Mi
hijo es el mejor del mundo
José Ignacio Martín Pierre
Chaunu, gran historiador y profesor de la Universidad de la Sorbona de
París, dijo en cierta ocasión una de esas frases que deben ponerse en
la entrada de todas las casas de cada familia; lo decía tras la muerte
de uno de sus seis hijos: «Todos los hijos que Dios da son únicos». Algo
así ha entendido Delfi Martignone, alumna de quinto grado del colegio Oakhill
de Pilar, (Argentina). Escribió este texto que me parece de una belleza
tan clara, como los ojos de un niño: «El
otro día estaba en el auto del que hace mi pool escuchando la radio.
Escuché al locutor que decía que en un colegio habían eliminado el
cuadro de honor porque estaba mal poner al que le iba bien frente al que
no le iba bien. Al
llegar al colegio (al mío) me encontré con mi directora y le conté lo
que había escuchado. Le pregunté qué le parecía y ella me respondió:
-
¿Y si el locutor te preguntara, vos qué le dirías? -
Yo le diría que el cuadro de honor premia a alguien que se destacó en
una virtud y que se notó su esfuerzo y que todos podemos destacarnos en
algo y que por eso todos podemos salir en el cuadro de honor si nos
esforzamos». Relean
por favor el último párrafo, que no tiene desperdicio alguno. He
dejado la candidez de la prosa infantil, pues demuestra toda su pura e
ingenua sabiduría. Delfi
demostró que ha entendido a la perfección el lema de su colegio: Semper
altius! La mayoría lo traducen como “¡siempre más alto!”,
pero, en realidad, lo correcto sería “¡siempre lo más alto!”. Perdón…
no pretendo dar una clase de español, ni mucho menos de latín, pero sí
quisiera resaltar lo siguiente: ¡qué bueno que alumnos como Delfi
pueden estar en el cuadro de honor de su colegio! ¿Por qué? Porque,
como bien dice nuestra querida estudiante, el cuadro de honor busca
premiar lo mejor, no comparar a nadie. Premia lo más destacado, al
mejor, no a uno que se destacó más que otro. El
cuadro de honor resalta al que luchó por llegar siempre a lo más alto,
no al que subió más alto que otro. Eso sí sería injusto, pues dejaría
descolgados a muchos. Altius, es decir, lo más alto, es un
adjetivo en grado superlativo, no comparativo. El cuadro de honor debe
intentar ser un cuadro superlativo, no comparativo. ¿Conclusión?
Los hijos siempre pueden estar en lo más alto, siempre pueden ser los
mejores. ¿Por qué eliminar esta posibilidad de triunfar, de llegar el
primero, frenándose ante el desafío de estar ahí, en el mejor lugar? A
fin de cuentas, es importante amar a los hijos porque son los mejores,
no porque sean mejores que otros. Este es el mejor cuadro de honor y qué
bueno que todos podemos estar en él si nos esforzamos. Información sobre colegios: http://www.semperaltius.edu.mx/
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