FIESTA DE L A SAGRADA FAMILIA
LA
FAMlLIA DE NAZARET
— Jesús quiso comenzar la Redención del mundo enraizado en una familia.
- La misión de los padres. Ejemplo de María y de José.
— La
Sagrada Familia, ejemplo para todas las familias.
1.
Cuando cumplieron todas las cosas mandadas en la Ley del Señor regresaron a Galilea, a su ciudad
de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose lleno de sabiduría, y la
gracia de Dios estaba en él .
El
Mesías quiso comenzar su tarea redentora en el seno de una familia sencilla,
normal. Lo primero que santificó Jesús con su presencia fue un hogar. Nada
ocurre de extraordinario en estos años de Nazaret, donde Jesús pasa la mayor
parte de su vida.
José
era el cabeza de familia; como padre legal, él era quien sostenía a Jesús y a
María con su trabajo. Es él quien recibe el mensaje del nombre que ha de poner
al Niño: Le pondrás por nombre Jesús; y los que tienen como fin la
protección del Hijo: Levántate,
toma al Niño y huye a Egipto. Levántate, toma al Niño y vuelve a la patria. No
vayas a Belén, sino a Nazaret. De él aprendió Jesús su propio oficio, el medio de ganarse la
vida. Jesús le manifestaría muchas veces su admiración y su cariño.
De
Maria, Jesús aprendió formas de hablar, dichos populares llenos de sabiduría,
que más tarde empleará en su predicación. Vio cómo Ella guardaba un poco de
masa de un día para otro, para que se hiciera levadura; le echaba agua y la
mezclaba con la nueva masa, dejándola fermentar bien arropada con un paño
limpio. Cuando la Madre
remendaba la ropa, el Niño la observaba. Si un vestido tenia
una rasgadura buscaba Ella un pedazo de paño que se acomodase al remiendo.
Jesús, con la curiosidad propia de los niños, le preguntaba por qué no empleaba
una tela nueva; la Virgen
le explicaba que los retazos nuevos cuando se mojan tiran del paño anterior y
lo rasgan; por eso había que hacer el remiendo con un paño viejo... 1 os
vestidos mejores, los de fiesta, solían guardarse en un arca. Maria ponía gran
cuidado en meter también determinadas plantas olorosas para evitar que la
polilla los destrozara. Años más tarde, esos sucesos aparecerán en la
predicación de Jesús. No podemos olvidar esta enseñanza fundamental para
nuestra vida corriente: «la casi totalidad de los días que Nuestra Señora pasó
en la tierra transcurrieron de una manera muy parecida a las jornadas de otros
millones de mujeres, ocupadas en cuidar de su familia, en educar a sus hijos,
en sacar adelante las tareas del hogar. María santifica lo más menudo, lo que
muchos consideran erróneamente como intrascendente y sin valor: el trabajo de
cada día, los detalles de atención hacia las personas queridas, las
conversaciones y las visitas con motivo de parentesco o de amistad.
<<Bendita normalidad, que puede estar llena de tanto amor de Dios!>>2.
Entre
José y María había cariño santo, espíritu de servicio, comprensión y deseos de
hacerse la vida feliz mutuamente. Así es la familia de Jesús: sagrada, santa,
ejemplar, modelo de virtudes humanas, dispuesta a cumplir con exactitud la
voluntad de Dios. El hogar cristiano debe ser imitación del de Nazaret: un
lugar donde quepa Dios y pueda estar en el centro del amor que todos se tienen.
¿Es
así nuestro hogar? ¿Le dedicamos el tiempo y la atención que merece? ¿Es Jesús
el centro? ¿Nos desvivimos por los demás? Son preguntas que pueden ser
oportunas en nuestra oración de hoy, mientras contemplamos a Jesús, a María y a
José en la fiesta que les dedica la
Iglesia.
II.
En la familia, <<los padres deben ser para sus hijos los primeros
educadores de la fe, mediante la
Palabra y el ejemplo» 3. Esto se cumplió de manera singularísima en el caso de la Sagrada Familia.
Jesús
aprendió de sus padres el significado de las cosas que le rodeaban.
La Sagrada Familia recitaría con devoción las oraciones
tradicionales que se rezaban en todos los hogares israelitas, pero en aquella
casa todo lo que se refería a Dios particularmente tenía un sentido y un
contenido nuevo. ¡Con qué prontitud, fervor y recogimiento repetiría Jesús los
versículos de la
Sagrada Escritura que los niños hebreos tenían que aprender! 4. Recitaría muchas veces estas oraciones
aprendidas de labios de sus padres.
Al
meditar estas escenas, los padres han de considerar con frecuencia las palabras
del Papa Pablo VI recordadas por Juan Pablo II: «¿Enseñáis
a vuestros niños las oraciones del cristiano? ¿Preparáis, de acuerdo con los
sacerdotes, a vuestros hijos para los sacramentos de la primera edad:
confesión, comunión, confirmación? ¿l os acostumbráis,
si están enfermos, a pensar en Cristo que sufre? ¿A invocar la ayuda de la Virgen y de los santos?
¿Rezáis el Rosario en familia? (...) ¿Sabéis rezar con vuestros hijos, con toda
la comunidad doméstica, al menos alguna vez? Vuestro ejemplo en la rectitud del
pensamiento y de la acción, apoyado por alguna oración común, vale una lección
de vida, vale un acto de culto de mérito singular; lleváis de este modo la paz
al interior de los muros domésticos: Pax huic domui. Recordad: así
edificáis la Iglesia»
5.
