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París
y Lourdes
son visitadas por el Papa del 12 al 15 de septiembre en el
contexto del 150 aniversario de las apariciones marianas.

Del
12 al 15 de septiembre, el Papa Benedicto XVI realiza su décimo
viaje internacional. Una semana antes, va a Cagliari, capital de
la isla italiana de Cerdeña, en su undécima visita pastoral
dentro de Italia y el domingo 19 de octubre viajará hasta el
santuario de la Virgen del Rosario en Pompeya, en la región de
Campania, en el sur de Italia, junto a Nápoles. Con
anterioridad, el domingo 21 de septiembre el Papa irá a Albano.
“Anunciar
el Evangelio, confirmar en la fe a los hermanos, consolidar las
Iglesias locales y reencontrar al hombre” son –en frase del
Papa Juan Pablo II- los objetivos de los viajes papales. Estos
cuatro rasgos definitorios encuentran también ahora su
confirmación en el periplo galo de Benedicto XVI, cuyo contexto
central es la conmemoración del Año Jubilar del 150
aniversario de las apariciones marianas a Santa Bernardita
Soubirous en Lourdes. Además, Benedicto XVI dedicará el primer
día y medio de su estancia en Francia a visitar, París, la
capital del país y una de las primeras ciudades del mundo, por
su belleza, significado e influencia. Con todo ello, las claves
de esta visita pastoral de Benedicto XVI son estas:
1.-
Memoria y acción de gracias por la venerable Iglesia católica
en Francia, la llamada históricamente “hija predilecta de la
Iglesia”. Durante siglos Francia fue considerada “la
hija predilecta” de la Iglesia”, “la católica Francia”.
De hecho, sus Reyes eran llamados “los Reyes cristianísimos”,
aun cuando desde la Revolución francesa, la separación
Iglesia-Estado es total, incluso con episodios ya pasados de
hostilidad y de laicismo agresivo y excluyente.
La
fecundidad histórica del catolicismo francés está avalada por
el espléndido patrimonio artístico religioso que el país
atesora, por la venerable memoria de la abadía benedictina de
Cluny y por el influjo durante centurias de su Iglesia. Así lo
demuestran también nombres de santos tan relevantes como San
Ireneo de Lyon, San Hilario de Poitiers, San Cesáreo de Arlés,
San Martín de Tours, San Juan Casiano, San Luis, San Bernardo
de Claraval, San Roberto de Molesmes, San Francisco de Paula,
Santa Juana de Arco San Francisco de Sales, Santa Juana
Francisca de Chantal, San Vicente de Paúl, Santa
Luisa de Marillac, San Juan Bautista de Lasalle, San Marcelino
Champagnat, Santa Margarita María de Alacoque, San
Claudio de la Colombière, San Luis María
Grignon de Monfort, San Juan María Vianney, la ya citada Santa
Bernardita Soubirous, San Juan Eudes, San Pedro Chanel, Santa
Teresita de Lisieux, los beatos Federico Ozanam, Guillermo José
Chaminade, Antonio Chevrier, Carlos de Foucauld…
Francia
es también la patria de intelectuales y creadores culturales
católicos contemporáneos tan destacados como Peguy, Claudel,
Mounier, Guitton, Saint Exupery, Mauriac,
Bernanos, Frossard, los teólogos Teilhard de Chardin, Danielou,
De Lubac, Congar…
2.-
Encuentro con la Iglesia católica francesa del presente.
Si hace más de medio
siglo que Francia fue considerado “país de misión” y la
sombra y la huella del secularismo y de la descristianización
persisten, el país gallo ofrece todavía hoy datos estadísticos
que lo confirma como una de las principales naciones de la
catolicidad, incluso con algún ligero repunte esperanzador en
su dinamismo interno. Así, de los cerca de sesenta y dos
millones de personas que habitan Francia, más de cuarenta y
seis millones son católicos, un 75,5% de la población.
