¡Te
conocimos Señor! Más historias de conversos y creyentes
Jorge
Enrique Mújica Manuel
García Morente, ese gran converso español de mediados del siglo
pasado, lo definió como “el hecho extraordinario”. Agnóstico
militante, su paso a la fe, y posteriormente al sacerdocio católico,
conllevó la humillación y el desprecio de muchos de sus conocidos.
Pero la realidad de lo vivido, de esa presencia real y cercana del Dios
que le había salido al paso, fue mayor que cualquier otra seguridad.
Esa bondad que le había impulsado a la conversión también le dio la
fuerza para mantenerse firme cuando todo lo demás le hacía tambalear y
a veces amenazaba derribarlo. En
ese sentido, el siglo XXI no es muy diverso a 1940. El que se declara
creyente o da el paso a la fe sigue siendo objeto de burlas y
menosprecio. Pero la seguridad que da la amistad con Cristo es el mayor
aliciente para saberse seguros, acompañados y fortalecidos. El
rockero mundialmente conocido, Lenny Kravitz, podría parecer la antípoda
del hombre de fe. Pero en medio de conciertos, cámaras, flashes y
entrevistas, sabe en Quién tiene puestas sus esperanzas: “Lo llevo
grabado en mi espalda, mi corazón pertenece a Jesucristo”, declaró
en abril de 2008 al ser entrevistado en Madrid durante la presentación
de It is time for a love revolution, su último material
discográfico. Ya en enero de este año había sorprendido a medio mundo
al afirmar en la revista Maxim que había dejado de practicar el
sexo porque estaba dispuesto a vivir el celibato hasta que encontrara
esposa. Otro
famoso que se reconoce creyente, aunque éste corredor de autos, es el
campeón de Fórmula 1 polaco, Robert Kubica. El pasado mes de junio de
2008, Kubica ganó el GP de Canadá, justo en la misma pista donde hace
un año estuvo a punto de perder la vida tras la colisión del coche de
carreras en el que conducía a más de 280 kilómetros por hora. Robert,
de 23 años, lleva en su auto una foto dedicada de Juan Pablo II y a él
atribuye el que no haya perdido la vida en 2007. Lewis
Hamilton, también corredor de Fórmula 1, con la escudería McLaren,
confesó que desde cuando era muy pequeño, iba cada semana a la
iglesia, “Pero cuando empecé a competir no podía, porque tenía
carreras. No sólo mi familia inmediata, también mis tías, mis primos,
somos muy religiosos. Y siento mi fe como algo muy cercano,
especialmente estos últimos dos años. Por eso habló de ella tan
libremente” (Cf. El País Semanal, 24 de agosto de 2008). Y añade:
“Siempre he sido religioso y soy católico”. Y se nota. No por nada
valora el papel de su familia, como buen creyente: “Mi familia tiene
un papel crucial en mi vida y siempre lo ha tenido. No podría estar ni
un día sin ellos. Son mi equipo de apoyo, me ayudan, me cuidan y me
liberan de parte del estrés que produce ser piloto de Fórmula 1”. La
vida de Ingrid Betancour no es menos conocida que la de muchos otros
famosos aunque, ciertamente, el motivo de su fama sí es distinto. La ex
política franco-colombiana, premio Príncipe de Asturias de la
Concordia 2008, estuvo secuestrada seis años por la guerrilla de
Colombia. Tras un pequeño lapso de tibieza y abandono de su fe católica,
causado por la incomprensión de lo que le estaba sucediendo, logró
crecer en la visión sobrenatural de los acontecimientos al grado de
abrazar con mayor fuerza e ímpetu su credo inicial. A un semanario católico
francés declaró: “El 1 de junio escuchaba yo Radio Católica
Mundial, y me enteré de que en junio se celebra el mes del Sagrado
Corazón. Pues bien. La última vez que vi a mi padre, estábamos
sentados en su habitación, bajo una imagen del Sagrado Corazón. Papá
me tomó de la mano, observó la imagen y dijo: “Sagrado Corazón,
cuida de mi corazón, cuida de mi hija”. Así que cuando hablaron del
Sagrado Corazón presté atención (…) Sabía que los que se
consagraban al Sagrado Corazón recibían bendiciones. Me acuerdo de una
