Las diez claves del viaje del Papa Benedicto XVI a Francia
Escrito por Jesús de las Heras Muela - Director de ECCLESIA   
jueves, 04 de septiembre de 2008

París y Lourdes son visitadas por el Papa del 12 al 15 de septiembre en el contexto del 150 aniversario de las apariciones marianas.

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 Del 12 al 15 de septiembre, el Papa Benedicto XVI realiza su décimo viaje internacional. Una semana antes, va a Cagliari, capital de la isla italiana de Cerdeña, en su undécima visita pastoral dentro de Italia y el domingo 19 de octubre viajará hasta el santuario de la Virgen del Rosario en Pompeya, en la región de Campania, en el sur de Italia, junto a Nápoles. Con anterioridad, el domingo 21 de septiembre el Papa irá a Albano.

 “Anunciar el Evangelio, confirmar en la fe a los hermanos, consolidar las Iglesias locales y reencontrar al hombre” son –en frase del Papa Juan Pablo II- los objetivos de los viajes papales. Estos cuatro rasgos definitorios encuentran también ahora su confirmación en el periplo galo de Benedicto XVI, cuyo contexto central es la conmemoración del Año Jubilar del 150 aniversario de las apariciones marianas a Santa Bernardita Soubirous en Lourdes. Además, Benedicto XVI dedicará el primer día y medio de su estancia en Francia a visitar, París, la capital del país y una de las primeras ciudades del mundo, por su belleza, significado e influencia. Con todo ello, las claves de esta visita pastoral de Benedicto XVI son estas:

 

 1.- Memoria y acción de gracias por la venerable Iglesia católica en Francia, la llamada históricamente “hija predilecta de la Iglesia”. Durante siglos Francia fue considerada “la hija predilecta” de la Iglesia”, “la católica Francia”. De hecho, sus Reyes eran llamados “los Reyes cristianísimos”, aun cuando desde la Revolución francesa, la separación Iglesia-Estado es total, incluso con episodios ya pasados de hostilidad y de laicismo agresivo y excluyente.

La fecundidad histórica del catolicismo francés está avalada por el espléndido patrimonio artístico religioso que el país atesora, por la venerable memoria de la abadía benedictina de Cluny y por el influjo durante centurias de su Iglesia. Así lo demuestran también nombres de santos tan relevantes como  San Ireneo de Lyon, San Hilario de Poitiers, San Cesáreo de Arlés, San Martín de Tours, San Juan Casiano, San Luis, San Bernardo de Claraval, San Roberto de Molesmes, San Francisco de Paula, Santa Juana de Arco San Francisco de Sales, Santa Juana Francisca de Chantal, San Vicente de Paúl,  Santa Luisa de Marillac, San Juan Bautista de Lasalle, San Marcelino Champagnat, Santa Margarita María de Alacoque,  San Claudio de la Colombière,  San Luis María Grignon de Monfort, San Juan María Vianney, la ya citada Santa Bernardita Soubirous, San Juan Eudes, San Pedro Chanel, Santa Teresita de Lisieux, los beatos Federico Ozanam, Guillermo José Chaminade, Antonio Chevrier, Carlos de Foucauld…

 Francia es también la patria de intelectuales y creadores culturales católicos contemporáneos tan destacados como Peguy,  Claudel, Mounier, Guitton, Saint Exupery, Mauriac, Bernanos, Frossard, los teólogos Teilhard de Chardin, Danielou, De Lubac, Congar…

2.- Encuentro con la Iglesia católica francesa del presente. Si hace más de medio siglo que Francia fue considerado “país de misión” y la sombra y la huella del secularismo y de la descristianización persisten, el país gallo ofrece todavía hoy datos estadísticos que lo confirma como una de las principales naciones de la catolicidad, incluso con algún ligero repunte esperanzador en su dinamismo interno. Así, de los cerca de sesenta y dos millones de personas que habitan Francia, más de cuarenta y seis millones son católicos, un 75,5% de la población.

 El número de circunscripciones eclesiásticas es de 98 para 186 obispos (incluidos eméritos), con 16.553 parroquias y otros 674 centros pastorales. El número total de sacerdotes asciende a 21.074, de ellos 15.863 son diocesanos y 5.211 religiosos. Los religiosos no sacerdotes son 2.904 y las religiosas profesas, 39.521. Hay también 2.099 diáconos permanentes, 1.577 miembros de Institutos Seculares, 99 misioneros laicos y 62.831 catequistas. Hay asimismo 1.299 seminaristas mayores y 134 seminaristas menores.

 Iglesia pionera en la acción y presencia educativa, los religiosos y eclesiásticos de Francia regentan 7.113 escuelas infantiles y primaras, 2.726 escuelas medias y secundarias y 356 centros educativos superiores y universitarios, que acogen, a 833.380, 1.215.864 y 58.996 estudiantes, respectivamente. Asimismo la Iglesia francesa sirve, también por distintos medios, 94 hospitales, 103 ambulatorios, 520 casas para ancianos, 96 orfanatos, 49 consultorios familiares y para protección de la vida, 247 centros especiales de educación o reeducación social y 65 instituciones varias.

 

 3.- Tras las huellas de sus predecesores. Aunque Pablo VI no viajó como Papa a Francia, su formación intelectual e incluso sus orígenes familiares –su madre- eran deudores de la gran Francia católica. Con anterioridad, Juan XXIII fue nuncio apostólico en Francia e incluso el capelo cardenalicio, antes de marchar a Venecia como patriarca, se lo impuso, por delegación de Pío XII, el entonces Jefe del Estado de Francia.

