La Virgen María y el cristianismo:

 

Algunos católicos, quizá por ignorancia, dicen que “adoran” a María, sin embargo, la Iglesia Católica, nos ha enseñado que no debemos adorarla. A Dios, por su condición divina, lo adoramos, sin embargo, a María Santísima, la veneramos, pues es la Madre de Dios y, al mismo, nuestra intercesora ante Él. Adorar, por lo tanto, no es lo mismo que venerar, pues sólo Dios es digno de adoración, mientras que María, en un grado menor, recibe la veneración de aquellos que la amamos y reconocemos.

 

¿Por qué pedimos la intercesión de María?, ante todo, porque es la única creatura que nació sin el pecado original y que, al ser la Madre de Jesús, tiene un vínculo con todos nosotros, pues somos sus hijos e hijas. Ciertamente, podemos dirigirnos directamente a Dios, sin embargo, al invocar la intercesión de María, enriquecemos nuestra oración con su presencia maternal, la cual, nos acoge, ama y enseña.

 

Muchos dejan la Iglesia Católica, argumentando que está centrada en María, sin embargo, esto es un error, pues la fe católica está fundamentada en el Dios de la vida. Ahora bien, negar el papel de la Virgen María, es eliminar una parte fundamental del cristianismo, pues si Dios quiso dárnosla como madre, ¿quiénes somos nosotros para descalificarla?