en particular, en que Jesús prometía tocar los corazones duros que nos
hacen sufrir. Entonces oré: Jesús mío, nunca te he pedido nada porque
eres tan grande que me da vergüenza pedirte. Pero aquí te voy a pedir
una cosa muy concreta. No sé exactamente lo que significa consagrarse
al Sagrado Corazón, pero si me dices, a lo largo de tu mes, el mes de
junio, en qué fecha seré liberada, seré toda tuya”. Ingrid no tuvo
que esperar demasiado tiempo. El 27 de junio le anunciaron que sería
liberada. “He vivido el milagro, Jesús cumplió su palabra”, señaló
Betancour. Un
deportista, medallista de oro olímpico en Beijing 2008, que dejó
patidifusos a muchos colegas fue el boxeador dominicano Félix Manuel Díaz
Guzmán quien declaró a NoticiaCristiana.com que “Cuando uno pone a
Dios delante de todo, Dios hace lo demás”. Joe
Esteras, el guionista y creador del thriller erótico, ha dado un giro
de 180 grados a su vida. Conocido por películas como Show Girls,
Instinto Básico o Jagged Edge (de explícito contenido sexual y
violencia al por mayor) y antiguo editor de la revista Rolling Stone,
ha relatado su conversión al catolicismo en el libro Crossbearer: A
memoir of faith (Portador de cruz: un recuerdo de fe). De
origen húngaro, Esteras creció en un campo para refugiados después de
la Segunda Guerra Mundial hasta que llegó a Estados Unidos. Se desempeñó
como reportero de casos policiales y de violencia, lo que marcó su línea
como guionista. En 2001 le diagnosticaron cáncer en la garganta por lo
que fue sometido a intervención quirúrgica y se vio en la necesidad de
dejar el alcohol y el tabaco. Acostumbrado a un estilo de vida
“ligero”, Joe, de 56 años, describe que un día infernalmente
caluroso caminaba por una avenida cuando percibió que su vida había
tocado el fondo. “Me estaba volviendo loco. Estaba muy nervioso.
Temblaba. No tenía paciencia para nada. Cada terminación nerviosa
demandaba un trago y un cigarrillo…”. Se tiró al suelo, lloró y,
sin saber cómo, comenzó a rezar: “Por favor, Dios mío, ayúdame”.
¡La última vez que había rezado era cuando era un niño! “No podía
creer lo que había dicho. No supe por qué lo había dicho. Nunca antes
lo había dicho”, subraya. Fue el inicio de una paz que le sobrecogió.
Dio el paso de la duda a la seguridad que da la fe, y así comenzó su
camino de regreso a la Iglesia católica. “La Eucaristía y la
presencia del cuerpo y sangre de Cristo está en mi mente y es una
experiencia sobrecogedora. La comunión es poderosa y es casi un
sentimiento celestial”, confiesa Esteras. Aunque sigue recibiendo
ofertas para redactar guiones sobre los que alguna vez escribió, Joe
afirma que “Mi vida cambió desde que Dios entró a mi corazón. No me
interesa la oscuridad. Tengo cuatro hijos hermosos, una esposa a la que
adoro, adoro estar vivo y gozo cada momento de mi vida. Mi visión se ha
iluminado y no quiero regresar a ese lugar oscuro”. Luis
Fernando Pérez Bustamante es el actual director-coordinador de Religiónenlibertad.com,
uno de los portales sobre religión más visitados en España y Latinoamérica,
y en sintonía plena con el Magisterio de la Iglesia católica, para más
datos. Pero el itinerario de este buen amigo mío no fue siempre el del
hombre de fe católica que muchos conocemos hoy. Durante la adolescencia
perdió la fe y deambuló luego pon la new age y el cristianismo
evangélico. Tertuliano de cariz anticatólica en foros de internet, fue
profundizando y llegó a la iglesia ortodoxa para luego dar el paso
definitivo a la plenitud de la Verdad en el catolicismo. Hoy por hoy, es
uno de esos “reversos” que han reconocido y ahondado en la fe de los
apóstoles, y por eso la defiende y promueve a través de los modernos
medios de comunicación. “Nací
en una familia que no cree en Dios. Mis padres estaban bautizados y se
casaron en la Iglesia católica, pero, en realidad, no tenían fe.
