La Transubstanciación y la Iglesia primitiva
Hace algún tiempo recibí la siguiente pregunta en apologeticacatolica.org
Hace poco escuché la afirmación de que la Eucaristía era un
invento de Santo Tomás de Aquino, que los primeros cristianos jamás
creyeron en ella. ¿Qué de cierto hay en ello? ¿Pueden comentarme
que es lo que la Iglesia Católica enseña sobre la transubstanciación
y si concuerda con la fe de la Iglesia primitiva?
Esta fue mi respuesta….
Estimado hermano, gracias por escribirnos.
Ciertamente existe esa especie de historia alternativa en algunas
denominaciones protestantes que les hace negar que los primeros
cristianos tuvieran la misma fe de la Iglesia hoy. Para citar un
ejemplo, en el manual de evangelismo de la Iglesia de Dios (Israelita)
escriben:
En la Historia de los Concilios hallamos esta nota, resultado del
Concilio de Trento: “En el puro y santo sacramento de la
eucaristía, después de la consagración del pan y del vino Nuestro
Señor Jesucristo es verdaderamente Dios y hombre real
substancialmente contenido en la apariencia de estos elementos
visibles".
Pero en los días de los primeros apóstoles y muchos siglos
después, no se pensaba en la actual doctrina de la misa. Los padres
de los primeros seis siglos ignoraron por completo esta doctrina
romana. La doctrina de la transubstanciación de la hostia no llegó
a ser una doctrina permanente en la Iglesia romana sino hasta el
cuarto Concilio Laterano, bajo el papa Inocente III, en el año de
1215 d. C.
Fuente: http
//www.iglesiadedios-israelita.org/manual_evangelismo.htm
Pienso que lo primero que tenemos que estudiar es que enseña
realmente la Iglesia sobre la transubstanciación, las posturas
alternativas que tienen las Iglesias protestantes, y luego, haremos un
repaso de lo que enseñaron los padres apostólicos y padres de la
Iglesia en los tres primeros siglos de cristiandad. Concordarás
conmigo que la interpretación de las Escrituras de quienes escucharon
el evangelio directamente de los apóstoles o sus discípulos, debe
ser mucho más acertada que la de cualquier reformador protestante,
1500 años después.
¿Qué es la Transubstanciación?
Enseña el concilio de Trento a este respecto:
Concilio de Trento. CAP. IV. De la Transubstanciación.
Mas por cuanto dijo Jesucristo nuestro Redentor, que era
verdaderamente su cuerpo lo que ofrecía bajo la especie de pan, ha
creído por lo mismo perpetuamente la Iglesia de Dios, y lo mismo
declara ahora de nuevo este mismo santo Concilio, que por la
consagración del pan y del vino, se convierte toda la substancia
del pan en la substancia del cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, y
toda la substancia del vino en la substancia de su sangre, cuya
conversión ha llamado oportuna y propiamente Transubstanciación la
santa Iglesia católica.
Tomado de http://www.mercaba.org/CONCILIOS/trento05.htm
A este respecto también dice el Catecismo oficial de la Iglesia Católica.
CIC 1412 Los signos esenciales del sacramento eucarístico son
pan de trigo y vino de vid, sobre los cuales es invocada la bendición
del Espíritu Santo y el presbítero pronuncia las palabras de la
consagración dichas por Jesús en la última cena: “Esto es mi
Cuerpo entregado por vosotros…Este es el cáliz de mi Sangre…”
CIC 1413 Por la consagración se realiza la transubstanciación
del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Bajo las
especies consagradas del pan y del vino, Cristo mismo, vivo y
glorioso, está presente de manera verdadera, real y substancial,
con su Cuerpo, su Sangre, su alma y su divinidad (cf Cc. de
Trento: DS 1640; 1651).
Basados en esto podemos definir transubstanciación como la
conversión total de la hostia y del vino en cuerpo, sangre, alma y
divinidad de nuestro Señor Jesucristo. A pesar de que el pan y el
vino siguen conservando su aspecto y sabor originales, son realmente
Cuerpo y Sangre del Señor ocultos bajo la apariencia de pan y vino.
La “Transubstanciación” se diferencia de la “consubstanciación”
(posición Luterana), en que la transubstanciación (prefijo
“trans”) denota un cambio de substancia, la consubstanciación
(prefijo “con” significa que no ha habido cambio alguno de la
substancia y que el Señor viene con el pan y con el vino, cuya
substancia no varía.
El manual de teología Luterana del profesor Georg Metzger basado
en el catecismo de Lutero explica:
Manual de teología Luterana, Prof. Georg Metzger basado en el
catecismo de Lutero, VI.d:
Nuestro catecismo nos dice acerca del Sacramento del Altar: “Es
el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de nuestro Señor
Jesucristo bajo el pan y vino.” Luego confesamos que en la
Santa Cena el cuerpo y la sangre del Señor se comen y se beben bajo
el pan y vino. En consecuencia, en la Santa Cena todavía están
presentes pan y vino. Confesamos esto en oposición a la falsa
doctrina de la Iglesia Católica Romana. El Papa y sus seguidores
enseñan que en la Santa Cena el pan y el vino se convierten en el
cuerpo y la sangre de Cristo de modo que después que el sacerdote
haya bendecido las cosas terrenales, ya no existan pan y vino, sino
solamente el cuerpo y la sangre de Cristo. Contrario a esto nos enseña
la Escritura que en la Santa Cena comemos también pan y bebemos
vino. 1 Corintios 11:26-28;10:16. Así el pan en la Santa Cena es
todavía pan, y el vino todavía es vino. Pero al comer el pan en la
Santa Cena, al mismo tiempo comemos el verdadero cuerpo del Señor.
Y al beber el vino en la Santa Cena, al mismo tiempo bebemos la
verdadera sangre del Señor. Así de acuerdo a las claras
palabras de Dios la Santa Cena es el verdadero cuerpo y la verdadera
sangre de nuestro Señor Jesucristo bajo el pan y el vino.
Fuente: http://www.angelfire.com/wi3/dhaeuser/santacena1.htm
En resumen, aunque ambas posturas, tanto católica como luterana
afirman que la Eucaristía es verdadero Cuerpo y Sangre del Señor,
difieren en la Iglesia Católica afirma que el pan y vino son ahora
cuerpo y sangre de Cristo ocultos bajo las especies de pan y vino, y
los luteranos afirman que son Cuerpo y Sangre de Cristo pero todavía,
pan y vino.
Una buena gran mayoría de Iglesias protestantes por el contrario,
tienen una posición muy diferente tanto a la católica como a la
luterana y afirman que Cristo no está presente en la Eucaristía, más
el pan es solo pan (no Cuerpo de Cristo) y el vino solo vino (no
Sangre de Cristo). El mismo manual luterano mencionado anteriormente
lo explica de la siguiente manera:
Manual de teología Luterana, Prof. Georg Metzger basado en el
catecismo de Lutero, VI.c:
c. Nuestro catecismo nos dice: “Es el verdadero cuerpo y la
verdadera sangre de nuestro Señor Jesucristo.” Quiere decir que
es el cuerpo real, natural de Cristo y su sangre real y natural¿Por
qué enfatiza eso nuestro catecismo? Lo hace a causa de los falsos
profetas e iglesias que no quieren creer el misterio de la Santa
Cena. Especialmente las iglesias reformadas, las sectas, los
metodistas, los pentecostales, de hecho, todas las otras iglesias
protestantes fuera de la luterana enseñan así. . No quieren
creer estas palabras de Cristo; no quieren creer que estén
realmente presentes el cuerpo y la sangre de Cristo en la Santa Cena
y que los que vienen al sacramento realmente coman y beban estas
cosas. Es en verdad un misterio maravilloso. No podemos comprenderlo
por nuestra razón. Nos parece imposible. En consecuencia, esas
iglesias enseñan que se tiene que tomar las palabras de Cristo
figuradamente, entenderlas en otro sentido. Según ellos, Cristo
no quería decir que la Santa Cena realmente fuera su verdadero
cuerpo natural, sino solamente que el pan significa su cuerpo, que
lo retrata. Se refería solamente al cuerpo espiritual de Cristo.
Los cristianos deben recibir este cuerpo espiritual en la Santa
Cena, o sea, Cristo y sus beneficios, con fe, mientras que el
verdadero cuerpo natural del Señor está sentado en el cielo.
Contra estos falsos profetas, que se basan en su propia razón,
nuestro catecismo dice: “Es el verdadero cuerpo y sangre de
nuestro Señor Jesucristo.”