Los
hogares cristianos, si imitan el que formó la Sagrada Familia de
Nazaret, serán «hogares luminosos y alegres» 6, porque cada miembro de la familia se esforzará en primer lugar en
su trato con el Señor, y con espíritu de sacrificio procurará una convivencia
cada día más amable.
La
familia es escuela de virtudes y el lugar ordinario donde hemos de encontrar a
Dios. «La fe y la esperanza se han de manifestar en el sosiego con que se
enfocan los problemas, pequeños o grandes, que en todos los hogares ocurren, en
la ilusión con que se persevera en el cumplimiento del propio deber. La caridad
lo llenará así todo, y llevará a compartir las alegrías y los posibles
sinsabores; a saber sonreír, olvidándose de las propias preocupaciones para
atender a los demás; a escuchar al otro cónyuge o a los hijos, mostrándoles que
de verdad se les quiere y comprende; a pasar por alto menudos roces sin
importancia que el egoísmo podría convertir en montañas; a poner un gran amor
en los pequeños servicios de que está compuesta la convivencia diaria. :
»Santificar
el hogar día a día, crear, con el cariño, un auténtico ambiente de familia: de
eso se trata. Para santificar cada jornada se han de ejercitar muchas virtudes
cristianas; las teologales en primer lugar y, luego, todas las otras: la
prudencia, la lealtad, la sinceridad, la humildad, el trabajo, la alegría.. .» 7.
Estas
virtudes fortalecerán la unidad que la Iglesia nos enseña a pedir: Tú, que al nacer
en una familia fortaleciste los vínculos familiares, haz que las familias vean
crecer la unidad 8.
III.
Una familia unida a Cristo es un miembro de su Cuerpo místico, y ha sido
llamada «iglesia doméstica» 9. Esa comunidad de fe y de amor se ha de
manifestar en cada circunstancia, como la Iglesia misma, como testimonio vivo de Cristo. «l a familia cristiana proclama en voz muy alta tanto las
presentes virtudes del reino, como la esperanza de la vida bienaventurada» 7°.
La fidelidad de los esposos a su vocación matrimonial les llevará incluso a
pedir la vocación de sus hijos para dedicarse con abnegación al servicio del
Señor.
En la Sagrada Familia
cada hogar cristiano tiene su ejemplo más acabado; en ella, la familia
cristiana puede descubrir lo que debe hacer y el modo de comportarse, para la
santificación y la plenitud humana de cada uno de sus miembros. «Nazaret es la
escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se
inicia el conocimiento de su Evangelio. Aquí aprendemos a observar, a escuchar,
a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sencilla,
humilde y encantadora manifestación del Hijo de Dios entre los hombres. Aquí se
aprende incluso, quizá de una manera casi insensible, a imitar esta vida»
1 a familia es la forma básica y más
sencilla de la sociedad. Es la principal «escuela de todas las virtudes
sociales». Es el semillero de la vida social, pues es en la familia donde se
ejercita la obediencia, la preocupación por los demás, el sentido de
responsabilidad, la comprensión y ayuda, la coordinación amorosa entre las
diversas maneras de ser. Esto se realiza especialmente en las familias
numerosas, siempre alabadas por la
Iglesia 12. De hecho, se ha comprobado que la salud de una
sociedad se mide por la salud de las familias. De aquí que los ataques directos
a la familia (como es el caso de la introducción del divorcio en la
legislación) sean ataques directos a la sociedad misma, cuyos resultados no se
hacen esperar.
«Que la Virgen María, Madre
de la Iglesia,
sea también Madre de la "Iglesia doméstica", y, gracias a su ayuda
materna, cada familia cristiana pueda llegar a ser verdaderamente una pequeña
Iglesia de Cristo. Sea ella, Esclava del Señor, ejemplo de acogida humilde y
generosa de la voluntad de Dios; sea ella, Madre Dolorosa a los pies de la Cruz, la que alivie los
sufrimientos y enjugue las lágrimas de cuantos sufren por las dificultades de
sus familias.
>>Que
Cristo Señor, Rey del universo, Rey de las familias, esté presente, como en
Caná, en cada hogar cristiano para dar luz, alegría, serenidad y fortaleza» 13.
De
modo muy especial le pedimos hoy a la Sagrada Familia
por cada uno de los miembros de nuestra familia, por el más necesitado.
1 Lc 2, 39-40 _ 2 J ESCRIVA DE BALAGUER , Es
Cristo que pasa, 148. —3 CONC. VAT. II, Const. Lumen gentium, 11.—4 Cfr. Sa/ 55, 18; Dan 6, ll; Sal 119. —
5 JUAN PABLO II, Exhort. Apost. Familiaris consortio, 6(). _ 6 Cfr. J.
ESSCRtVA DE BALAGUER, Es Cristo
que pasa, 22. — 7 Ibidem,
23. -8 Preces. Visperas del día I de enero.—9
CONt VAT II, Const.Lurmen gentium, 11.—I° Ibídem, 35.—11 PABLO VI, Aloc. Nazaret, 5-1-1964. _ 12 Cfr. CONC. VAT.II,
Const. Gaudiun et spes, 52. — 13 JUAN PABLO II, Exhort. Apost. Familiaris
consortio, 86.