Los
diez mandamientos para un baile digno
Ricardo Ruvalcaba
jem@arcol.org
1.
Bailarás con tu pareja con todo respeto.
Baila como deseas que otros lo hagan con tus hijos e hijas el día de mañana.
2.
No bailarás con un hijo de Dios en vano. Así
como no tocas una fotografía con los dedos para no ensuciarla, tampoco
lo hagas con una persona que es templo del Espíritu Santo. ¡Vale la
pena respetar al hombre por Cristo! ¡Vale la pena ser puro por amor a
Jesucristo!
3.
Santificarás las fiestas vistiendo con
pudor. Busca que te aprecien por lo que eres y no por lo que ofreces. No
es fácil bailar controlando las pasiones, pero en la vida debemos
elegir entre lo fácil y lo correcto. Y lo correcto es que la gente
baile contigo para ser mejor persona y no porque ofreces un desahogo a
sus pasiones y egoísmos. Que tus cualidades físicas nunca aparten a
nadie de Dios.
4.
Honrarás a los padres y madres del mañana
bailando con tus amigos y amigas de hoy sin olvidar que ellos un día se
casarán y tendrán hijos. ¿No crees que sus futuros esposos o esposas
y sus hijos te detestarían si le faltaste al respeto en su juventud a
la que llegará a ser su esposo o su esposa, su padre o su madre? No te
hagas detestable a los futuros esposos e hijos de tus conocidos. Te
agradecerán si actúas correctamente y de tu ejemplo se inspirarán
para respetar a otros y así crear un ambiente social de mayor respeto.
5.
No matarás tu vida de gracia en el baile.
¡Antes morir que pecar! Si Cristo te pide ser puro, dile que sí.
Jesucristo es el creador de la felicidad y el camino a la plenitud.
Cristo viene a dar Vida a tu vida. El pecado no es felicidad porque lo
que no es útil para la eternidad, es enteramente inútil.
“Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a
Dios”.
6.
No cometerás actos impuros en el baile.
Ninguna persona es un objeto de placer para satisfacer tus pasiones
desordenadas. No rebajes al hombre a lo que no es. ¡Él es imagen de
Dios! Jesucristo, al encarnarse, elevó la dignidad humana y la santificó.
7.
No robarás la pureza en el baile. Evita la
“comunión de egoísmos”, en el que tu pareja cede a tus sucias
intenciones. Eso es robarse el valor de sus personas, rebajándose a
simples objetos de placer recíproco. ¡A mayor pureza, mayor belleza!
8.
No mentirás a tu conciencia en el baile. Si
sabes que bailar de una determinada manera o con una determinada persona
o en un determinado lugar te provoca deseos impuros, soluciónalo. Mejor
salir de la discoteca a tiempo que terminar la noche con un pecado
contra Dios, contra otra persona y contra tu conciencia. Distingue
bien los sitios, los modos, y sobre todo las personas con las que
bailas.
9.
No tendrás malas intenciones antes, durante
y después de un baile con tu pareja. La moralidad en el baile depende,
como dice el refrán, de la intención de él, de ella, y de los dos en
su modo de tratarse. No dudes en dejar el baile
si el ambiente se pone feo, o si sientes que pierdes poco a poco el
control sobre ti mismo. Hay mil modos sanos para descansar, divertirse y
tratar con las personas. El baile es bueno si te sirve para eso. Pero si
te llena de egoísmo, si te hace tratar a los demás simplemente por el
placer que te producen, si te degrada, no lo dudes: deja el baile y
busca algo que te haga mejor persona y mejor cristiano.
10.
No codiciarás a la persona que ya está
acompañada ni más licor de lo moderado. Cuando estés acompañado,
baila con la misma educación que esperas encontrar en aquellos que
bailan con tu esposo o esposa. Y cuando bebas, modérate
si tomas cerveza u otras bebidas con alcohol. Si eres valiente, pedirás
un refresco y sabrás estar siempre en tus cabales. No te rebajes nunca
a tomar drogas. Se presentan como una aventura y puedes terminar dentro
de un hospital o de una tumba. Aprende a divertirte sin tener que dañar
tu cuerpo y tu alma.■
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