Fuente: http://www.angelfire.com/wi3/dhaeuser/santacena1.htm
¿Qué enseñaban los santos padres?
Ahora que hemos visto la diferencia entre todas las posiciones
encontradas, podemos por medio de nuestra investigación sobre los
escritos de los padres apostólicos (aquellos que conocieron a los apóstoles
y recibieron su enseñanza de ellos directamente) o de los escritos de
los santos padres y doctores de la Iglesia, que vivieron anteriormente
a Santo Tomás de Aquino, indagar si esta doctrina en realidad era creída
por la Iglesia cristiana o una nueva doctrina sacada de la manga de
Santo Tomás. (Según el artículo de la Iglesia de Dios (Israelita)
los padres la ignorarron completamente durante los primeros 6 siglos,
Veamos si dicen la verdad).
Para mi investigación utilizaré las traducciones presentadas en
los libros “Textos Eucaristicos Primitivos, Tomos I y II por Jesús
Solano, B.A.C.”, “Padres apostólicos, por Daniel Ruiz
Bueno, B.A.C.” y “Padres apologetas griegos, Daniel Ruiz
Bueno, B.A.C.) y profundizaré en los comentarios que los autores
hacen en sus obras, especialmente en los que hace Jesús Solano,
tratando de resumir en pocas líneas, lo que ellos, en extensos volúmenes
desarrollan.
San Ignacio de Antioquia (110 d.C.)
Obispo de Antioquia, martirizado en Roma (devorado por los leones)
en tiempos del emperador Trajano (98-117). Se conservan de él las
siete cartas que escribió camino al martirio. Pueden consultar la
traducción protestante de las cartas de San Ignacio directamente de http://escrituras.tripod.com/Textos/EpIgnacio.htm
la cual está basada en el libro “Los Padres Apostólicos, por J. B.
Lightfoot. Editorial CLIE”
En lo referente a la Eucaristía San Ignacio se presenta siempre
muy claro y tajante. Llama a la Eucaristía “medicina de
inmortalidad” y categóricamente expresa: “La Eucaristía
es la carne e nuestro Salvador Jesucristo”. Condena
vigorosamente a los docetas que afirmaban que Jesús no había tenido
cuerpo verdadero sino solo aparente, y por este error, comenta San
Ignacio, no querían tomar parte de la eucaristía y morían
espiritualmente por apartarse del don de Dios.
Carta a los Efesios, San Ignacio de Antioquia. C.20.n2
(FUNK-BIHLMEYER, 86,14-16; Ruiz Bueno (B.A.C.) 459; MG 5,661 A)
…partiendo de un mismo pan, que es medicina de inmortalidad,
antídoto para no morir, sino vivir por siempre en Cristo Jesús
Carta a los Filadelfios, San Ignacio de Antioquia. C.4
(FUNK-BIHLMEYER, 103,5-9; Ruiz Bueno 459; MG 5,661 A)
Esforzaos, por lo tanto, por usar de una sola Eucaristía; pues
una sola es la carne de Nuestro Señor Jesucristo y uno sólo es el
cáliz para unirnos con su sangre, un solo altar, como un solo
obispo junto con el presbítero y con los diáconos consiervos míos;
a fin de que cuanto hagáis, todo hagáis según Dios
Carta a los Romanos, San Ignacio de Antioquia. C.7 n.3
(FUNK-BIHLMEYER, 100.18-102,2; Ruiz Bueno 479; MG 5,693 A-B )
No siento placer por la comida corruptible ni por los deleites de
esta vida. El pan de Dios quiero, que es la carne de Jesucristo,
el del linaje de David; y por bebida quiero la sangre, de él, el
cual es caridad incorruptible
Carta a los Esmirneos, San Ignacio de Antioquia. C.7 n.1
(FUNK-BIHLMEYER, 108.5-92; Ruiz Bueno 492; MG 5,713 A)
De la Eucaristía y de la oración se apartan [los docetas],
porque no confiesan que la Eucaristía es la carne de nuestro
Salvador Jesucristo, la que padeció por nuestros pecados, la
que por bondad resucitó el Padre. Por tanto, los que contradicen al
don de Dios litigando, se van muriendo. Mejor les fuera amar para
que también resucitasen.
Carta a los Esmirneos C.8 n.1s (FUNK-BIHLMEYER, 108.17-21; Ruiz
Bueno 493; MG 5,713 B )
Solo aquella Eucaristía ha de tenerse por válida, que se celebra
bajo el obispo o aquel a quien él se lo encargare…No es lícito
sin el obispo ni bautizar ni celebrar ágapes.
A pesar de la evidencia, algunos protestantes han colocado el
reparo de que San Ignacio también llama “carne” de Jesucristo a
cosas que no lo eran en sentido propio. Por ejemplo en la carta a los
filadelfios dice: “Adhiriéndome al evangelio como a la carne de
Jesús” (c.5). Sin embargo, no es posible interpretar esa frase
para inducir que San Ignacio pensara que el evangelio es la carne de
Jesús, sino más bien que se adheriría a la una al igual que a la
otra.
En la carta a los filedelfios escribe: “a la [Iglesia] que
saludo yo en la sangre de Jesucristo, la cual es mi gozo eterno e
imperturbable”. Pero aquí tampoco es posible afirmar que hay
sentido simbólico, sino más bien simplemente una metáfora. Así
cuando se dice “La sangre de Cristo es mi gozo” nadie
interpreta que quisimos decir “La sangre de Cristo significa gozo”
En la carta a los Trales escribe: “Vosotros, revistiéndoos de
mansedumbre, regeneraos por la fe, que es la carne del Señor, y por
la caridad, que es sangre de Cristo” (c.8 ). Sin embargo nos
comenta Jesús Solano que el hecho de que un autor use a veces una
palabra en sentido simbólico, no se sigue que siempre la haya de usar
en ese sentido. No menos de treinta y siete veces emplea San Ignacio
la palabra “carne” o “sangre” y solo aquí la utiliza en
sentido simbólico. En este caso el contexto es muy claro. Se sabe
también por fuentes literarias que los docetas negaban la realidad de
la carne del Señor, por tanto es ilógico pensar que cuando San
Ignacio luego de condenar su doctrina, entienda al igual que ellos la
carne en sentido simbólico, porque en este sentido no la negaban los
docetas.
La Didaché o doctrina de los doce apóstoles (60-160 d.C)
Considerado uno de los más antiguos escritos cristianos no-canónicos,
considerado incluso por mucho tiempo anterior a muchos escritos del
Nuevo Testamento. Es recientemente cuando estudios recientes señalan
una posible fecha de composición posterior no más allá del 160 d.C.
Es un excelente testimonio del pensamiento de la Iglesia primitiva.
La Didaché es muy tajante al afirmar que no todos pueden
participar en la Eucaristía, ya que no se puede “dar lo santo a
los perros”. Antes de participar exige confesar los pecados para
que el sacrificio sea puro. Es un testimonio claro también de que la
Iglesia primitiva ya reconocía en la Eucaristía el sacrificio sin
mancha y perfecto presentado al Padre en Malaquías 1,11: “Pues
desde el sol levante hasta el poniente, grande es mi Nombre entre las
naciones, y en todo lugar se ofrece a mi Nombre un sacrificio de
incienso y una oblación pura. Pues grande es mi Nombre entre las
naciones, dice Yahveh Sebaot”
Didaché C.9s (KLAUSER, 23ss; Ruiz Bueno, 86ss)
Pero que nadie coma ni beba de vuestra Eucaristía sin estar
bautizado en el nombre de Jesús; pues de esto dijo el Señor:
no deis lo santo a los perros.
Didaché C.14 (KLAUSER, 28s; Ruiz Bueno, 91)
En los domingos del Señor, reuníos y partid el pan, y haced
gracias, confesando antes vuestros pecados, para que vuestro
sacrificio sea puro. El que tenga algún disgusto con su amigo, no
asista a vuestra reunión hasta haberse reconciliado, a fin de que
no se contamine vuestro sacrificio. Pues esto es lo que dijo
el Señor: en todo lugar ofrézcanseme sacrificio limpio, porque
soy yo Rey grande, dice el Señor, y mi nombre es admirable entre
las naciones.