El
número de circunscripciones eclesiásticas es de 98 para 186
obispos (incluidos eméritos), con 16.553 parroquias y otros 674
centros pastorales. El número total de sacerdotes asciende a
21.074, de ellos 15.863 son diocesanos y 5.211 religiosos. Los
religiosos no sacerdotes son 2.904 y las religiosas profesas,
39.521. Hay también 2.099 diáconos permanentes, 1.577 miembros
de Institutos Seculares, 99 misioneros laicos y 62.831
catequistas. Hay asimismo 1.299 seminaristas mayores y 134
seminaristas menores.
Iglesia
pionera en la acción y presencia educativa, los religiosos y
eclesiásticos de Francia regentan 7.113
escuelas infantiles y primaras, 2.726 escuelas medias y
secundarias y 356 centros educativos superiores y
universitarios, que acogen, a 833.380, 1.215.864 y 58.996
estudiantes, respectivamente. Asimismo la Iglesia francesa
sirve, también por distintos medios, 94 hospitales, 103
ambulatorios, 520 casas para ancianos, 96 orfanatos, 49
consultorios familiares y para protección de la vida, 247
centros especiales de educación o reeducación social y 65
instituciones varias.
3.-
Tras las huellas de sus predecesores. Aunque Pablo VI no
viajó como Papa a Francia, su formación intelectual e
incluso sus orígenes familiares –su madre- eran deudores de
la gran Francia católica. Con anterioridad, Juan XXIII fue
nuncio apostólico en Francia e incluso el capelo cardenalicio,
antes de marchar a Venecia como patriarca, se lo impuso, por
delegación de Pío XII, el entonces Jefe del Estado de Francia.
Juan
Pablo II visitó Francia en siete ocasiones. Fue, tras Polonia,
el país al que viajó en mayor número de ocasiones,
recorriendo, en los distintos periplos, sus cuatro puntos
cardinales. Juan Pablo II estuvo en Francia en junio de 1980,
agosto de 1983, octubre de 1986, octubre de 1988, septiembre de
1996, agosto de 1997 –con ocasión de la XII Jornada Mundial
de la Juventud de París- y agosto de 2004. Precisamente,
Lourdes fue el destino los días 14 y 15 de agosto de este viaje
de Juan Pablo, su 104 y última –hasta agónica- visita apostólica.
Meses después fallecía.
4.-
Vinculaciones de Benedicto XVI con Francia. Buen
conocedor de la cultura gala, Joseph Ratzinger es miembro desde
hace años de la Academia francesa de Ciencias Morales y Políticas.
Además ha visitado en numerosas ocasiones el país, tanto en
sus años de sacerdote y profesor como cuando fue cardenal.
En
muchas ocasiones, se ha referido asimismo al significado,
consecuencias y secuelas del mayo francés de 1968, al que ha
calificado como “la gran crisis de Occidente”, como una de
las mayores “rupturas históricas de nuestra época”.
5.-
En diálogo con la cultura moderna. El diálogo fe-razón,
Iglesia-cultura será, sin duda, uno de los ejes de esta visita
papal. De hecho, uno de sus momentos más esperados es el
discurso que pronunciará en la tarde del viernes 12 de
septiembre en el colegio parisino de los Bernardinos en su
programado encuentro con representantes del mundo de la cultura.
6.-
Relaciones Iglesia-Estado y raíces cristianas de Francia y de
Europa. Este diálogo
con la cultura contemporánea y con la modernidad encontrará
igualmente otro referente en su encuentro con el presidente galo
y con las autoridades, que será ocasión para ratificar el
modelo válido de autonomía y de colaboración en las
relaciones Iglesia-Estado.
