SERVICIO CATÓLICO
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El Papa: María, ejemplo de una esperanza que se nutre escuchando

Durante la Audiencia general, Francisco subrayó que «ninguno de nosotros puede decir cuál fue la pasión más cruel» en la cruz, si la de Cristo o la de la madre, que simplemente «estaba»



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Frente al hijo crucificado, «simplemente estaba». El Papa dedicó la catequesis de la Audiencia general de hoy, miércoles 10 de mayo, a María, «madre de esperanza», y subrayó que «ninguno de nosotros puede decir cuál fue la pasión más cruel: si la de un hombre inocente que muere en el patíbulo de la cruz, o la agonía de una madre que acompaña los últimos instantes de la vida de su hijo», porque sobre este punto «los Evangelios son lacónicos, y extremadamente discretos». Siempre hay una «gran relación entre la esperanza y la escucha», dijo Francisco indicando el ejemplo de María, «mujer que escucha, que acoge la existencia así como se entrega a nosotros, con sus días felices, pero también con sus tragedias con las que nunca habríamos querido cruzarnos». El Pontífice argentino recordó a los fieles su próximo viaje (el viernes 12 y el sábado 13 de mayo) al santuario mariano de Fátima. 

 

«María atravesó más de una noche oscura en su camino de madre», dijo el Papa prosiguiendo con su ciclo de catequesis dedicado a la esperanza cristiana. «Desde su primera aparición en la historia de los Evangelios, su figura se presenta como si fuera el personaje de un drama. No era simple responder con un “sí” a la invitación del ángel: sin embargo, ella mujer todavía en la flor de la juventud, responde con valentía, a pesar de que no supiera nada del destino que le esperaba. María, en ese instante, nos parece como una de las tantas madres de nuestro mundo, valientes hasta el extremo cuando se trata de acoger en el propio viente la historia de un nuevo hombre que nace». María aparece en los Evangelios «como una mujer silenciosa, que a menudo no comprende todo lo que sucede alrededor, pero que medita cada palabra y cada evento en su corazón. En esta disposición hay un detalle muy bello de la psicología de María: no es una mujer que se deprime frente a las incertidumbres de la vida, sobre todo cuando nada parece ir por buen camino. Tampoco es una mujer que protesta con violencia, que despotrica contra el destino de la vida que nos revela a menudo un rostro hostil. Es, por el contrario, una mujer que escucha: no se olviden —subrayó el Papa— que siempre hay una gran relación entre la esperanza y la escucha, y María es una mujer que escucha, que acoge la existencia así como se entrega a nosotros, con sus días felices, pero también con sus tragedias con las que nunca habríamos querido cruzarnos. Hasta la noche suprema de María, cuando su Hijo es clavado al madero de la cruz». 

 

Hasta ese día, indicó el Papa, «María casi había desaparecido de la trama de los Evangelios: los escritores sacros dan a entender este lento eclipsarse de su presencia, su permanecer muda frente al misterio de un Hijo que obedece al Padre. Pero María vuelve a aparecer en el momento crucial: cuando buena parte de los amigos se dispersaron por el miedo. Las madres —recordó Francisco— no traicionan, y en ese instante, a los pies de la cruz, ninguno de nosotros puede decir cuál fue la pasión más cruel: si la de un hombre inocente que muere en el patíbulo de la cruz, o la agonía de una madre que acompaña los últimos instantes de la vida de su hijo. Los Evangelios son lacónicos, y extremadamente discretos. Registran con un simple verbo la presencia de la Madre: “estaba”. No dicen nada sobre su reacción, ni siquiera una pincelada para describir su dolor: sobre estos detalles se habría desencadenado la imaginación de poetas y pintores, regalándonos imágenes que han entrado a la historia del arte y de la literatura. Pero los Evangelios simplemente dicen que estaba. Estaba allí en el momento más feo, en el momento cruel, y sufría con el Hijo. Estaba. María estaba, simplemente estaba allí. He aquí nuevamente la joven mujer de Nazaret, ya encanecida por el paso del tiempo, una vez más frente a un Dios que solo debe ser abrazado, y con una vida que ha llegado al umbral de la oscuridad más densa. María estaba en la oscuridad más densa, pero estaba: no se fue». 

 

Por último, también la vemos al comienzo de la Iglesia, junto a los discípulos de su Hijo, acompañándolos y animándolos como madre de esperanza. Así nos enseña que en los momentos de dificultad, cuando parece que nada tiene sentido, siempre tenemos que esperar y confiar en Dios. 

 

Al final de la Audiencia, el Papa Francisco saludó, entre otros, a la delagación de los jóvenes sacerdotes del Patriarcado de Moscú, huéspedes del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, que participan en la semana ecuménica promovida por el Movimiento de los Focolares. A los fieles argentinos recordó: «Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Hoy celebramos la fiesta de san Juan de Ávila, patrono del clero español y maestro de vida espiritual. Pidamos por todos los sacerdotes, para que sean siempre una imagen transparente de Jesús, Buen Pastor, y la Virgen María los sostenga a lo largo de su vida sacerdotal. También quisiera enviar un saludo desde aquí a los fieles de mi Patria que hace dos días celebraron la Solemnidad de la Patrona de Argentina, Nuestra Señora de Luján. Mi corazón estuvo en Luján estos días. Que el Señor los bendiga a todos. Muchas gracias».

 

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