San Justino (165 d.C)
Mártir de la fe cristiana hacia el año 165 (decapitado), es
considerado el mayor apologeta del Siglo II. San Justino mantiene el
testimonio unánime de la Iglesia al confesar que la Eucaristía no es
un alimento como tantos, sino que es “carne y sangre de aquel Jesús
hecho carne”. A pesar de que San Justino tuvo que combatir las
acusaciones que se hacían a los cristianos primitivo de comer carnes
humanas, y a pesar de que para defenderse de las acusaciones hubiera
podido alegar que la Eucaristía era un “símbolo” no lo hace,
sino que profesa con absoluta claridad el realismo de que la carne y
sangre de Jesucristo son alimento para los cristianos.
Una de las obras célebres de San Justino es “Diálogo con
Trifón”, el cual era un judío de la época. En esta, San
Justino vuelve a dejar testimonio de la interpretación que tenía la
Iglesia primitiva como el Sacrificio del que hablaba el profeta en
Malaquías 1,11, y una interpretación completamente contraria a la
perspectiva protestante que niega el carácter sacrificial de la
Eucaristía y afirma que la Cena del Señor es un simple recordatorio.
Un comentario importantísimo para el tema que nos acopia lo hace
Jesús Solano en su libro “Textos Eucarísticos Primitivos”
donde señala que San Justino con toda claridad excluye la permanencia
del pan junto con la carne del Señor rechazando la consubstanciación.
El paralelismo de ideas y de frase le lleva a decir que así como
Jesucristo tuvo carne y sangre, así el alimento eucarístico tiene la
carne y la sangre de Jesús; sin embargo, no dice eso, sino que,
cambiando la construcción, escribe que el alimento eucarístico es la
carne y sangre de Jesús (transubstanciación). Esta expresión
excluye la permanencia del pan y en su sentido obvio indica el cambio,
la conversión del pan en la carne del Señor. Lo confirma el empleo
que inventa San Justino para la palabra “dar gracias”:
hasta él había tenido sentido intransitivo; él la usa en pasiva:
“alimento eucaristizado”, que al pie de la letra traduciríamos:
“alimento hecho acción de gracias”. Esta pasiva tan dura
inventada por San Justino, unida al cambio de construcción que
acabamos de señalar, acentúa la nota de un cambio obrado en el
alimento ordinario en virtud del cual el pan es ahora carne de Cristo.
San Justino, Apología primera. C.66ss (GOODSPEED, 74ss;
QUASTEN, 14-21; MG 6,428s. 432
66. Este alimento se llama entre nosotros Eucaristía, del cual a
ningún otro es lícito participar, sino al que cree que nuestra
doctrina es verdadera, y que ha sido purificado con el bautismo para
perdón de pecados y para regeneración, y que vive como Cristo enseñó.
Porque estas cosas no las tomamos como pan ordinario ni bebida
ordinaria, sino que, así como por el Verbo de Dios, habiéndose
encarnado Jesucristo nuestro Salvador, tuvo carne y sangre para
nuestra salvación, así también se nos ha enseñado que el
alimento eucaristizado mediante la palabra (verbo) de oración
procedente de Él – alimento del que nuestra sangre y nuestra
carne se nutren con arreglo a nuestra transformación – es la
carne y la sangre de aquel Jesús que se encarnó. Pues los apóstoles,
en los comentarios por ellos compuestos, llamados evangelios, nos
transmitieron lo que así les había sido transmitido: Que Jesús,
habiendo tomado el pan y dado gracias, dijo: Haces esto en memoria
de mí; éste es mi cuerpo, y que solamente hizo participantes a
ellos. Lo cual también en los misterios de Mitra han enseñado a
hacerlo los malvados demonios, tomándolo pro imitación. Porque sabéis,
o podéis saber, que cuando alguno es iniciado en ellos, se ofrece
un pan y un cáliz de agua y se añaden ciertos versos.
67. Nosotros, por tanto, después de esto recordamos siempre ya para
adelante estas cosas entre nosotros; y los que tenemos, socorremos a
todos los abandonados, y siempre estamos unidos los unos con los
otros. Y por todas las cosas de las cuales nos alimentamos
bendecimos al Creador de todo, por medio de su Hijo Jesucristo y del
Espíritu Santo. Y el día llamado del sol se tiene una reunión
en un mismo sitio de todos los que habitan en las ciudades o en los
campos, y se leen los comentarios de los apóstoles o las
escrituras de los profetas, mientras el tiempo lo permite. Luego,
cuando el lector ha acabado, el que preside exhorta e incita de
palabra a la imitación de estas cosas excelsas. Después nos
levantamos todos a una y recitamos oraciones; y, como antes dijimos,
cuando hemos terminado de orar, se presenta pan y vino y agua, y
el que preside eleva, según el poder que en él hay, oraciones e
igualmente acciones de gracias, y el pueblo aclama diciendo el Amén.
Y se da y hace participante a cada uno de las cosas eucaristizadas,
y a los ausentes se les envía por medio de los diáconos.
Los ricos que quieren, cada uno según su voluntad, dan lo que les
parece, y lo que se reúne se pone a disposición del que preside y
él socorre a los huérfanos y a als viudad y a los que por
enfermedad o por cualquier otra causa se hayan abandonados, y a los
encarcelados, y a los peregrinos, y en una palabra, él cuida de
cuantos padecen necesidad. Y nos reunimos todos los día del sol,
puesto que es el día primero en el cual Dios, cambiando las
tinieblas y la materia, creó el mundo, y Jesucristo, nuestro
Salvador, en el mismo día resucitó de entre los muertos. Pues un día
antes del de Saturno lo crucificaron, y un día después del de
Saturno, el cual es el día del sol, se apareció a los apóstoles y
discípulos y les enseñó estas cosas que he propuesto a vuestra
consideración.
San Justino, Diálogo con el judío Trifón. C.41 n.2ss (GOODSPEED,
138; QUASTEN: FP f.7 p.7 pg.337s; MG 6,564 B-D
2. De donde habla Dios, como dije, por Malaquías uno de los
doce, acerca de os sacrificios, que entonces eran ofrecidos por
vosotros: Mi voluntad no está en vosotros, dice el Señor, y no
aceptaré de vuestras manos ofrendas. Porque desde la salida del
sol hasta su ocaso mi nombre es glorificado entre las gentes, y en
todo lugar se ofrece a mi nombre incienso y ofrenda pura, pues
grande es mi nombre entre las naciones, dice el Señor, pero
vosotros lo profanáis
3. Ya entonces predice acerca de los sacrificios que en todo
lugar le son ofrecidos a Él por nosotros los gentiles, esto es, el
pan de la Eucaristía y el cáliz igualmente de la Eucaristía,
añadiendo que nosotros glorificamos su nombre, y vosotros, en
cambio, lo profanáis.
San Justino, Diálogo con el judío Trifón. C.116s (GOODSPEED,
223ss; QUASTEN: FP f.7 p.7 pg.10s (en parte nada más); MG 6,744 B.
745 A-C. 748 A)
116,1. Pero con objeto de explicaros la revelación de Jesucristo el
Santo, vuelto a tomar la palabra [de Zacarías] y digo que también
aquella revelación se hizo para nosotros que creemos en Cristo, en
este Pontífice que fue crucificado…
3. Pues como aquel Jesús, que es llamado sacerdote por el profeta,
apareció llevando vestidos manchados…, así nosotros, los que por
el nombre de Jesús como un solo hombre hemos creído en el Dios
Hacedor de todas las cosas, habiéndonos despojado, por el nombre de
su Hijo primogénito, de los vestidos viejos manchados…, así
nosotros, los que por el nombre de Jesús como un solo hombre hemos
creído en el Dios hacedor de todas las cosas, habiéndonos
despojado, por el nombre de suyo Hijo primogénito, de los vestidos
viejos, es decir, de los pecados, inflamados por la palabra de su
llamamiento, somos la verdadera raza sacerdotal de Dios; según
atestigua el mismo Dios al decir que en todo lugar entre los
gentiles hay quienes le ofrecen a él sacrificios agradables y puros
[cf. Mal 1,11]
117,1. Pues de todos los sacrificios por medio de este nombre,
los cuales ordenó Jesucristo que se hicieran, a saber, en la
Eucaristía del pan y del cáliz, sacrificios que hacen los
cristianos en todos los lugares de la tierra, ya que de antemano
testifica Dios que le son agradables. En cambio rechaza los que hacéis
vosotros, y por medio de aquellos vuestros sacerdotes, diciendo: Y
vuestros sacrificios no aceptaré de vuestras manos: pues desde la
salida del sol hasta su ocaso mi nombre es glorificado, dice, entre
las gentes, mientras que vosotros lo profanáis [Mal 1,10ss]
San Ireneo (130d.C - 202 d.C)
San Ireneo (obispo y mártir). Fue discípulo de San Policarpo que
a su vez fue discípulo del apóstol San Juan. Celebre por su tratado
“Contra las Herejías” donde combate las herejías de su
tiempo, en especial las de los gnosticos.
