LUNES VI DE PASCUA

 

Del Tratado de Dídimo de Alejandría, Sobre la Santísima Trinidad

El Espíritu santo nos renueva en el Bautismo

 

GLOSA

No es difícil constatar cómo en tantos ambientes actuales, el esfuerzo de los hombres se encamina y concentra en la construcción de una ciudad terrena, autónoma y eficiente, mientras Dios parece ausente,íncomprensible, inútil. Y así, incluso para muchos que han recibido el bautismo, la fe no es la raíz de su vida, por lo cual muchos creyentes se sienten solos en medio de una sociedad prácticamenle atea, si no fuera por la certeza de haber recibido el Espiritu Santo, que puede realizar lo que para nosotros resulta imposible: la ciudad celeste, los cielos nuevos y la tierra nueva son construibles no por nosotros sino por el Espíritu de Cristo: ciudad habitada por los hijos de Dios, por los hermanos de Cristo. Habiendo recibido la fe no podemos permanecer inmóviles esperando que dé sus frutos. Nos corresponde a nosotros obedecer con confianza a sus requerimentos. Renovando nuestra fe, hasta hacerla conipletamente sencilla Y auténtica, llevaremos una vida coherente e irradiaremos un fuego que irá purificando la ciudad terrena hasta construir la celeste .

E1 Espíritu Santo, en cuanto que es Dios, junto con el Padre y el Hijo, nos renueva en el bautismo y nos retorna de nuestro estado deforme a nuestra primitiva hermosura, llenándonos de su gracia, de manera que ya nada nos queda por desear; nos libra del pecado y de la muerte; nos convierte de terrenales, esto es, salidos de la tierra y del polvo, en espirituales; nos hace partícipes de la gloria divina, hijos y herederos de Dios Padre, conformes a la imagen del Hijo, coherederos y hermanos de éste, para ser glorificados y reinar con él; en vez de la tierra nos da el cielo y nos abre generosamente las puertas del paraíso, honrándonos más que a los mismos ángeles; y con las aguas sagradas de la piscina bautismal apaga el gran fuego inextinguible del infierno.

Hay en el hombre un doble nacimiento, uno natural, otro del Espíritu divino. Acerca de uno y otro escribieron los autores sagrados. Yo voy a citar el nombre de cada uno de ellos, así como su doctrina.

Juan: A cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, dio poder de llegar a ser hijos de Dios, los cuales traen su origen no de la sangre ni del deseo camal ni de la voluntad del hombre, sino del mismo Dios. Todos los que creen en Cristo, afirma, han recibido el poder de llegar a ser hijos de Dios, esto es, del Espíritu Santo, y de llegar a ser del mismo linaje de Dios. Y, para demostrar que este Dios que nos engendra es el Espíritu Santo, añade estas palabras de Cristo en persona: Te aseguro que el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.

La piscina bautismal, en efecto, da a luz de manera visible al cuerpo visible de la Iglesia, por el ministerio de los sacerdotes; pero el Espíritu de Dios, invisible a todo ser racional, bautiza espiritualmente en sí mismo y regenera, por ministerio de los ángeles, nuestro cuerpo y nuestra alma.

Juan el Bautista, en relación con aquella expresión: De agua y de Espiritu, dice, refiriéndose a Cristo: Él os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Ya que nosotros somos como una vasija de barro, por eso necesitamos en primer lugar ser purificados por el agua, después ser fortalecidos y perfeccionados por el fuego espiritual (Dios, en efecto, es un fuego devorador); y, así, necesitamos del Espíritu Santo para nuestra perfección y renovación, ya que este fuego espiritual es también capaz de regar, y esta agua espiritual es capaz de fundir como el fuego.