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“¡Qué
dicha tener la Cruz! Quien posee la Cruz posee un tesoro!
1.-
La cruz que llevamos colgada del cuello no es un adorno ni una
joya. Es el precioso símbolo de nuestra fe, el signo visible y
material de la vinculación a Cristo.

2.- La cruz es la fuerza de Dios, la sabiduría de Dios. Esta
sabiduría, misteriosa y escondida (cf. 1 Co 2,7), nos ha
sido revelada por el Espíritu, porque “a nivel humano uno no
capta lo que es propio del Espíritu de Dios, le parece una
locura; no es capaz de percibirlo porque sólo se puede juzgar
con el criterio del Espíritu” (1 Co 2,14).
3.-
Para los cristianos, la Cruz simboliza la sabiduría de Dios y
su amor infinito revelado en el don redentor de Cristo muerto y
resucitado para la vida del mundo, en particular, para la vida
de cada uno.
4.-
La Cruz no es sólo el signo de nuestra vida en Dios y de
nuestra salvación, sino también el testigo mudo de los
padecimientos de los hombres y, al mismo tiempo, la expresión
única y preciosa de todas sus esperanzas.
5.-
Sé que venerar la Cruz a veces también lleva consigo el
escarnio e incluso la persecución. La Cruz pone en peligro en
cierta medida la seguridad humana, pero manifiesta, también y
sobre todo, la gracia de Dios y confirma la salvación.
6.-
Os confío la Cruz de Cristo. El Espíritu Santo os hará
comprender su misterio de amor y podréis exclamar con San
Pablo: “Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de
nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado
para mí, y yo para el mundo” (Gál 6,14).
7.-
Pablo había entendido la palabra de Jesús –aparentemente
paradójica- según la cual sólo entregando (“perdiendo”)
la propia vida se puede encontrarla (cf. Mc 8,35; Jn 12,24)
y de ello había sacado la conclusión de que la Cruz manifiesta
la ley fundamental del amor, la fórmula perfecta de la vida
verdadera.
8.-
La señal de la Cruz es de alguna forma el compendio de nuestra
fe, porque nos dice cuánto nos ha amado Dios; nos dice que, en
el mundo, hay un amor más fuerte que la muerte, más fuerte que
nuestras debilidades y pecados. El poder del amor es más fuerte
que el mal que nos amenaza.
9.-
Este misterio de la universalidad del amor de Dios por los
hombres, es el que María reveló aquí, en Lourdes. Ella invita
a todos los hombres de buena voluntad, a todos los que sufren en
su corazón o en su cuerpo, a levantar los ojos hacia la Cruz de
Jesús para encontrar en ella la fuente de la vida, la fuente de
la salvación.
10.-
El mensaje de María, al pie de la Cruz, es un mensaje de
esperanza para todos los hombres y para todas las mujeres de
nuestro tiempo, sean del país que sean. María, la Virgen de la
Cruz y de los crucificados, es la Estrella de la esperanza.
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