaderamente son las
realidades últimas y cómo debemos comprenderlas y, sí, lograrlas. Este servicio
a la mente es también un servicio a nuestras almas.
Por Carrie Gress