En la teología presentada por San Ireneo sucede los mismo que con
San Justino, la certeza de que el pan y vino consagrados son cuerpo y
sangre de Cristo es diáfana, y explícitamente afirma que “el cáliz
es su propia Sangre” (la de Cristo) y “el pan ya no es pan
ordinario sino Eucaristía constituida por dos elementos terreno y
celestial” (Comenta Jesús Solano que San Ireneo no se refiere
aquí a como está constituida la Eucaristía sino como llega a
constituirse: el elemento terreno es “el pan” y el elemento
celeste es “la invocación (epiclesis) de Dios”)
San Ireneo también deja testimonio de que en grupos herejes también
se compartía la fe de la Iglesia de que el pan y vino realmente se
convierten en cuerpo y sangre de Cristo, más que a ellos no les puede
constar que el pan consagrado por ellos (los herejes) realmente lo sea
porque ellos desconocen que Cristo sea el Verbo, hijo del hacedor del
mundo. Les exhorta a o cambiar de parecer o dejar de ofrecer dicho
sacrificio.
San Ireneo. Contra las herejías. L.4 c.17 n.5.(HARVEY,
2,197-200; MG 7M1023s).
Pero dando también a los discípulos el consejo de ofrecer las
primitas de sus criaturas a Dios, no como si las necesitase Él,
sino para que ellos mismos no sean infructuosos ni ingratos, tomó
el pan que es algo de la creación, y dio gracias diciendo:
“Este es mi cuerpo”. Y de la misma manera afirmó que el cáliz,
que es de nuestra creación terrena, era su sangre; y enseñó
la nueva oblación del Nuevo Testamento, la cual, recibiéndola de
los apóstoles la Iglesia, ofrece en todo el mundo a Dios, que nos
da los alimentos primitas de sus dones en el Nuevo Testamento; acerca
de lo cual Malaquías, en los doce profetas [menores], profetizó
así: En efecto mío no está hacia vosotros, dice el Señor
Omnipotente, y no aceptaré de vuestras manos sacrificio. Porque
desde el levante a poniente es glorificado mi nombre entre las
gentes y en todo lugar se ofrece incienso a mi nombre, y un
sacrificio puro, pues grande es mi nombre entre las naciones,
dice el Señor Omnipotente. Significando manifiestamente por esto
que el pueblo anterior cesará de ofrecer a Dios; porque en todo
lugar se ofrecerá sacrificio a Él, y éste será puro; y su
nombre es glorificado entre las gentes.
San Ireneo. Contra las herejías. L.4 c.18 n4s (HARVEY, 2,204-208;
para el n.5: HOLL, 61s; MG 7,1027ss).
4. ¿Cómo, pues, les constará que ese pan, en el que han sido
dadas las gracias, es el cuerpo de su Señor, y el cáliz de su
sangre, sino dicen que è es Hijo del Hacedor del mundo, esto
es, su Verbo, por el cual el leño fructifica, y las fuentes manan,
y la tierra da primero tallo, después espiga y finalmente trigo
pleno en la espiga?
5. ¿Y cómo dicen también que la carne se corrompe y no
participa de la vida, que es alimentada por el cuerpo y sangre del
Señor? Por lo tanto, o cambien de parecer o dejen de ofrecer
las cosas dichas. Para nosotros en cambio, la creencia concuerda con
la Eucaristía, y la Eucaristía, a su vez, confirma la creencia.
Pues le ofrecemos a Él sus propias cosas, proclamando concordemente
la comunión y la unión de la carne y del espíritu. Porque así
como el pan que es de la tierra, recibiendo la invocación de Dios
ya no es pan ordinario sino Eucaristía, constituida por dos
elementos terreno y celestial, así también nuestros cuerpos,
recibiendo la Eucaristía, no son corruptibles sino que poseen la
esperanza de la resurrección para siempre.
San Ireneo. Contra las herejías. L.4 c.33 n.2 (HARVEY, 2,257; MG
7,1073 A-B ).
Y examinará [el discípulo verdaderamente espiritual]
verdaderamente la doctrina de Marción, cómo entiende que hay dos
dioses, separados entre sí por infinita distancia…¡Y cómo si el
Señor es hijo de otro Padre [distinto del Creador], procedía
justamente cuando, tomando el pan de esta nuestra creación,
confesaba ser su cuerpo, y la mezcla ser cáliz afirmó ser su
sangre?
San Ireneo. Contra las herejías. L.5 c.2 n.2s (HARVEY, 2,318-323;
HOLL, 68s; MG 7,1124-1127)
2. Y son vanos por completo los que desprecian todo el orden divino
y niegan la salvación de la carne y desdeñan su regeneración,
diciendo que no es capaz de incorruptibilidad. Pero si ésta [la
carne] no se salva, entonces ni el Señor nos ha redimido con su
sangre, si el cáliz de la Eucaristía es participación de su
sangre; ni el pan que partimos es participación de su cuerpo.
Porque la sangre no procede sino de las venas y de la carne y de la
restante substancia humana, de la cual verdaderamente hecho el Verbo
de Dios, nos redimió con su sangre. Como lo dice también su Apóstol:
en el cual tenemos por su sangre, redención, la remisión de los
pecados.
Porque somos miembros suyos y alimentados por medio de la creación,
y nos brinda la creación, haciendo salir su sol y llover, como
quiere, aseguró que aquel cáliz de la creación es su propia
sangre, con la cual aumenta nuestra sangre, y reafirmó que
aquel pan de la creación es su cuerpo, con el cual incremente
nuestros cuerpos.
3. Cuando, pues, el cáliz mezclado y el que ha llegado a ser pan
reciben el Verbo de Dios y se hacen Eucaristía, cuerpo de Cristo,
con las cuales la substancia de nuestra carne se aumenta y se va
constituyendo, ¿Cómo dicen que la carne no es capaz del don de
Dios que es la vida eterna, la carne alimentada con el cuerpo y la
sangre del Señor, y hecha miembro de Él?
Como dice el bienaventurado Apóstol en la carta a los Efesios:
Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos; y
esto no lo dice de un hombre pneumático [espiritual] e invisible,
porque el espíritu no tiene huesos ni carne, sino del organismo
verdaderamente humano que consta de carne, nervios y huesos, y el
cual se alimenta de su cáliz, que es su sangre, y aumenta con el
pan, que es su cuerpo. Y a la manera que el mugrón de la vid
metido en la tierra produjo fruto a su tiempo, y el grano de trigo
caldo en la tierra y deshecho se levantó multiplicando por el Espíritu
de Dios que todo lo contiene; y después por la Sabiduría de Dios
llegaron a ser de utilidad para los hombres, y recibiendo la
palabra de Dios llegan a ser Eucaristía, que es cuerpo y sangre de
Cristo, así también nuestros cuerpos, alimentados con ella y
colocados en la tierra y deshechos en ella resucitarán a su tiempo,
concediéndoles la resurrección del Verbo de Dios para gloria de
Dios Padre.
Tertuliano (160d.C - 220 d.C)
Si bien Tertuliano no es considerado un padre de la Iglesia, sino
un apologeta, y al final de su vida cae en herejía abrazando el
montanismo, fue muy leído antes de abandonar la Iglesia Católica.
También considero importante profundizar en los escritos de
Tertuliano ya que entre algunos protestantes se manejan fragmentos
truncados y fuera de contexto de sus escritos que podrían dar a
entender que Tertuliano creía que el pan y vino consagrados no eran
cuerpo de Cristo sino “símbolos”. Un ejemplo de la
manipulación de esos textos se encuentra en el sitio anticatólico
administrado por Daniel Sapia, en un artículo desarrollado por
Guillermo Hernández Agüero. Colocaré la cita utilizada por el Señor
Guillermo, y la cita en su contexto colocando en rojo lo que dicho
autor omitió colocar:
Extracto de un artículo de Daniel Sapia escrito por Guillermo
Hernández Aguero:
“Podemos profundizar más sobre los Padres, pero nuestro tema en
este caso es sobre la Santa Cena. Sin embargo hay algunos Padres que
nos pueden decir algo sobre nuestro tema: «Cristo, habiendo tomado
el pan y habiéndolo distribuido a sus discípulos, lo hizo su
cuerpo, al decir: Este es mi cuerpo, a saber, la figura de mi cuerpo»
(Tertuliano, contra Marción 4:40) Tertuliano nos da entender que
para nada hay una transubstanciación con el pan; al contrario nos
enseña de que es simbólico.”