En
el pasado mes de diciembre, el presidente Sarkozy visitó en
Roma al Papa. Allí, concretamente al tomar posesión de su
silla capitular honorífica en la basílica lateranense, Sarkozy
pronunció un significativo discurso sobre las relaciones
Iglesias-Estado y sobre las raíces cristianas de Europa. A buen
seguro que ahora Benedicto XVI retoma la cuestión en el palacio
del Eliseo como ya lo hizo hace un año en el palacio
presidencial –antiguo palacio imperial- de Viena.
7.-
Tiempo también para el encuentro y el diálogo interreligioso.
En la tarde del viernes 12 de septiembre, el Santo Padre recibirá
a los principales representantes de la importante y emblemática
comunidad judía de París. A este respecto baste recordar que
las raíces judías del anterior arzobispo de París, cardenal
Jean Lustiger, fallecido hace un año, y su gran trabajo en el
diálogo interreligioso. Asimismo, el diálogo ecuménico e
intercristiano tendrá también en los contenidos del viaje, aun
cuando históricamente la presencia cristiana no católica ha
sido muy minoritaria en Francia.
8.-
Al servicio de la misión.
Francia, como casi todos los países occidentales y
tradicionalmente católicos, es –sigue
siendo- país de misión. En este sentido, la atención ha de
estar puesta en su encuentro con los jóvenes, en la primera
hora de la noche del sábado 12 de septiembre, en el atrio de
Notre Dame de París; en la misa de la mañana 13 de septiembre,
en la explanada de los Inválidos; y en las vísperas, en la
bellísima catedral parisina, con sacerdotes, diáconos,
consagrados y seminaristas; y en su encuentro, ya en Lourdes,
con los obispos.
9.-
En Lourdes, peregrino entre peregrinos.
Dos días, cerca de cuarenta y ocho, permanecerá Benedicto en
Lourdes, junto a la gruta milagrosa y venerable de Masabielle.
Los 150 años de las apariciones marianas en este mismo lugar es
el principal hilo conductor de la visita apostólica. La efeméride,
Año Jubilar, está lucrada con indulgencia plenaria. “Venid a
beber a la fuente y lavaos” es su lema.
Benedicto
XVI, peregrino entre peregrinos, orante y solidario con los que
sufren y con los enfermos, acudirá desde la tarde del sábado
13 de septiembre y hasta el mediodía del lunes día 15 a esta
fuente, a estas fuentes: el camino jubilar, la
gruta de las apariciones, la procesión de las antorchas, la
procesión eucarística, el prado del santuario, la visita al
hospital y el encuentro con los enfermos, la Santa Misa… Y el
Papa predicará en Lourdes el Evangelio del sufrimiento, que es
siempre el Evangelio de la esperanza y del anticipo de la
redención.
10.-
María, la gran fuerza de la catolicidad. En
distintas ocasiones, Benedicto XVI ha calificado la piedad y
devoción a María Santísima como la gran fuerza y una de las
señas de identidad de la catolicidad. Y ahora, en su
peregrinación a Lourdes, lo recordará.
Porque
Lourdes, con más de seis millones de peregrinos cada año, es
uno de los más destacados santuarios marianos de toda la
Iglesia. Lourdes y su mensaje son evocación permanente de la
esencia del Evangelio. Lourdes, con las mismas palabras que María
Inmaculada dijo a Bernardette, es oración, penitencia,
peregrinación, conversión y eclesialidad. Lourdes es así
milagro y gracia permanentes.
Y
es que, como afirmaba meses atrás Benedicto XVI, "Dios, el
Señor, tiene una Madre, y en la Madre reconocemos realmente la
bondad maternal de Dios. La Virgen, la Madre de Dios, es el
auxilio de los cristianos, es nuestro consuelo permanente,
nuestra gran ayuda. Esto lo veo también en el diálogo con los
obispos del mundo: que el amor a la Virgen es la gran fuerza de
la catolicidad. En la Virgen reconocemos toda la ternura de
Dios, por lo que cultivar y vivir el gozoso amor de la Virgen,
de María, es un don de la catolicidad muy grande".
(Jesús de las Heras Muela - Director de ECCLESIA)
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