Objeciones contra el celibato sacerdotalEl celibato sacerdotal para el rito latino de la Iglesia Católica es una de las disciplinas más comúnmente cuestionadas hoy día, e inclusive se pueden encontrar católicos abogando por que los sacerdotes se casen. He querido hoy hacer un resumen del tema para disipar las dudas que pueden haber del mismo. Punto 1 – El celibato no es una doctrina, es una disciplina. Hay que comenzar por aquí, ya que el común popular suele confundir entre aquello que es disciplina eclesiástica con aquello que es netamente dogmático y doctrinal. Es importante entender esto, porque los dogmas de fe no cambian (aunque pueda crecer el entendimiento y comprensión del mismo a través de la historia), mientras que aquello que es disciplina eclesiástica puede cambiar de acuerdo al contexto histórico de la situación y al juicio de la Iglesia. Esto quiere decir que el celibato sacerdotal si pudiera llegar a ser opcional en un futuro para los sacerdotes del rito latino, al igual que lo fue en tiempos pasados. Punto 2 – Razones del celibato. El sacerdote era muy valorado por Cristo y los apóstoles como la máxima expresión de desprendimiento de quien quiere dedicarse de lleno al servicio del Señor. Un episodio interesante donde salió a colación el tema del celibato curiosamente ocurrió cuando Jesús hablaba del matrimonio.
Habla aquí Jesús habla de aquellos que “nacieron eunucos del
seno materno” y de aquellos que “se hacen a sí mismos eunucos”.
Diferencia así aquel que por condición propia de nacimiento está
incapacitado para el matrimonio, y aquel que no estándolo opta por
amor al reino de los cielos a “hacerse eunuco” o “célibe”. San Pablo también da la misma recomendación: Optar por el celibato para servir a Dios “sin división”. Quien no pueda contenerse que se case, pero quien no se casa obra mejor. A este respecto recomiendo leer todo el capítulo 7 de la primera carta a los Corintios. Algunos extractos importantes:
El texto más claro y donde da la razón por la cual el celibato es la mejor opción sin duda es este:
Es lógico que tomando en cuenta estos consejos la Iglesia Católica
haya optado para el sacerdocio del rito latino el celibato como una
disciplina. Gracias a esto el sacerdote puede estar libre y dedicado
100% a la obra de Dios, y no dividirse en atender las cosas de su
esposa e hijos.
Este argumento es bastante flojo. Una simple lectura del mismo permite darse cuenta de que no está diciendo que el obispo DEBE estar casado, sino que si va a estarlo, debe estarlo 1 SOLA VEZ (y no más de una). Hoy día quizá eso nos parezca evidente, dado que todo (o casi todo) el que está casado hoy, tiene una sola esposa, pero en una época donde a la Iglesia cristiana tenía recién convertidos del paganismo y del judaísmo, podían encontrarse algunos que hubieran sido polígamos y otros divorciados y vueltos a casar, por lo que es normal que se pongan este tipo de limitaciones. Esta aclaración incluso sería innecesaria analizando la Escritura en su totalidad. Absurdo sería a Pablo verlo hablando sobre que “el que no se casa, obra mejor”, “bien les está quedarse como yo”, etc. etc. cuando por otro lado dice que hay que casarse. Y es que el mismo y otros apóstoles, sin mencionar al mismo Jesús eran célibes. 3.2. El sacerdote debe ser casado para dar el ejemplo. Un argumento que es utilizado a menudo por pastores protestantes, pero que si bien suena bonito, carece completamente de sustento escriturístico. Dado que afirman regirse por la Sola Scriptura, el argumento es una absoluta contradicción a lo que suelen pregonar. Como vimos anteriormente, ni Pablo ni Jesús mencionaron que había que casarse para dar el ejemplo, de hecho, de ser así ellos concientes de ser ejemplo y modelo para el cristiano mismos lo hubieran hecho y no lo hicieron. Pablo mismo manda a ser “imitadores suyos” (Efesios 5,1) y no solo Jesús y él fueron célibes, sino otros apóstoles y profetas como Juan el evangelista, Juan Bautista, etc. (en el antiguo testamento vemos que Moisés incluso llegó a despedir a su esposa para dedicarse de lleno a su misión). 3.3. El sacerdote célibe es más propenso a cometer inmoralidades (pedofilia, homosexualidad). Un trillado mito sobre el celibato sobre el cual se ha escrito mucho. Basta decir que no hay tiempo de abstinencia por más prolongado que sea que venga a hacer que una persona normal comience a desear infantes o a personas del mismo sexo. Quienes cometen este tipo de abusos, tienen desviaciones de otra índole, que no dependen de si está casado o no y tampoco se van a solventar si se casa o no. De hecho, los mismos casos ocurren entre pastores protestantes que no son célibes. Un sonado caso lo vimos con el pastor protestante Ted Haggard (presidente de la asociación nacional de evangélicos de Estados Unidos), quien a pesar de estar casado mantenía relaciones homosexuales con un prostituto gay, y como este muchos otros casos. 3.4. El celibato es una doctrina de demonios de la que habla la Biblia.
Este es otro argumento bastante flojo porque omite la diferencia entre el celibato (un voto de castidad voluntario que toman aquellos que quieren ser sacerdotes del rito latino, pero que bien pueden declinar) a la afirmación del matrimonio en sí como un acto ilícito y pecaminoso, del cual habla Pablo. Y es que habrían herejías surgidas del gnosticismo que llegarían al extremo de prohibir el matrimonio considerándolo intrínsecamente pecaminoso. Pero quienes utilizan este argumento terminan adoptando una interpretación contradictoria e inconexa al mismo pensamiento de Pablo. De hecho en la misma carta Pablo habla de una orden de viudas que hacían votos de castidad:
Leyendo detenidamente el texto anterior se puede concluir: 1) Existía en aquel tiempo una orden de viudas que hacían voto de
castidad y celibato (Pablo hace referencia a el como el “catálogo
de las viudas” Ahora ¿Predicaba Pablo doctrinas de demonios o diferenciaba entre la prohibición del matrimonio del voto voluntario del celibato como compromiso ante Dios?. Esta es una pregunta que ningún protestante fundamentalista ha tenido la capacidad de responder de forma coherente hasta ahora.
Escrito por José Miguel Arráiz |
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