Obsérvense ahora el texto en su contexto:
Tertuliano, Contra Marciòn L.4 c.40 (Kroymann, 559ss; OEHLER,
2,267s, ML 2,460 A - 462A).
“…Con gran deseo he deseado comer la pascua con vosotros antes
de padecer ¡Oh destructor de la ley que anhelaba observar aun la
pascua!, de seguro que le deleitaría por la carne del cordero judío.
¿O es que era él, el que teniendo que ser llevado al sacrificio
como una oveja, y que como una oveja ante el que la trasquila, no
había de abrir su boca, deseaba realizar la figura de su sangre
salvadora? Podía también ser entregado por cualquier extraño para
que no dijera yo que también en esto el salmo estaba cumplido: El
que come pan conmigo levantará contra mí su pie…Pero esto
hubiera sido propio de otro Cristo, no del que realizaba las profecías…
Habiendo declarado, pues, que Él con grandes ansias había deseado
comer la pascua, como suya, pues es indigno que Dios desee algo
ajeno, habiendo tomado el pan y distribuido a los discípulos lo
hizo su cuerpo diciendo: Este es mi cuerpo, es decir, “figura de
mi cuerpo". Pero no hubiera sido figura, sino fuera cuerpo
verdadero. Por lo demàs, una cosa vana como es un fantasma no podía
contener la figura.
O si por esto al pan hizo su cuerpo, porque carecìa de cuerpo
verdadero, luego debiò entregar por nosotros al pan. ¡Hacìa, para
la vaciedad de Marción, que fuera cruficificado el pan, y no màs
bien al melón que Marción tuvo en vez de corazón? No
entendiendo que es antigua esta figura del cuerpo de Cristo, que
dice por Jeremías: Urgían tramas contra mí, diciendo: Venid,
echemos una astilla en su pan, es decir, la cruz en su cuerpo. Así
pues, el que ilumina las antiguas figuras, al llamar al pan cuerpo
suyo, declaró suficientemente que quiso significar entonces el pan.
Y así en la conmemoración del cáliz, constituyendo el testamento
sellado con su sangre, confirmó la substancia de su cuerpo. Porque
la sangre no puede ser de cuerpo alguno que no sea de carne. Porque
si alguna propiedad no carnal del cuerpo se nos opone, ciertamente
si no es carnal no tendrá sangre. Así la prueba de la realidad del
cuerpo se confirmará por el testimonio de la carne, y la prueba de
la realidad de la carne por el testimonio de la sangre. Y para que
reconozcas la antigua figura de la sangre en el vino, Isaías
dice…Mucho más manifiestamente el Génesis, en la bendición de
Judá, de cuya tribu había de provenir el origen de la carne de
Cristo, ya entonces bosquejada a Cristo en Judá: Lavará, dijo, en
vino su vestido, y en sangre de uvas su manto, significando la
estola y el manto la carne y el vino la sangre. Así ahora consagró
su sangre en el vino, el que entonces hizo al vino figura de su
sangre…..”
Para entender las palabras de Tertuliano, debemos conocer el
contexto. Marción negaba que Cristo tuviese cuerpo verdadero. La
fuerza del argumento de Tertuliano contra Marcion consistía en que el
pan no podía ser cuerpo verdadero de Cristo, si Cristo no hubiera
tenido cuerpo verdadero. ¿Cómo podría la Iglesia creer en forma unánime
que el pan consagrado era cuerpo de Cristo si Cristo no tenía
cuerpo?. Adicionalmente cuando dice: “El pan hizo su cuerpo”
denota un cambio de substancia. La realidad de la Eucaristía y la fe
de la Iglesia demostraban la realidad física del cuerpo de Cristo.
Tertuliano utiliza la expresión figura de su cuerpo para referirse
al cuerpo real. Tertuliano habla del pan eucarístico como “figura”
del cuerpo de Cristo, porque el verdadero cuerpo de Cristo había sido
en el AT anunciado por los profetas bajo la figura del pan, como la
verdadera sangre había sido prefigurada en el vino.
Tertuliano termina más adelante afirmando la realidad del cuerpo
de Cristo en la Eucaristía, y hablan de ella como un “sacramento”.
Luego veremos otros escritos donde la fe de Tertuliano en la Eucaristía
se puede verificar de forma diáfana. Llama la atención especialmente
cuando afirma que sufren ansiedad si cae al suelo algo del cáliz o a
pan, cosa que no tendría sentido de pensar que son solo símbolos.
Tertuliano, Contra Marción L.5 c.8 (Kroymann, 597; OEHLER,
2,296, ML 2,489 A).
“Por lo cual, por el sacramento del pan y del cáliz, ya hemos
probado en el evangelio la verdad del cuerpo y la sangre del Señor
en contra del fantasma propugnado por Marción…”
Tertuliano, Sobre la corona C.3 (KROYMANN: CSEL 70 (1942) 158,
OEHLER, 1421ss; ml 2,79 A - 80 A)
“El sacramento de la Eucaristìa confiado por el Señor en el
tiempo de la cena, y a todos, lo tomamos también en las reuniones
de antes del amanecer, y no de la mano de otros sino de las de los
que presiden; … Sufrimos ansiedad si cae al suelo algo de nuestro
cáliz o también de nuestro pan.”
Tertuliano, Sobre la idolatría (C.7 (A. REIFFERSCHEID - G. WISSOWA;
CSEL 20,1 (1890)36; OEHLER, 1,74s; ML 1,669 A-B )
“El celo de la fe hablará llorando en este punto: ¿es posible
que un cristiano venga de los ídolos a la Iglesia, del taller del
adversario a la casa de Dios; que levante las manos madres de los ìdolos
a Dios Padre; que ore con aquellas manos a las cuales afuera se ora
contra Dios, y acerque al cuerpo del Señor aquellas manos que
conducen los cuerpos a los demonios?…”
Tertuliano: Acerca de la honestidad. C.9 (G. RAUSCHEN: FP (1915)
53s; OEHLER, 1,810s; ML 2,997 D - 998 C)
“….`recibe también entonces el primer anillo, con el cual,
después de interrogado, sella el compromiso de la fe, y así a
continuación es alimentado con las delicias del cuerpo del Señor,
a saber con la Eucaristía”
Participando en un foro protestante tuve la oportunidad de
conversar con el Web Master del sitio Web anticatólico en cuestión
(Daniel Sapia), y le comenté sobre la descontextualización que se
había hecho en su sitio de los escritos de Tertuliano. Le mostré
este conjunto de textos de Tertuliano que hacen imposible pensar que
él apologeta pensara en el pan y vino consagrados como simples símbolos,
sin embargo a excepción de un breve comentario en su sitio Web donde
se aferra a su postura, e ignora mencionar estos textos, no ha hecho
corrección alguna. Esto era de esperar de alguien con tan poca ética,
ya que este individuo se ha hecho conocido a raíz de publicar artículos
amarillistas acusando al Papa Juan Pablo II de ser la mano de obra del
Anticristo y se sentarse en un sillón satánio, por tanto esto vendría
siendo para él, solo una raya más para un tigre.
Clemente de Alejandría (Mediados del siglo II – antes del
215)
Nació hacia el año 150, probablemente en Atenas, de padres paganos;
después de hacerse cristiano, viajó por el sur de Italia y por Siria
y Palestina, en busca de maestros cristianos, hasta que llegó a
Alejandría; las enseñanzas de Panteno (jefe de la escuela catequética
de Alejandría, en Egipto) hicieron que se quedara allí. Hacia el año
202, la persecución de Septimio Severo le obligó a abandonar Egipto,
y se refugió en Capadocia, donde murió poco antes del 215.
Su conocimiento de los escritos paganos y de la literatura
cristiana es notable; según Quasten, en sus obras se encuentran unas
360 citas de los clásicos, 1500 del Antiguo Testamento y 2000 del
Nuevo, por tanto es considerado cronológicamente como el primer sabio
cristiano .conocedor profundo no sólo de la Sagrada Escritura sino de
obras las obras cristianas anteriores a él, e incluso obras de
literatura profana. Clemente consideraba el cristianismo la realización
más bella y el coronamiento de todos los elementos de verdad
dispersos en la filosofía.