Juan Pablo II visitó Francia en siete ocasiones. Fue, tras Polonia, el país al que viajó en mayor número de ocasiones, recorriendo, en los distintos periplos, sus cuatro puntos cardinales. Juan Pablo II estuvo en Francia en junio de 1980, agosto de 1983, octubre de 1986, octubre de 1988, septiembre de 1996, agosto de 1997 –con ocasión de la XII Jornada Mundial de la Juventud de París- y agosto de 2004. Precisamente, Lourdes fue el destino los días 14 y 15 de agosto de este viaje de Juan Pablo, su 104 y última –hasta agónica- visita apostólica. Meses después fallecía.

 

 4.- Vinculaciones de Benedicto XVI con Francia. Buen conocedor de la cultura gala, Joseph Ratzinger es miembro desde hace años de la Academia francesa de Ciencias Morales y Políticas. Además ha visitado en numerosas ocasiones el país, tanto en sus años de sacerdote y profesor como cuando fue cardenal.

En muchas ocasiones, se ha referido asimismo al significado, consecuencias y secuelas del mayo francés de 1968, al que ha calificado como “la gran crisis de Occidente”, como una de las mayores “rupturas históricas de nuestra época”.

 

 5.- En diálogo con la cultura moderna. El diálogo fe-razón, Iglesia-cultura será, sin duda, uno de los ejes de esta visita papal. De hecho, uno de sus momentos más esperados es el discurso que pronunciará en la tarde del viernes 12 de septiembre en el colegio parisino de los Bernardinos en su programado encuentro con representantes del mundo de la cultura.

 

 6.- Relaciones Iglesia-Estado y raíces cristianas de Francia y de Europa. Este diálogo con la cultura contemporánea y con la modernidad encontrará igualmente otro referente en su encuentro con el presidente galo y con las autoridades, que será ocasión para ratificar el modelo válido de autonomía y de colaboración en las relaciones Iglesia-Estado.

En el pasado mes de diciembre, el presidente Sarkozy visitó en Roma al Papa. Allí, concretamente al tomar posesión de su silla capitular honorífica en la basílica lateranense,  Sarkozy pronunció un significativo discurso sobre las relaciones Iglesias-Estado y sobre las raíces cristianas de Europa. A buen seguro que ahora Benedicto XVI retoma la cuestión en el palacio del Eliseo como ya lo hizo hace un año en el palacio presidencial –antiguo palacio imperial- de Viena.Image

 

7.- Tiempo también para el encuentro y el diálogo interreligioso. En la tarde del viernes 12 de septiembre, el Santo Padre recibirá a los principales representantes de la importante y emblemática comunidad judía de París. A este respecto baste recordar que las raíces judías del anterior arzobispo de París, cardenal Jean Lustiger, fallecido hace un año, y su gran trabajo en el diálogo interreligioso. Asimismo, el diálogo ecuménico e intercristiano tendrá también en los contenidos del viaje, aun cuando históricamente la presencia cristiana no católica ha sido muy minoritaria en Francia.

 

8.- Al servicio de la misión. Francia, como casi todos los países occidentales y tradicionalmente católicos,  es –sigue siendo- país de misión. En este sentido, la atención ha de estar puesta en su encuentro con los jóvenes, en la primera hora de la noche del sábado 12 de septiembre, en el atrio de Notre Dame de París; en la misa de la mañana 13 de septiembre, en la explanada de los Inválidos; y en las vísperas, en la bellísima catedral parisina, con sacerdotes, diáconos, consagrados y seminaristas; y en su encuentro, ya en Lourdes, con los obispos.

 

9.- En Lourdes, peregrino entre peregrinos. Dos días, cerca de cuarenta y ocho, permanecerá Benedicto en Lourdes, junto a la gruta milagrosa y venerable de Masabielle. Los 150 años de las apariciones marianas en este mismo lugar es el principal hilo conductor de la visita apostólica. La efeméride, Año Jubilar, está lucrada con indulgencia plenaria. “Venid a beber a la fuente y lavaos” es su lema.

Benedicto XVI, peregrino entre peregrinos, orante y solidario con los que sufren y con los enfermos, acudirá desde la tarde del sábado 13 de septiembre y hasta el mediodía del lunes día 15 a esta fuente, a estas fuentes: el camino jubilar, la gruta de las apariciones, la procesión de las antorchas, la procesión eucarística, el prado del santuario, la visita al hospital y el encuentro con los enfermos, la Santa Misa… Y el Papa predicará en Lourdes el Evangelio del sufrimiento, que es siempre el Evangelio de la esperanza y del anticipo de la redención.

 

10.- María, la gran fuerza de la catolicidad.  En distintas ocasiones, Benedicto XVI ha calificado la piedad y devoción a María Santísima como la gran fuerza y una de las señas de identidad de la catolicidad. Y ahora, en su peregrinación a Lourdes, lo recordará.

Porque Lourdes, con más de seis millones de peregrinos cada año, es uno de los más destacados santuarios marianos de toda la Iglesia. Lourdes y su mensaje son evocación permanente de la esencia del Evangelio. Lourdes, con las mismas palabras que María Inmaculada dijo a Bernardette, es oración, penitencia, peregrinación, conversión y eclesialidad. Lourdes es así milagro y gracia permanentes.

Y es que, como afirmaba meses atrás Benedicto XVI, "Dios, el Señor, tiene una Madre, y en la Madre reconocemos realmente la bondad maternal de Dios. La Virgen, la Madre de Dios, es el auxilio de los cristianos, es nuestro consuelo permanente, nuestra gran ayuda. Esto lo veo también en el diálogo con los obispos del mundo: que el amor a la Virgen es la gran fuerza de la catolicidad. En la Virgen reconocemos toda la ternura de Dios, por lo que cultivar y vivir el gozoso amor de la Virgen, de María, es un don de la catolicidad muy grande". (Jesús de las Heras Muela - Director de ECCLESIA)