Limosna y pecados veniales
...Ejercitaos en la limosna, en el ayuno y en la oración.
Por estos remedios se purgan los pecados diarios, que, a causa de la fragilidad
humana, no pueden dejar de deslizarse en el alma. No despreciéis estos pecados
porque son pequeños, sino temedlos porque son muchos. Atended, hermanos míos.
Son pequeños, no grandes. No son como el león, que de un bocado se traga a uno;
pero también, frecuentemente, muchos insectos pequeños llegan a matar. Si fuera
arrojado alguien a un lugar lleno de pulgas, ¿acaso no moriría allí? No son
grandes, pero la naturaleza humana es débil y puede ser destruida por insectos
diminutos. Así también los pecados pequeños. Prestadles, pues, atención porque
son pequeños, temedlos porque son muchos. (S. AGUSTÍN, Sermón 9).
Pequeñísimos son los granos de arena; pero si permites que
entren demasiados en la barca, acabarán por hundirla de modo que perezcáis. Las
gotas de agua, aunque son pequeñas, ¿acaso no llenan los ríos hasta rebosar y
socavan las casas? No despreciéis, pues, los pecados menudos. Pero diréis:
¿quién puede librarnos de ellos? Para que se pudiera decir esto (porque
verdaderamente nadie puede), Dios misericordioso, viendo nuestra fragilidad,
puso a nuestro alcance remedios. ¿Cuáles? Tres: la limosna, la oración y el
ayuno. Para que tu oración sea verdadera debes hacer limosnas perfectas.
¿Cuáles son? Que de lo que te sobra, des al que no tiene; y que cuando alguien
te ofenda, le perdones. (S. AGUSTÍN, ibídem).