Clemente de Alejandría es testigo de la práctica litúrgica de
“eucaristizar” según una norma fija de la Iglesia, el pan,
y la mezcla de vino y agua, pero combate a los herejes encratitas que
eucaristizaban el agua sola. Llama a la Eucaristía “oblación”,
afirma fue figurada en el alimento santificado de vino y pan que dio
Melquisedec. Afirma que hay un alimento de pan que es Jesús mismo, y
el que come de ese pan no muere. Afirma que Jesús se da también en
bebida de imortalidad.
El texto más oscuro de Clemente sobre la Eucaristía se encuentra
en su obra del “Pedagogo”. Afirma aquí que la Eucaristía
es por sí misma vivificante y que da la inmortalidad; el Espíritu es
quien produce esta vivificación, y este Espíritu es para Clemente el
Espíritu que es la fuerza del Verbo, es decir, la naturaleza divina
del Verbo. Sin embargo, distingue la sangre carnal del Señor con la
que nos redimió, de la sangre espiritual (pneumática) “con la
que hemos sido ungidos”, y que nos hace partícipes de la
incorrupción. Por el contexto se ve que esta “sangre espiritual”
es el Espíritu vivificador, y no es que insinúe Clemente la idea de
que en la Eucaristía no está la verdadera Sangre del Señor. En
segundo lugar, habla Clemente de la Eucaristía como “mezcla de
la bebida (vino con agua) y del Verbo“. La expresión no dice
nada sobre la presencia real del Señor en la Eucaristía, sino que señala
las causas que intervienen en la confección de la Eucaristía.
Clemente de Alejandría. Stromata. L.1 c.1 (STAEHLIN, 2,
pg5,16-20; MG 8,692 B ).
“Es, pues, necesario que ambos se pruebe a sí mismos: el uno para
ver si es digno de decir y dejar comentarios, el otro para ver si es
tan justo que pueda escuchar y leer; así como también los que, según
es costumbre, reparten la Eucaristía, van permitiendo a cada
uno del pueblo tomar la parte correspondiente.”
Clemente de Alejandría. Stromata. L.1 c.19(STAEHLIN, 2, 61,26-62,1;
MG 8,813 A).
“Y a los privados de inteligencia recomiendo diciendo, así habla
la Sabiduría manifiestamente refiriéndose a los que andan entre
las herejías, tomad a hurtadillas gustosamente los panes y la dulce
agua robada [Prov 9,16s]; designando con claridad el pan y el agua,
no en otras herejías, sino en aquellas que, contra la regla de la
Iglesia, emplean pan y agua en la oblación; pues hay también
quienes eucaristizan el agua sola [no mezclada con vino]”
Clemente de Alejandría. Stromata. L.4 c.25 (STAEHLIN, 2,
319,22-320-1; mg 8,1369 B ).
Pues Salem se interpreta paz, de la cual paz es descrito como rey
nuestro Salvador, de quien dice Moisés: Melquicedec, rey de Salem,
el sacerdote del Dios Altísimo [Gen 14,18]; éste dio el pan y el
vino como alimento santificado en figura [tipo] de la Eucaristía.
Clemente de Alejandría. ¿Qué rico se salvará?. N.23 )STAEHLIN,
3, 175,11ss; MG 9,628 D)
Yo [el Salvador] soy tu sustentador, que me he dado a mí mismo
[como] pan, del cual quien ha gustado no hace ya más experiencia de
la muerte, y que me he dado a mi mismo [como] bebida de
inmortalidad.
San Hipólito (murió mártir en el año 235)
Se desconoce el lugar y fecha de su nacimiento, aunque se sabe fue
discípulo de San Ireneo de Lyon. Su gran conocimiento de la filosofía
y los misterios griegos, su misma psicología, indica que procedía
del Oriente. Hacia el año 212 era presbítero en Roma, donde
Origenes—durante su viaje a la capital del Imperio—le oyó
pronunciar un sermón.
Con ocasión del problema de la readmisión en la Iglesia de los
que habían apostatado durante alguna persecución, estalló un grave
conflicto que le opuso al Papa Calixto, pues Hipólito se mostraba
rigorista en este asunto, aunque no negaba que la Iglesia tiene la
potestad de perdonar los pecados. Tan fuerte fue el contraste que se
separó de la Iglesia y, elegido obispo de Roma por un reducido círculo
de partidarios suyos, fue así el primer antipapa de la historia. El
cisma se prolongó tras la muerte de Calixto, durante el pontificado
de sus sucesores Urbano y Ponciano. Terminó en el año 235, con la
persecución de Maximino, que desterró al Papa legítimo (Ponciano) y
a Hipólito a las minas de Cerdeña, donde se reconciliaron. Allí los
dos renunciaron al pontificado, para facilitar la pacificación de la
comunidad romana, que de este modo pudo elegir un nuevo Papa y dar por
terminado el cisma. Tanto Ponciano como Hipólito murieron en el año
235. El Papa Fabián hizo trasladar sus cuerpos solemnemente a Roma y
son honrados como mártires.
San Hipólito es tajante en afirmar que se evite con diligencia que
el infiel coma de la Eucaristía, ya que “es el cuerpo de Cristo
del cual todos los fieles se alimentan y no debe ser despreciado”.
San Hipólito. Segmentos exegéticos. Gem 38,19 (ACHELIS, 96;
fragmento árabe).
“Después que Judá había estado con ella [cf. Gen 38,16ss], le
dio a ella una prenda, a saber: tres cosas, el anillo de sellar, el
cordón y el báculo que llevaba él en la mano: éstas eran las
prendas de que él había estado con ella. De la misma manera Cristo
ha regalado a su Iglesia tres cosas, a saber, su cuerpo, su sangre y
el bautismo. Y si Tamar fue salvada por tres cosas, a saber, por el
anillo, el cordón y el báculo, así la santa Iglesia por tres
cosas, por la profesión de fe, por el cuerpo y por la sangre fue
igualmente salvada de la idolatría, y eligió asimismo para sus
hijos la salvación de la mundanidad por medio de Cristo: y nosotros
recibimos su cuerpo y su sangre, pues Él es la prenda de la vida
eterna para todo aquel que con humildad se acerca a Él.”
San Hipólito. Comentario a Daniel. L.4. n.35 (LEFEVRE, 334;
BONWETSCH: GChS 278,11-17; 280,1-4).
“…Después dice: Después de las sesenta y dos semanas habrán
pasado los tiempos…Él hará el Testamento para muchos durante una
semana; y en medio de la semana será quitado el sacrificio y la
libación sacrificial; y sobre el santuario, una abominación
desoladora [cf. Dan 9,26s]. Así, pues, una vez cumplidas las
sesenta y dos semanas y una vez venido Cristo y predicado el
evangelio en todas partes, cuando los tiempos estarán cumplidos,
será dejada una semana, la última,; en la cual aparecerán Elías
y Enoc. Y en medio de ella vendrá la abominación desoladora [Dan
9,27], el anticristo, que anunciará al mundo la devastación. Después
que él haya venido, será quitado el sacrificio y la libación sacrificial,
los cuales son ahora ofrecidos a Dios por las gentes en todas
partes [cf. Mal 1,11].
San Hipólito. Sobre los dos ladrones. (ACHELIS: GChS 211; MG 83,285
A: TEODORETO, Eranistes, diálogo 3)
“Ambas cosas proporcionó al mundo el cuerpo del Señor, sangre
sagrada y agua santa”.
San Hipólito. Tradición Apostólica (DIX; FUNK, 115s; BOTTE, 66s).
“Cada fiel procure tomar la Eucaristía, antes que haya probado
ninguna otra cosa. Pues si es fiel en tomarla, aunque se le dé
veneno mortal, no tendrá [el veneno] poder sobre él. Todos eviten
con diligencia que el infiel coma de la Eucaristía o que [lo hagan]
los ratones u otro algún animal, [y eviten que] ninguna otra
cosa en absoluto caiga en la Eucaristía y [que] (algo) perezca. Es
el cuerpo de Cristo, del cual todos los fieles se alimentan, y no
debe de ser despreciado…”
Origenes (185d.C – 254 d.C)
Orígenes fue escritor eclesiástico, teólogo y comentarista bíblico.
