Mission
Hope: sufriendo con sentido, viviendo con esperanza
Jorge
Enrique Mújica
“Yo
soy muy cobarde para el sufrimiento y desde niña, cada vez que me ponían
una inyección o me sacaban sangre, me desmayaba invariablemente. Cuando
supe que el tratamiento para la enfermedad eran inyecciones y no sólo
iba a inyectarme cada día, sino que tendría que hacerlo yo misma, pensé
que si no lo hacía por alguien, con una intencionalidad apostólica, mi
vida sería cada día más difícil”. Pero lo que parecía un obstáculo
se convirtió en una oportunidad magnífica para dar sentido al
sufrimiento. Marcela
fue ofreciendo cada una de sus inyecciones por personas que necesitaban
de sus oraciones al grado que, paulatinamente, comenzaron a lloverle
peticiones de quienes sabían de lo que Marcela hacía. “Nunca me faltó
una petición “urgente” que me recordara que mi sacrificio tenía
mucho valor a los ojos de Dios, y si lo unía al de Cristo, Él lo
bendecía infinitamente […] Dios me permitió ver muchas veces frutos
inmediatos de mi oración y me hizo palpar que verdaderamente mi
sufrimiento está vinculado misteriosamente a la salvación de muchas
almas”, afirma Marcela. Cada
vez fueron más abundantes las peticiones que Marcela recibía así que
decidió “hacer su “costal”, una “bolsa” donde echaba los
nombres e intenciones de las personas por las que ofrecería sus
sacrificios. Y después de 7 años, con las altas y bajas propias de su
enfermedad, ha sido precisamente su amor a las almas lo que la ha
animado a seguir adelante: “…el pensar en el cielo y saber que mi
costal me necesita me ha dado la fuerza para seguir adelante con alegría”.
“Desde el primer día, Dios me dio la gracia de saber que esta
enfermedad era un regalo y una oportunidad para santificarme y vivir de
cara al cielo. Me atrevo a decir que, después de mi vocación a la vida
consagrada, esta enfermedad ha sido el mayor regalo que Dios me ha
dado”, agrega Marcela. Pero
no todo ha quedado en un edificante testimonio de vida. Marcela entendió
que este regalo de comprender la enfermedad como un don para los demás,
este vivir con esperanza, no era sólo para ella. Así nació Mission
Hope, una organización internacional de católicos que ofrecen su
sufrimiento y enfermedad para la salvación de las almas. Al momento hay
más de 300 personas y cualquier católico puede asociarse a través de
www.mission-hope.com,
donde es posible descargar el kit y conocer las bases. Mission Hope es una oportunidad para redimensionar el dolor y el sufrimiento como misión de vida y forma de apostolado. O como dice uno de los testimonios que se pueden leer en el portal: “Para mí, Mission Hope es un apostolado para aprender a “dar” valor al sufrimiento, moral o físico; no hay que hacer nada “extra” sino tomar conciencia del poder de nuestro ofrecimiento unido al de Cristo”. Palabras semejantes a las de misma Marcela de María quien afirma que “Este estilo de vida no cambia la realidad, no cura a los que están enfermos ni devuelve a los seres queridos a quienes los han perdido, pero da un sentido cristiano al propio sufrimiento, el sentido que realmente tiene, y recuerda que la vida definitiva no es ésta, sino la eterna, y vale la pena invertirlo todo para alcanzarla y ayudar a que muchos otros la alcancen”.
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