Narnia,
una interpretación para padres de familia (7 de 7)
Francisco
Sunderland
Conclusión:
La Virgen María Un
niño me preguntó en qué parte de la película esta simbolizada María,
la Virgen. Por algún tiempo no supe contestarle, no estoy seguro si C.
S. Lewis veía a María como los católicos la vemos o más bien la veía
como muchos protestantes la ven. Sin embargo ahora creo que la Virgen sí
está el “El León, la Bruja y el Ropero”. Podría estar
representada en la madre de los niños, madre de las virtudes. Es
curioso cómo al inicio de la película, en la escena de la estación
del tren e incluso antes, durante el bombardeo, parece como si Edmund
rechazara a su madre o la desobedeciera. Edmund va por el retrato de su
padre sin importarle lo que diga su madre. Esto hizo reflexionar a los
niños del Club en la actitud de muchísimos cristianos hacia María y
hacia la Iglesia católica. Piensan que tanto una como la otra son un
estorbo en su caminar hacia el padre (hacia la foto del padre). Sin
embargo la contemplación de esta película nos muestra algo distinto:
es la madre quien, enviando a sus hijos a la casa del campo, a un lugar
de seguridad en medio de la guerra, propicia el encuentro de estos con
Aslan (además de su futuro encuentro con su padre). En
la historia del cristianismo se ha comparado muchas veces a la Virgen
María con Eva. Un autor dice que así como Eva trajo el mal al mundo
por su desobediencia, María trajo el bien por su obediencia. En la película,
los niños son llamados hijos de Eva. Quisiéramos pensar que al final
de la aventura los niños fueran llamados hijos de la Nueva Eva, María.
Tal vez esto se vería más realizado en Edmund: al principio fue
desobediente, Jadis lo llamó hijo de Eva y ayudó a provocar un gran
mal; al final fue obediente, Aslan lo llamó “el justo” y ayudó a
traer un gran bien. Al final de la película, un ciervo llevó a los Pevensies de regreso a su mundo y a su madre. Sin embargo también los llevó de regreso al faro donde Lucy encontró al fauno. El faro que es la luz de Dios que nunca deja de brillar. Como es el faro así es también María: nunca deja de brillar
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