Vivió en Alejandría hasta el 231, se pasó los últimos 20 años de
su vida en Cesarea del Mar, Palestina y viajando por el imperio
romano. Fue el mayor maestro de la doctrina cristiana en su época y
ejerció una extraordinaria influencia como intérprete de la Biblia.
Orígenes fue profundamente afectado por el martirio de su padre,
Leonides, durante la persecución del emperador Severo en el 201.
Completó su educación en Alejandría donde estuvo en contacto con gnósticos
valentinianos. Unos años después estuvo bajo la influencia de
platonistas alejandrinos como Ammonius Sacas.
Orígenes enseñó que Dios, todopoderoso, providente y salvador,
se conoce solo por medio de Jesucristo, tal como fue anunciado por las
escrituras judías y testimoniado en el Nuevo Testamento. Jesucristo
pre-existió como la Palabra (Logos) Eterna y es el origen de la
creación universal.
Las enseñanzas de Orígenes contienen también muchas
especulaciones sobre temas en que la Iglesia de su época no se había
definido. Algunas de sus ideas resultaron erróneas a la luz del
desarrollo posterior de la doctrina católica. No por eso se puede
negar la validez del resto de sus enseñanzas.
Con respecto a la Eucaristía los escritos de Orígenes van en a
misma línea que el resto de los padres. Al igual que Tertuliano
muestra preocupación en que el pan y vino consagrados caigan al piso.
Afirma que “así como el maná era alimento en enigma, ahora
claramente la carne del Verbo de Dios es verdadero alimento, como Él
mismo dice: Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida”.
En todos estos casos, Orígenes se refiere al “verdadero alimento”
no como pan, sino como “la carne del Verbo de Dios”. Afirma
también que recibir el cuerpo indignamente ocasiona ruina para sí
mismos y se refiere a la celebración eucarística como “la mesa
del cuerpo de Cristo y del cáliz mismo de su sangre”.
Orígenes. Sobre el Exodo. Homilía 13,3 (W.A. BAEHRENS: GChS
29, Orígenes Werke 6,274; MG 12,391 A-B ).
“Conocéis vosotros, los que soléis asistir a los divinos
misterios, cómo cuando recibís el cuerpo del Señor, lo guardáis
con toda cautela y veneración, para que no se caiga ni un poco de
él, ni desaparezca algo del don consagrado. Pues os creéis
reos, y rectamente por cierto, si se pierde algo de él por
negligencia. Y si empleáis, y con recta razón, tanta cautela
para conservar su cuerpo, ¿Cómo juzgáis cosa menos impía
haber descuidado su palabra que su cuerpo.”
Orígenes. Sobre los Números. Homilía 7,2 (BAEHRENS: GChS 30,
Origenes Werke 7,39s; MG 12,613 C)
“Antes, el bautismo estuvo en enigma en la nube y en el mar; ahora
la regeneración está claramente en el agua y en el Espíritu
Santo. Entonces el maná era alimento en enigma, ahora claramente la
carne del Verbo de Dios es verdadero alimento, como Él mismo dice:
Mi carne verdaderamente es comida y mi sangre verdaderamente es
bebida”
Orígenes. Sobre Jeremías. Homilía 19,13 (E. KLOSTERMANN: GChS,
Origenes Werke 3,169,30-33: MG 13,489 C. aquí es la homilía 18 )
“…Si subes, pues, con Él para celebrar la pascua, te dará el cáliz
del Nuevo testamento; te dará también el pan de la bendición, te
concederá su cuerpo y su sangre”
Orígenes. Sobre Ezequiel 7,22 (MG 13,793 B ).
“Y entrarán en ellas [las cosas escogidas del mundo] sin
consideración [Ez 7,22 según los LXX; cf. V.20 también según los
LXX]…Así ha de decirse que entra sin consideración en las cosas
santas de la Iglesia, si uno, después del acto conyugal,
indiferente a la impureza que en sí ha contraído, consiente en
orar sobre el pan de la Eucaristía, pues este tal profana las cosas
santas y lleva a cabo una acción descompuesta.
Orígenes. Sobre el Salmo 37. Homilía 2,6 (MG 12,1386 D)
“¿No temes comulgar el cuerpo de Cristo, al acercarte a la
Eucaristía como si fueras limpio y puro, y como puedes huir el
juicio de Dios? ¿No recuerdas aquello que está escrito: que
por esto hay entre vosotros muchos débiles y enfermos y muchos que
mueren?. ¿Por qué muchos débiles? Porque no se juzgan a sí
mismos, ni se examinan, ni entienden qué es participar de la
Iglesia, ni qué acercarse a tantos y tan eximios sacramentos.
Padecen aquello que suelen padecer los que tienen fiebre, cuando se
atreven a comer los manjares de los sanos, a saber, que a sí mismos
se acarrean la ruina.”
Orígenes. Contra Celso. L.8. c33 (P. LOETSCHAU: GChS Origenes Werke
2,249,4-9; MG 11,1566 C).
Y Celso, por esa causa, como hombre que desconoce a Dios, de sus
hacimientos de gracias a los demonios; nosotros, por el contrario,
dando gracias al Creador de todo, comemos los panes ofrecidos con la
acción de gracias y la oración sobre los dones recibido, hechos
por la oración un cierto cuerpo santo y santificador de los que se
sirven de él con sano propósito.
Orígenes. Serie de comentarios. 82 (KLOSERMANN: GChS 38, Orígenes
Werke 1,194, MG 13,1732 B ).
[Mt 26,23]… Y si puedes entender la mesa espiritual y el alimento
espiritual y la cena del Señor, de todo lo cual se había dignado
Cristo hacerle participe [a Judas], verás todavía más la grandeza
de su maldad, pues que entregó al Salvador, maestro y a la vez
alimento de la divina mesa y del cáliz (y esto en el día de la
pascua), sin acordarse en los bienes corporales del amor del maestro
ni en los espirituales de su doctrina, repartida siempre sin
envidia. Como éste son en la Iglesia todos aquellos que ponen
asechanzas a sus hermanos, con los cuales frecuentemente estuvieron
juntos en la misma mesa del cuerpo de Cristo y en el mismo cáliz
de su sangre.
Sin embargo, comenta Jesús Solano, que Orígenes tiene un texto muy
discutido que reproduciremos a continuación, el cual, aunque no es
propiamente un texto eucarístico, él emplea la terminología Eucarística
en sentido alegórico. Para quien conoce la pasión de Orígenes por
relacionar entre sí texto de la Sagrada Escritura y por buscar alegorías
en aquel ambiente de “gnosis” en Alejandría, no ofrece ningún
serio problema acerca de la ortodoxia de Orígenes el que éste se
exprese con semejantes alegorías. Sería injusto para con el escritor
y anticientífico deducir el pensamiento eucarístico de Orígenes de
uno u otro pasaje y no del conjunto de todos ellos. A pesar de haber
tenido Orígenes numerosos adversarios, no hay noticia de que nadie le
impugnase por su doctrina eucarística menos pura.
Orígenes. Serie de comentarios. 85 (KLOSTERMANN, 196s; MG
13,1734 A – 1735 A).
Este pan que el Dios Verbo confiesa ser su cuerpo, es la palabra que
alimenta las almas, palabra procedente del Dios Verbo y pan del pan
celestial que ha sido puesto sobre la mesa de la que está escrito:
Has preparado delante de mí una mesa a la vista de mis
perseguidores. Y esta bebida que el Dios Verbo confiesa ser su
sangre, es la palabra que apaga la sed y embriaga prodigiosamente
los corazones de los que beben, bebida que está en el cáliz del
que se ha escrito: y cuan excelente es tu cáliz que embriaga. Y
esta bebida es fruto de la vid verdadera que dice: Yo soy la
verdadera vid, y es la sangre de aquella uva que, echada en el lagar
de la pasión, produjo esta bebida. Como también el pan es la
palabra de Cristo, hecha de aquel trigo que, cayendo en la tierra,
dio mucho fruto. Porque no a aquel pan visible que tenía en las
manos decía Dios Verbo su cuerpo, sino a la palabra en cuyo
misterio debía ser partido aquel pan; ni a aquella bebida visible
decía su sangre, sino a la palabra en cuyo misterio aquella bebida
debía ser derramada. Porque cuerpo o sangre del Dios Verbo ¡Que
otra cosa puede ser, sino la palabra que alimenta, y la palabra que
alegra el corazón?