Decidieron no bautizarme, y nunca me hablaron de Dios”. Son palabras
de Abraham Cruz, un joven español de 29 años quien gracias al
testimonio de vida de varios de sus compañeros y jefes scouts,
conoció, ahondo y abrazó la fe a los 12 años. “Pero no fue solo el
juego lo que me fascinó. Resulta que al inicio de cada reunión se
recitaba una especie de poesía a un “señor” que yo no sabía quién
era. Se trataba de la oración de san Francisco de Asís y se dirigía a
Jesucristo”. “Me bauticé con 12 años y desde ese momento, jugando
y viviendo la aventura scout, fui descubriendo más y más de
Dios”. Pero no todo ha quedado ahí. Abraham ha pasado de una familia
sin fe, al sacerdocio: “Estoy haciendo nueva mi antigua promesa scout
de servir de servir a Dios y a la Iglesia, esta vez con todo mi ser, con
toda mi alma, con todo mi entendimiento… y para siempre”. La
historia del enfermero valenciano, Antonio Escobedo García, también es
conmovedora. Luego de sufrir una grave lesión lumbar, aceptó acompañar
a su esposa al santuario mariano de Lourdes, pero “no porque pensara
que me iba a curar, sino simplemente por salir y ver los robles y tejos
que hay en la zona, ya que me gusta mucho los árboles y la
naturaleza”, declaró a la agencia AVAN. Ese fue el punto de partida
de su conversión. En el libro “¡Qué alegría!”, donde narra cómo
le ayudó María a volver a la fe, señala que “la peregrinación no
curó físicamente mi lesión en la zona lumbar, pero sí me reportó
una paz como nunca antes había sentido, lo que hace que día a día
pueda afrontar mis dolores con alegría y serenidad”. A sus 51 años,
Antonio promueve ahora el rezo del Rosario y acude diariamente a misa. Otro
español que ha dejado al mundo político boquiabiertos por sus
declaraciones, es el nuevo presidente del Consejo General del Poder
Judicial. Miembro desde hace muchos años de la Adoración Nocturna,
Carlos Dívar declaró a la revista Alba que ser adorador le ha enseñado
que “lo verdaderamente importante en la vida es Jesús en el Santísimo
Sacramento del altar”. Y también ha dejado claro: “No puedo dejar
de creer porque tenga un cargo público, mi vida es una unidad. Antes de
abandonar a Dios, abandonaría mi trabajo, sin hacer ningún ruido. Dios
está tanto en mi vida pública como en la privada y yo no puedo
renunciar a Él ni en una ni en otra. Jesús dijo: “Quien se avergüence
de mí yo me avergonzaré de él delante de mi Padre”. Las vidas de estos hombres y mujeres invitan a poner de manifiesto la fe en la vida pública, a estar orgullosos de ella. Son testigos valientes de esa bondad divina que les ha impulsado a la conversión (Cf. Rm 2,4) y que les da la fuerza para perseverar en ella. Cada uno, en un momento puntual de su existencia, ha sido sujeto de ese “hecho extraordinario” que no es sino el encuentro con Dios que les ha salido al paso y por eso se saben libres, en paz, seguros y con fuerzas. Ya lo decía el profeta Isaías “Por la conversión y calma seréis liberados, en el sosiego y seguridad estará vuestra fuerza” (Cf. Is 30, 15).■
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