| María Magdalena | |
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<Y cuando huho llegado el día tremendo en que se anubló el sol y se estremecieron y dislocaron dolorosainente los huesos do la tierra, al pie de la Cruz estaban juntas su inocentísima Madre y arrepentida pecadora, para darnos así a entendcr que sus amorosos brazos estaban abiertos igualmcntc a la inocencia y al arrepentimiento». Todo eso veía el arrebatado Donoso Cortés- un arrepentido tambien—en el lacónico <<stabat>> evangélico. El Talmud cucnta que su cabellera semejaba un río do oro;río que arrastró tantos corazones en el castillo de Magdala y en las fiestas fácilles de Herodes Antipas. Pero, la pecadora de los cabellos de oro conservaba algo intacto entre tantas catástrofes: conservaba, en frase de René Bazin, el « poder do asquearse y la gracia de aburrirse>>. Y no se sabe nunca donde está el hilo frágil de que se valdrá el Señor para abrir el corazón. Aquella especie de elegance languidez, aquel afán inquieto de nuevas impresiones, fue el impulso frívolo que, revuelto en curiosidad, la hizo salir un dia a escuchar al profeta <<poderoso en obras y palabras>>, que traía revuelta a toda Judea. Y fue salva por su frívola curiosidad, que era en el fondo hastío de placer y ansia de amor y de belleza.... Seamos un poco tolerantes con este mundo de hoy, con este mundo de la languidez y del <spleen». No sabemos nunca en que repliegue está escondida la Gracia. Confiemos en que también este mundo conserva intactos el <<poder de asquearse» y la <<gracia de aburrirse>>.¿ Por qué no han de ser sus aparentes frivolidades inquietas, simples chispazos de la grande y salvadora inquietud?
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| La apasionada impaciente | |
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Tambien el Via crucis>> de la Magdalena es un <<Via Crucis de silencio>>. Su pasión chisporrotea tambien oculta, como fuego de la Víspera, bajo la gavilla de oro de sus cabellos. No aparece tampoco en el Evangelio hasta el <Stabat> sobrio, conciso, del pie de la Cruz. Y aquí, en terreno ya más humano, el silencio de la Magdalena adquiere proporciones de martirios. Lo que en Maria se nos representa como dignidad necesaria de su persona excepcional, en la Magdalena se nos antoja estudiada y dolorosa contentión de sus afectos. Siguió a Jesus durante toda la vía de su amargura, con su corazón de fuegocembridado de serenidad y de resignación. Porque toda su historia anterior es una historia de arrebatos, de arranques, de vasos quebrado, de despifarros de unguentos. Solo durante la Pasión calla y modera su ímpetu. iComo debió dolerle el silencio a ella, que era toda, en su interior, griterío apasionado!
Y esta,
la apasionada impaciente, es la que por amor se hizo serenidad y paciencia,
tras el Justo, por las calles de Jerusalen.
Nadie ha
calado mejor toda la hondura de dolor de este <<via crucis»
callado y pacientede
la arrepentida que Santa Teresa
de Jesus, que cree que si María Magdalena no recibió
el martirio fue porque el recuerdo de aquella jornada de la Pasion fue pars
ella martirio mayor y mas cotidiana muerte. Esto dice en la <<Septima morada>>
el amor interpretando al amor.
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