¿Nos hemos olvidado de la santidad?:

Me he dado cuenta que para muchas personas, la santidad es cosa del pasado porque piensan que en nuestro tiempo ya no se dan hombres y mujeres como Karol Wojtyla o Teresa de Calcuta cuando, en realidad, aún existen santos anónimos que andan en medio de nosotros. Seguir a Cristo, no puede ir separado de la idea de conquistar la santidad ya que, de ser así, la fe cristiana no tendría ningún sentido.

Más allá de la postmodernidad en la que nos encontramos, surge una llamada de atención por parte de Dios, quien nos invita a tomarnos enserio el asunto de la santidad. De nada sirve tener una gran cantidad de diplomados en teología, si no somos capaces de comprender que la esencia del mensaje de Jesús es el amor vivo y palpitante por los demás.

Quien ingresa a la Iglesia Católica y la mira simplemente como un conjunto de instituciones, cae en el error de separarla de su naturaleza divina y capacidad profética. Es cierto que la Iglesia no es santa por sí misma, sin embargo, esto no quiere decir que Cristo haya dejado de confiarle la continuación de su obra en medio del mundo.

La santidad es un desafío pero, al mismo tiempo, la única vía para desarrollar la nueva evangelización. Es tiempo de creerle a Jesús, ya que sólo Él es capaz de generar los frutos de santidad que la Iglesia necesita, de hecho, la única carta que nos queda por jugar, es la de apostarlo todo por la causa del amor para que el Evangelio pueda ser creíble.

Hay tres aspectos que no puedan faltar en nuestra vida como miembros de la Iglesia Católica ya que, sin ellos, estaríamos alejándonos del ideal que representa la santidad:

1.       Amar a Dios y confiar en Él.

2.      Dejar a un lado nuestras ansias de poder y poseer.

3.      Acompañar a los demás con una actitud sincera y amistosa.

La santidad se construye día a día y codo a codo con Jesús, porque solo Él puede transformarnos verdaderamente. Tenemos que aprender a trabajar en equipo con Dios, para que sea Él quien nos vaya moldeando hasta reproducir en nosotros la imagen de su Hijo Amado.

Carlos Díaz, laico de la Familia de la Cruz