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Necesidad de la oración
Vuestro Dios está siempre cerca de vosotros, y aun de=
ntro
de vosotros: en él tenemos vida, movimiento y ser (Hech 17, <=
i>28).
Aquí no le sale al paso un portero a quien desee hablarle; a Dio=
s le
gusta que tratéis familiarmente con él. Tratad con él
vuestros asuntos, vuestros proyectos, vuestros trabajos, vuestros temores y
todo lo que os interese. Hacedlo sobre todo con confianza y el corazó=
;n
abierto, porque Dios no acostumbra a hablar al alma que no le habla; si
ésta no se acostumbra a conversar con él, comprenderá =
muy
poco su lenguaje cuando le hable (SAN ALFONSO M ª DE LIGORIO, C&oac=
ute;mo
conversar continua y familiarmente con Dios, 1. c., volt I, pp. 316-317=
).
¿Quién de nosotros podrá oír, sin
llorar de compasión, a esos pobres cristianos que se atrever a
deciros que no tienen tiempo para orar? ¡Pobres ciegos!
¿Qué obra es más preciosa, la de trabajar por agradar a
Dios y salvar el alma, o la de dar de comer al ganado de las cuadras, o bien
llamar a los hijos o sirvientes para enviarlos a remover la tierra o el
estercolero? ¡ Dios mío, cuán
ciego es el hombre!... ¡No tenéis tiempo!, mas, decidme, ingra=
tos,
si Dios os hubiese enviado la muerte esta noche, ¿habríais
trabajado? Si Dios os hubiese enviado tres o cuatro meses de enfermedad,
¿habríais trabajado? (SANTO CURA DE ARS, Sermón sob=
re
la oración).
El sendero, que conduce a la santidad, es sendero de
oración; y la oración debe prender poco a poco en el alma, co=
mo
la pequeña semilla que se convertirá más tarde en
árbol frondoso (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, =
i>295).
De lo que yo tengo experiencia puedo decir, y es que por mal=
es
que haga quien la ha comenzado (la oración) no le deje; pues es el m=
edio
por donde puede tornarse a remediar, y sin ella será muy más
dificultoso (SANTA TERESA, Vida, 8, 2).
Todos los males que nos agobian en la tierra vienen precisam=
ente
de que no oramos o lo hacemos mal (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobr=
e la
oración).
Es, pues, por la oración por la que todos los santos =
no
sólo se han salvado, sino que han llegado a ser santos. Los condenad=
os
se han condenado por no haber orado; si hubieran orado no se hubieran conde=
nado
(SAN ALFONSO Mª DE LIGORIO, Del gran medio de la oració=
;n).
La oración es el medio necesario y seguro para conseg=
uir
la salvación y para obtener todas las gracias necesarias para
conseguirla (SAN ALFONSO M a DE LIGORIO, Del gran medio de la
oración).
Todo hombre está obligado a orar por el hecho de que
está obligado a procurarse los bienes espirituales, que no le pueden
venir sino de Dios y no pueden serle dados sin que él los pida (SANTO
ToMAS, Coment. Libre I V Sentencias d. 15q.4a. 1 ad3).
Sin este cimiento fuerte (de la oración) todo edifici=
o va
falso (SANTA TERESA, Camino de perfecci&oacut=
e;n, 4,
5).
Si la oración no mantiene este edificio y sostiene to=
das
sus partes conjugándolas entre si, no podrá ser firme y
sólido, ni subsistir por mucho tiempo (CASIANO, Colaciones, 9).=
i>
Aquel que ora, ciertamente se salva, y quien no ora, ciertam=
ente
se condena (SAN ALFONSO Mª DE LIGORIO, Visitas al Stmo. Sacramento)=
.
Vuestro corazón es pequeño, pero la oraci&oacu=
te;n
lo agranda y lo hace capaz de amar a Dios. La oración es una
degustación anticipada del cielo, es un rebose del paraíso
Jamás nos deja sin alguna dulzura. Es una miel que desciende sobre el
alma y lo endulza todo. Las penas se deshacen ante una oración bien
hecha, como la nieve ante el sol (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre=
la
oración).
Siempre que sentimos en nuestro corazón deseos de
mejorar, de responder más generosamente al Señor, y buscamos =
una
guía, un norte claro para nuestra existencia cristiana, el
Espíritu Santo trae a nuestra memoria las palabras del Evangelio: conviene
orar perseverantemente y no desfallecer (Lc 18, 1). La oración e=
s el
fundamento de toda la labor sobrenatural; con la oración somos
omnipotentes y, si prescindiésemos de este recurso, no
lograríamos nada (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, =
238).