Magdi Allam, un converso que reta a la Iglesia a perder el miedo al islam

Subdirector del 'Corriere', elogia el "mensaje revolucionario" de Benedicto XVI

 

Santiago Mata.

La fe vivida en armonía con la razón es lo que ha decidido al intelectual egipcio Magdi Allam, adscrito a un islam moderado, a convertirse al catolicismo. Así lo afirma en la carta que, tras ser bautizado, en la noche del sábado por el Papa, envió al director del diario italiano Corriere della Sera, del que desde 2003 es subdirector honorífico.

 Magdi, que se ha añadido el nombre de Cristiano, ve el milagro de la Resurrección de Cristo "reflejado en mi alma, liberándola de las tinieblas de una predicación donde el odio y la intolerancia hacia el diferente, condenado acríticamente como enemigo, priman sobre el amor y el respeto al prójimo, que es siempre y en cualquier circunstancia persona".

 Su lucha "convencida y ardiente por un islam moderado" supuso para Magdi Allam condenas a muerte como "enemigo del islam, hipócrita cristiano copto que finge ser musulmán, traidor y difamador". Y le llevó a concluir "que, más allá de la coyuntura que registra la implantación del fenómeno de los extremistas y del terrorismo islámico en todo el mundo, la raíz del mal está inscrita en un islam que es fisiológicamente violento e históricamente conflictivo".

 El periodista egipcio, que está casado con una italiana, pudo contrastar la respuesta del islam con la que daban "personas católicas practicantes de buena voluntad que, en virtud de su testimonio y de su amistad, se convirtieron, poco a poco para mí, en punto de referencia en el plano de certezas de la verdad y de la solidez de los valores". Junto al ejemplo de sus amigos de Comunión y Liberación y de otros, Allam destaca su encuentro "con el papa Benedicto XVI, al que siempre he admirado y defendido siendo musulmán, por su maestría a la hora de establecer el vínculo indisoluble entre la fe y la razón como fundamento de la auténtica religión y de la civilización humana".

 El converso describe su bautismo como "un gesto histórico y valiente" del Papa, que "desde el primer momento en que tuvo noticias de mi deseo, aceptó de inmediato administrarme en persona los sacramentos de la iniciación al cristianismo". Allam quiere extraer de dicho gesto una invitación a la valentía que va mucho más allá del simple no arredrarse frente a amenazas como la reciente de Bin Laden contra el propio Sumo Pontífice: "Su Santidad lanzó un mensaje explícito y revolucionario a una Iglesia que, hasta ahora, quizás haya sido demasiado prudente en la conversión de musulmanes, absteniéndose de hacer proselitismo en los países de mayoría islámica, por miedo a no poder ayudar a los conversos frente a la condena a muerte por apostasía y por miedo a las represalias sobre los cristianos residentes en los países musulmanes".

 El reto del intelectual egipcio se dirige igualmente a la sociedad civil, dado que ella y no la Iglesia es quien puede garantizar la seguridad física de las personas: "Si aquí mismo, en Italia, no somos capaces de garantizar a todos la libertad religiosa, ¿cómo podremos ser creíbles cuando denunciamos la violación de dicha libertad en otras partes del mundo? Pido a Dios que esta Pascua especial otorgue la resurrección del espíritu a todos los fieles en Cristo, que, hasta ahora, han estado sojuzgados por el miedo".

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