San Cipriano (258 d.C)
San Cipriano nació hacia el año 200, probablemente en Cartago, de
familia rica y culta. Se dedicó en su juventud a la retórica. El
disgusto que sentía ante la inmoralidad de los ambientes paganos,
contrastado con la pureza de costumbres de los cristianos, le indujo a
abrazar el cristianismo hacia el año 246. Poco después, en 248, fue
elegido obispo de Cartago. Al arreciar la persecución de Decio, en
250, juzgó mejor retirarse a un lugar apartado, para poder seguir
ocupándose de su grey.
De él se conservan una docena de opúsculos sobre varios temas del
momento y, particularmente, una preciosa colección de 81 cartas, en
las que da muestra de su extraordinaria clarividencia y energía en
los asuntos referentes a la fe y a la vida de la Iglesia. Más que un
hombre de ideas fue sobre todo un hombre de gobierno y de acción. Su
doctrina coincide sustancialmente con la de Tertuliano, del que era
lector asiduo y a quien consideraba como «maestro».
Uno de los problemas que reclamó su atención fue la actitud que
convenía tomar con los que habían cedido durante la persecución
accediendo a ofrecer sacrificios a los ídolos. Muchos de ellos
quisieron luego volver a la Iglesia, y ser participes de la Eucaristía.
Los textos eucarísticos de San Cipriano son demasiado abundantes
para comentarlos todos.
San Cipriano. Carta 58 N.9 (HARTEL, 665, BAYARD; ML 4,357 A)
“…armémonos También la diestra con la espada espiritual, para
que rechaza con fortaleza los funestos sacrificios, para que,
acordándose de la Eucaristía, la [diestra] que recibe el cuerpo
del Señor le abrace a él mismo, ella que al poco tiempo ha de
recibir del Señor el premio de las coronas celestiales.”
San Cipriano. Acerca de los caídos [en idolatría]. C.2 (J. MARTIN,
S. Thasci Caccili Cypriani De Lapsis: FP 21 (1930) S; HARTEL: CSEL
v.3 p.1 pg.238; ML 4,446 B )
“…manos esclarecidas, que no estaban hechas sino a obras
divinas, resistieron a los sacrificios sacrílegos; las bocas
santificadas con los manjares celestiales después del cuerpo y
la sangre del Señor rechazaron el contagio de lo profano y los
restos de los ídolos”
San Cipriano. Acerca de los caídos [en idolatría] C.15 (MARTIN,
26, HARTEL, 248; ML 4,478 A-B )
“Volviendo de los altares del diablo se acercaron a lo santo
del Señor con manos sórdidas e infectas por el hedor;
eructando casi todavía los mortíferos alimentos de los ídolos,
asaltan el cuerpo del Señor con las fauces que exhalan aún su
crimen y hieden a funestos contagios, siendo así que sale al paso
la Escritura divina, y clama y dice: [Lev 7,20; 1 Cor 10,21;
11,27]…”
Firmiliano, Obispo de Cesarea (268 d.C)
Firmiliano. Extractos Carta 75 n.10.21: HARTEL: CSEL v.3 p.2 p.817s,
823s; ML 3,1165 A. 1171 B – 1172 A)
“…Por lo demás, cuán gran delito es el de quienes son
admitidos o el de quienes admiten a tocar el cuerpo y sangre del Señor,
no habiendo lavado sus manchas por el bautismo de la Iglesia ni
habiendo depuesto sus pecados, habiendo usurpado temerariamente la
comunión, siendo así que está escrito: Quien quiera que comiera
el pan o bebiera el cáliz del Señor indignamente, será reo del
cuerpo y de la sangre del Señor”
Novaciano (mediados del siglo III)
Era hombre erudito e inteligente, formado en la filosofía estoica,
profesor de retórica, y con una gran reputación en Roma. Sus
adversarios, que son casi nuestra única fuente de información, le
dibujan como vanidoso.
Es el primer teólogo romano que escribe en latín con gran
elegancia, y a través de sus escritos se refleja un carácter algo
parecido al de Tertuliano.
Nos han llegado cuatro de sus obras. Conocemos el nombre de otros
siete escritos, y que escribió muchos más. Afortunadamente se
conserva el más importante de todos los que escribió, Sobre la
Trinidad; en él recoge la doctrina tradicional, tal como la
expresaron autores anteriores, pero con una mayor precisión y orden,
y también de manera más amplia y completa; lo debió de escribir
antes de su ruptura con la Iglesia. Las otras tres obras conservadas
tratan de temas morales, expuestos con cierta extensión, y son Sobre
los alimentos de los judíos, Sobre los espectáculos y Sobre las
ventajas de la castidad.
El extracto del escrito que reproducimos a continuación, cuestiona
lo absurdo de que un cristiano vaya a los espectáculos paganos. Le
parece sumamente reprobable la actitud de un cristiano que se atrevió
a entrar con la Eucaristía en sitios indignos.
Novaciano. Sobre los espectáculos. C.5 (A. BOULANGER,
Tertullien, De spectaculis [Seguido de Pseudo-Cyprien- De
spectaculis] (Paris 1933) ; HARTEL : CSEL v.3 p.3 pg 8.
“…atreviéndose a llevar consigo al lupanar lo santo, si hubiera
posido, el que apresurándose a ir al espectáculo, despedido del
sacrificio del Señor y llevando todavía consigo, como es
costumbre, la Eucaristía, llevó este infiel, por entre los cuerpos
obscenos de las meretries, el santo cuerpo de Cristo, mereciendo
más castigo por este camino que por el placer del espectáculo.
Conclusión
Con esto doy por terminado este pequeño resumen de lo que la
Iglesia enseñó durante los primeros 3 siglos, cubrir los primeros 6
siglos sería mucho más extenso pero la evidencia es todavía más
abundante. Sugiero profundizar en las obras mencionadas en la
Bibliografía para mayor información.
Ahora bien, si Santo Tomás de Aquino vivió del 1225 al 1274 d.C.
venir a achacar al santo la invención de la transubstanciación es
casi un chiste, Santo Tomás lo que hizo fue, por medio de esta
terminología, explicar la conversión del pan y del vino eucarísticos,
que sustenta la presencia real de Cristo. Mucho más absurdo es
afirmar tal como lo hace la Iglesia de Dios israelita que los padres
ignoraron esta doctrina durante los 6 primeros siglos, siendo que hay
tan abundantes referencias históricas. Esto solo puede llamarse
aprovecharse de la ignorancia de sus miembros.
Volviendo a Santo Tomás, lo que intenta es responder a una cuestión
central en la teología eucarística: ¿Como unir de modo claro la
realidad visible significante (el pan y el vino) y la realidad
invisible significada (el cuerpo y la sangre de Cristo)? Según Santo
Tomás, las dos son preservadas en la enseñanza de la
transubstanciación: Por una parte los accidentes del pan y del vino
son los símbolos reales que significan la pasión y la resurrección
de Cristo: lo que se ve es la realidad significante. Por otra parte lo
que es invisible a los sentidos, la conversión del pan y del vino en
el cuerpo y sangre de Cristo, sirve para conducir a los creyentes a la
realidad significada, la presencia real de la persona del Salvador.
Sto. Tomás entiende por substancia una cosa o una persona
examinada en su ser intrínseco, dotada de una unidad y de una
consistencia propias, hecha abstracción de sus cualidades y
propiedades diversas. Un hombre, compuesto de muchas sustancias
diversas (Sangre, huesos, tejidos…) es siempre una sola substancia.
Por tanto Sto. Tomás quiere decir que en la Eucaristía hay un cambio
de substancias en el sentido de que el ser intrínseco del pan y del
vino, una realidad metafísica, no experimentable por los sentidos e
invisible, se convierte en el ser intrínseco del cuerpo y de la
sangre de Cristo. El cuerpo de Cristo no puede ser tocado o comido en
su especie propia, sino solo en las especies sacramentales que lo
ocultan a nuestros ojos y nuestra experiencia sensible.
En resumen, aunque la Iglesia primitiva no utilizó la palabra “Transubstaciación”,
creyó lo mismo que esta explica: Que el pan y vino consagrados SON el
cuerpo y Sangre del Señor.
Bibliografía
Textos Eucaristicos Primitivos, Tomos I por Jesús Solano, B.A.C.
Padres apostólicos, por Daniel Ruiz Bueno, B.A.C.
Padres apologetas griegos, Daniel Ruiz Bueno, B.A.C.
La Eucaristía en Santo Tomás de Aquino, por elescoliasta.org
Las biografías de los padres y apologetas primitivos fueron
tomadas de mercaba.org
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