NATIVIDAD DEL SEÑOR

misa del día

 

Monición de Entrada:

La palabra se hizo carne.- Isaías anuncia a la ciudad en ruinas la presencia del rey victoriosa (1ªLec).Jesús es la Palabra que habitó entre nosotros para que los hombres pudieran habitar con Dios.Recibir a Jesús es recibir la Palabra, luz que ilumina (Ev).El rostro de Jesús es reflejo eterno de la divinidad (2ª Lect).

 

Canto de entrada: Ha nacido el Salvador

Entonan los aires con voz celestial

Dios niño ha nacido pobre en un portal.

(Cantoral litúrgico Nacional: nº 68)

 

LITURGIA DE LA PALABRA:

Primera Lectura: "Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios" Is 52,7-10

El mensajero de la salvación.- La noticia de la salvación provoca un canto de alegría en Jerusalén, ciudad en ruinas. Después del mensajero llega el rey victorioso que es el mismo Dios.

Salmo Responsorial:,Sal 97,1.2-3ab.3cd14.5-6

R/ "Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios"

Segunda Lectura: "Dios nos ha hablado por el Hijo" Heb 1,1-6

El niño de Belén es Dios-con-nosotros.- Cristo es la Palabra de Dios, eterna y definitiva. Es nuestra salvación. El Niño que nace es el rey del universo. Él sostiene el universo con su palabra y vive entre nosotros con inefable sencillez.

Evangelio: "La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros" Jn 1,1-18

Una venida que desconcierta,- En su propio pueblo no hay lugar para Él, para el Mesías. El Evangelio es una buena noticia para aquellos que acogen la luz, pero es un juicio para los que no la aceptan.

LITURGIA EUCARISTICA

Canto de Comunión: "Palabra que fue luz"

Palabra que es el "Sí" definitivo:

"Amén" y conclusión de nuestra fe,

el día en que veremos al Dios vivo, viviendo siempre en El.

(Cantoral Litúrgico Nacional: nº 18)

 

Reflexión:

"Dios está con nosotros", es la gran noticia de la Navidad. Dios ha querido hacerse hombre, para que la humanidad se divinizara. Para que nuestra alegría navideña no sea engañosa necesitamos acercarnos al misterio con un corazón humilde y creyente.

El que escucha y acoge la Palabra imita a Maria, la Virgen Madre. El que reconoce a Jesús como el Mesías se convierte en Navidad

No es suficiente celebrar la Navidad, es necesario vivirla con espíritu cristiano. Requiere ser dócil y dejarse guiar por su Luz.

Gustemos el gozo de la paz anunciada por los ángeles y seamos mensajeros de paz. No podemos cantar: "Gloria a Dios en el Cielo y paz a los hombres" si no estamos cerca de los que carecen de paz.

 

NATIVIDAD  DEL SEÑOR    

Sembradores de paz y de alegría"¡Qué hermosos sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la bue na nueva..." (Is 52,7)

El pasaje de Isaías es, sin duda, uno de los más exultantes que se han escrito. Al mismo tiempo tienen sus palabras un sabor de tiempos antiguos y de paisajes bíblicos, se enmarcan perfectamente en aquellos escenarios de colinas y de montañas, en aquel ambiente de guerras interminables y crueles... La paz era tan deseada que la gente, cuando llega su anuncio por boca de los mensajeros, se llena de alegría y canta gozosa a los que la hicieron posible.

San Pablo volverá a citar ese texto en su epístola a los Romanos, cuando habla de la importancia y necesidad de la predicación del Evangelio, de la difusión de la Buena Nueva... El Beato Josemaría Escrivá tenía una gran devoción por esas palabras, y se las repetía emocionado a sus hijos de los primeros tiempos, para que comprendieran y amaran su vocación de ser mensajeros, por todos los caminos de la Tierra, de la doctrina de Cristo, siendo siempre y en todo lugar sembradores de paz y de alegría.

El que a vosotros escucha..."En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios..." (Hb 1,1)

Es cierto, a lo largo de toda la Historia Dios no ha dejado de hablar a los hombres. Y es lógico que así haya sido si tenemos en cuenta que Dios es nuestro Padre y nos ama. Cuando una persona ama a otra le gusta comunicarse con ella, le transmite sus deseos y le descubre sus sentimientos, le expresa sus temores y sus esperanzas, le manifiesta sus quejas y sus satisfacciones... Dios nos sigue hablando, de otra manera quizás, pero nos sigue amando y, por consiguiente, sigue comunicándose con nosotros.

En los tiempos remotos eran los profetas los voceros del Señor quienes hablaban a los hombres de parte de Dios. Luego vino el Hijo de Dios y se hizo hombre. Así pudo el Señor hablar con nuestras mismas palabras, usar nuestro lenguaje, comunicarse directamente con los que convivieron con El... Luego El se marchó pero dejó a sus apóstoles para que trasmitieran sus palabras, de tal modo que quienes les escuchan, es al mismo Jesús a quienes escuchan, según aseguró el Señor en más de una ocasión.

El Prólogo de San Juan"Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros..." (Jn 1,14)

El Logos dice el texto original griego, que parece traducir el término hebreo Menrah y que la versión latina traduce por Verbum. En castellano siempre se dijo el Verbo. Ahora se traduce por Palabra en un afán de hacer más comprensible ese concepto joánico que intenta dar un nombre al Inefable, que precisamente por serlo escapa a nuestras posibilidades de comprensión y por tanto de nominación. De todas maneras el misterio sigue envolviendo a este Dios que nos nace en Belén como un niño...

El se hizo carne en el seno virginal de Santa maría. Sí, carne, sarx en griego, bashar en hebreo. Un niño de carne, como cualquier otro niño, pequeño y torpe, inerme y blando, casi ciego, el pelo raído y escaso, desvalido y hambriento... Un niño en brazos de su madre, buscando el pecho como lo pintara el Divino Morales, con toda la ternura y el cariño que su presencia implica. No es de extrañar que los santos se emocionaran al verlo y que los poetas le dedicaran sus mejores versos...