DEBATE CIENCIA Y FELos enemigos de la cienciaPor José Luis Restán
El libro, titulado "¿Quienes son los enemigos de la ciencia?" (Ed. Lindau), analiza además las consecuencias de esa mentalidad cientificista propagada a través de los diversos centros de cultura, una de cuyas expresiones la encontramos en Stephen Hawking. Este último eligió la semana pasada el incomparable marco de Santiago de Compostela para anunciar que la ciencia está a punto de responder a todas las preguntas que hasta ahora habían sido dominio de las religiones. "Queda ya poco espacio para los milagros y para Dios", sentenció el científico metido a teólogo. A este tipo de científicos especialmente acariciados por los medios,
dedica bastantes páginas el ensayo del matemático Israel, que no duda
en afirmar que "manifiestan una visión inspirada en propósitos
que nada tienen que ver con la ciencia y que responden a la intención
de demostrar científicamente el ateísmo y el materialismo". Con
razón se ha fustigado la pretensión de algunos eclesiásticos de convertir
la Biblia en un libro de ciencias naturales, pero no menos patética
es la figura del científico que pretende derivar de su ciencia el significado
de la vida humana, que no puede ser escrutada simplemente con el telescopio
o el microscopio. En todo caso, hay un primer error de bulto que extraña
en alguien tan inteligente como Hawking: la idea de que la pretensión
de las religiones ha sido responder a las preguntas sobre el cómo de
la creación del mundo. Como ya explicaba San Agustín en el siglo IV,
la Biblia no pretende enseñarnos cómo se han constituido los cielos,
sino cómo se llega al Cielo. Desde su cátedra de Matemáticas en La Sapienza de Roma, Giorgio Israel propugna una nueva racionalidad abierta, muy en sintonía con la propuesta de Benedicto XVI en Ratisbona. En aquella ocasión el Papa afirmó que la ciencia no cesa de plantear preguntas que desbordan los límites de su propio método y que por tanto remiten a otro método de conocimiento. En este sentido, el propio Israel afirma que "lo peor sería pensar que la racionalidad científica es la única manera de concebir la razón". "Para mí, continúa, una novela de Dostoyevski es una manifestación de la racionalidad como lo pueden ser un tratado de historia o de psicología (...) y la ciencia, que avanza a tientas pero también por intuición aparentemente irracional, no es más que una forma entre las muchas de conocimiento". Otro hombre que miraba a las estrellas, el pastor errante de Asia en la célebre poesía de Leopardi, ejercía cabalmente su razón al preguntarse:"cuando miro en el cielo arder las estrellas, me digo pensativo: ¿para qué tantas luces? ¿Qué hace el aire sin fin, y esa profunda, infinita serenidad? ¿Qué significa esta soledad inmensa? ¿Y yo, qué soy?". Israel insiste en que el conocimiento es múltiple y en que la experiencia humana está lejos de ser únicamente científica. El hombre no es ni un dado ni una máquina de vapor, ni una calculadora, y por tanto no puede explicarse en términos científicos salvo a costa de una brutal reducción de los humano.
En este punto es interesante retomar una reflexión realizada por Benedicto XVI en su discurso al IV Congreso Eclesial de la Iglesia italiana, en Verona. El Papa señalaba entonces que: En aquella ocasión el Papa desarrollaba su programa de Ratisbona, consistente en ampliar los espacios de la razón, y confiaba en la posibilidad de "conjugar entre sí la teología, la filosofía y las ciencias, respetando plenamente sus métodos propios y su recíproca autonomía, pero siendo también conscientes de su unidad intrínseca". Las afirmaciones de Benedicto XVI y de Giorgio Israel que hemos recatado hoy, con su apertura, profundidad y modernidad, dan cumplida respuesta al vano titular que ha conseguido Stephen Hawking al precio de abaratar su imagen como científico. libertaddigital.com |